Mostrando entradas con la etiqueta Batiburrillo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Batiburrillo. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de diciembre de 2024

De prosa buena, dramones trágicos y eufemismos inquietantes

El mercado editorial me sigue dando asco grima pena reparo.

Dicho esto, este año ha sido uno excelente en lo que a lecturas se refiere.

The King of Elfland's Daughter, de Lord Dunsany

Me gusta el final.

Me gusta mucho el final.

Siempre me ha repateado que los protagonistas se apoltronen después de la aventura. Sobre todo si es una historia tipo "tengo una vida normal en el cole/la oficina y descubro un mundo alternativo superguay". Y viven una aventuraca de la leche, pero luego vuelvan a su mundo y todo sigue igual. Lo de Bastián lo tengo todavía clavado en el hígado. Qué crueldad. Que vuelven cambiados y la aventura los ha hecho más sabios y todo lo que tú quieras, pero me ha parecido siempre algo horrible.

Esta historia, que es una jarra detrás de otra de poesía, le da en los hocicos a ese tropo. Qué final. Qué viaje. Qué prosa. Qué congoja, qué maravilla, qué emoción en cada página. Qué gloria que la magia triunfe, que no sea una historia elegíaca como promete, sino un génesis, y no lo sepas hasta la última página.

Y me gusta la prosa.

Me gusta mucho la prosa.

Y qué prosa. Con todo lo que me falla la prosa en la mayoría de lecturas, esta prosa sí. Dadme más prosa buena. La mejor lectura del año de lejos.

The Navigator's Children, de Tad Williams

Tengo un vínculo emocional muy intenso con esta saga y el final me rompió bastante. No lo cambiaría, pero me ha dolido igual. Los niveles de épica y la magia a carretillas no decepcionan, sin perderse el misterio en el proceso, con el sentido de la maravilla como estandarte. Es un cierrre a la altura del resto de la saga.

Homenajea, en muchos aspectos, a Tolkien: los árboles, el barco que parte a otro mundo, la pérdida. Y además la prosa es buena, y es una omniscencia que elige muy bien qué te cuenta y cómo, y te deja el corazón encogido. La gente es gente y se comporta como gente; las razas "mágicas" son gente de otra manera y tienen sus propias fortalezas y carencias. Ninguna solución es fácil y el final abierto es tan real y plausible que duele.

Esto es fantasía épica bien hecha. Voy a incidir en lo de "épica", porque últimamente no encuentro épica contemporánea. Todo el mundo o está muerto o lleva treinta años escribiendo o prioriza sacar tripas/contarte su mandanga política. La eucatástrofe que tanto echaba de menos está en este final y está bien hecha. 

Dracula, de Bram Stoker

Esto me lo leí hace mil años en una copia cochambrosa que me compré por un euro en el tenderete de libros de segunda mano de la feria de mi pueblo. Esta lectura ha sido en inglés y es un poco como leerla en HD. La prosa es lo que tiene que ser, cambia la voz narrativa de las notas de Harker al diario de Mina y toda la historia contada en plan trabajo de investigación con la documentación por delante es una gozada de estructura. Da gusto leer cosas de gente íntegra luchando contra el mal. Y me ha reafirmado en la convicción de que los directores de cine (ejem, Coppola; hola, Peter Jackson) lo que quieren es montar su fanfic cuando adaptan libros.

Hojas de dedalera, de Victoria Álvarez

Una médium y un fantasma que va de sobrado se enfrentan a cosas chungas en el Londres victoriano mientras meriendan en el Fortnum. Otro clásico de pasado que viene a morderte el culo más secretos familiares más mansiones con fantasmas igual a pasárselo pipa. ¡Sacrificio! ¡Amor imperecedero! Me lo pasé como una enana. Las telenovelas victorianas bien hechas, los dramones como está mandado, además bien escritos, son solaz. Otra prosa que da gusto. Así, sí.

El eco del destino, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual

Esto también es una historia de amor tirando al rollo tragedia griega. Se regodea con inquina en las relaciones entre los personajes, cosa que disfruté bastante. Pasar no es que pase mucho y está bastante claro cómo se va a torcer el asunto, pero da igual porque aquí hemos venido a ver sentimientos trágicos sublimes y existencias abocadas al desastre. Soy muy fan de las historias que basan el conflicto en "que le den por saco al bien mayor" y exploran las consecuencias. Aquí lo exploran además de forma personal, le dan mucho por saco al tema sociológico y se va descubriendo el mundo de forma orgánica, cosa que agradezco bastante. Esto también es una saga y esta sí la seguiré, a ver cuánto más se tuerce. Este es el tipo de telenovela que he venido a ver.

Mexican Gothic, de Silvia Moreno-Garcia

Secretos familiares, casonas victorianas y el pasado que viene a morderte el culo: lo tiene todo. Me recordó bastante a los relatos de Lovecraft en los que al final se descubre que alguien ha estado haciendo pactos con los profundos y tu primo es medio rana. La protagonista lo tenía todo para que dieran ganas de matarla al segundo capítulo pero luego está a la altura de las circunstancias. Me entretuvo bastante.

Corre, Renina, corre, de Celia Añó

Me lo pillé porque prometía estructura rara y no saber qué leches está pasando hasta que todo encaja al final. Un poco como Harrow, vaya. Y no me decepcionó. A mí el terror un poco plin pero esto era más pura necesidad de saber cómo encajaban las piezas y cómo interpretar los nombres de los capítulos. Además, la voz narrativa acompaña. Disfruté mucho todo el tema de la monstruosidad y las diferentes perspectivas respecto a ella. 

A Court of Thorns and Roses/ A Court of Mist and Fury, de Sarah J. Maas

A ver: si lo he entendido bien, lo de "romantasy" significa "historia de amor con fantasía de fondo". OK. Todo el tema misterio y magia del primer libro, ese "de qué va esta gente", ese pasado que viene a morder el culo, el amor que luego resulta que es otra cosa cuando nos asomamos al segundo, muy bien. La prosa me deja bastante fría pero bueno. La primera persona cuando el personaje que narra es analfabeto tampoco es que dé para más. Los patrás y palante del "me molas o no" se extendían un poco demasiado para mi gusto, pero es que no soy público objetivo de romántica, me temo. Es a lo que hemos venido, a ver cómo crece y se extingue el amor, y la exploración de qué es está bastante bien llevada, aunque falta gente repartiendo sentido común y el sesgo de "todo el mundo es guapísimo" de la voz narrativa de la primera persona que está salida (además de sufrir las consecuencias obvias de la malnutrición y la toxicidad familiar) me cansa. Qué angustia de monólogo interior, hija.

Pero el porno gratuito me sacaba de la historia. Los detalles frungiendo están al nivel de lo escatológico. Qué vergüenza ajena. Además en primera persona. Es como Martin hablando de desmembramientos pero con refocile. Hay más libros en la saga, pero yo me bajo aquí.

Además, investigando he descubierto un submundo de "por qué lo llaman romantasy cuando quieren decir porno" amparándose en el anglicismo eufemístico de "spicy" que no necesitaba conocer. Que la gente califica libros con PIMIENTOS dependiendo de cuánto porno haya. ¿Hola? ¿Socorro? Voy a necesitar otra entrada para procesar este inframundo oscuro.

Emma, de Jane Austen

Lo intenté. De verdad. Yo entiendo que se supone que es una crítica mordaz a la sociedad de la época y que es muy divertido, pero yo a las veinte páginas solamente quería repartir bofetadas a la ristra de personajes disfuncionales, empezando por el cansino del padre y siguiendo por la hija sabelotodo. Supongo que la gracia está en que te importe todo ese submundo de la regencia y entiendas los chistes internos sociales. Lo siento, Austen, no soy tu público objetivo. Me ha pasado como me pasó con la Bovary. Lo abandoné a las ciento y pico páginas porque yo no leo pa sufrir ni para sentir que estoy atrapada en un saloncito con gente insulsa con ínfulas inmune a la autocrítica y tengo que hacer como que me caen bien. De romantizar entornos sociales de mierda porque tienen una estética cuqui ya hablamos otro día también.


Y ya está. 2025 promete empezar bien, viendo los libros que tengo a medias. No tengo esperanzas de que salga Alecto, pero estaría bien. Mientras, igual empiezo con Robin Hoob, a ver si es épica, y a ver si en algún momento estoy en el espacio mental adecuado para leer algo más de Le Guin, que no siempre puede una permitirse que le pisoteen el alma. Hala, felices lecturas.

miércoles, 15 de marzo de 2023

De mitos, héroes y ratoncitos

 Sé que dije que solamente volvería a escribir en el blog si algo me cabreaba lo suficiente, pero hete aquí que ha pasado lo contrario_ algo me ha entusiasmado lo suficiente como para venir aquí a fliparme con las cosas bien hechas.

Agarraos.


Ea.

Os presento una historia que aúna lo mejor del viaje del héroe con una aproximación a la mitología clásica ejemplar (sobre todo en esta época de gente que confunde los retellings con freír tocino) y ratoncitos. Va a ser muy difícil que me guste más una peli en esta vida. En serio, volví a tener seis años mientras la veía en el cine. En España se estrena el 12 de mayo, así que ya estáis haciendo hueco para llevar a vuestros cachorros a verla, porque es un tesoro. Una joya. Y vosotros, adultos con un pie en los ochenta y una pata en los noventa, vais a pasároslo pipa también.

Los dioses se comportan como dioses: Poseidón picado con Zeus, Zeus siendo un capullo integral y Hera protegiendo a los "Argonautas". Se usan los elementos de la historia de los Argonautas con sabiduría (los dientes de la bicha, para empezar).

Y (chúpate esa, Wincklemann) la arquitectura griega es históricamente acertada: tiene colorines. Colorinchis tintalux. Qué feliz fui al verlo.

Además, los personajes ratoniles y animales no son para estrangularlos con el cable del teclado. Lo divertido es divertido y no grotesco. La evolución de Patti y su padre es muy natural y la gaviota, que tenía todas las papeletas de ser otro burro de Shrek, es gloriosa.

Ah, y en Siracusa espera una sorpresa que me encantó. Y la banda sonora. Ay, la banda sonora. No sé si he visto una banda sonora en cierto momento culminante, con sus referencias, tan bien utilizada en la vida.

Eso. Que vayáis a verla. Recordad que os la recomendé yo primero.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Batiburrejo: libros del verano

Este verano he hecho una cosa.

He estado leyendo.

Hubo un tiempo de mitos y leyendas anterior a internet en el cual me dedicaba a escanear las estanterías de mi casa o de la librería que tenía más a mano y dedicaba casi todo el tiempo libre que tenía a leer (es decir, cuando no estaba ni en clase ni escribiendo ni intentando devanar sin éxito los procesos de la vida social). Leer me hacía hace feliz. Me he propuesto leer más y es de las mejores decisiones que he tomado en la vida.

Sin más dilación, he aquí unas cuantas lecturas que he de recomendar.

The Last Unicorn – Peter Beagle


Conseguí, por fin, ver la película a finales de primavera. No podía procrastinar más la lectura. En cuanto pude (y no fue fácil, tuve que recorrerme medio Londres para encontrarlo) me hice con un ejemplar en inglés y me lo sorbí en vena. Me fascinó el tratamiento de la magia (la magia-magia, la que late bajo los acontecimientos, no la de hacer levitar cosas y usar conjuros). Me encantó el personaje de Molly. El amor verdadero. Ay. Lo único malo es que ya no podré volver a leerlo por primera vez.

The Silmarillion - Tolkien


¿Quién dijo miedo? Tenía ganas de leerlo en inglés, de ver qué palabras usó Tolkien exactamente. De sentir el libro en la lengua en la que fue escrito, vamos. Y... Cambia. Es como leerlo en HD. Topónimos, la construcción de las oraciones... Otra de las mejores cosas que he hecho en esta vida es aprender inglés.

La última primavera – Concha Perea



Cuando leí La Corte de los Espejos di palmas con las orejas. Me gustó bastante el cierre, abierto, con el velo amargo de todo el libro; las hadas atrapadas en la magia vetusta, la ambientación, Nicasia bregando con sus demonios mientras hace lo que tiene que hacer. En esta parte he vuelto a disfrutar del mundo y de la gestión emocional que van haciendo los personajes según les va cayendo vida encima.

Me gusta especialmente que los personajes a los que la gente subestima resulten ser capaces, tener un plan y haber sido pacientes mientras otros creían que estaban siendo cobardes. Hay escenas de este libro que he disfrutado sintagma a sintagma.

Beren and Lúthien - Tolkien(s)


Esto es oír a Tolkien pensar. Ver la evolución de las primeras versiones del cuento a la forma final de The Silmarillion ha sido una gozada. Además, las partes en verso son simplemente preciosas. Y las ilustraciones de Alan Lee... Ay.

Mouse Guard – David Petersen


Tras descubrir que existía Redwall porque a Facebook se le ocurrió ponerme un anuncio relacionado, acabé enterándome de que había más animalitos con espadas haciendo cosas. Está lleno de gente que resulta ser otra cosa, lo cual me resulta exquisito. Y hay una zona que está inspirada en la mezquita de Córdoba, así que double win.

El último deseo - Andrej Sapkowski


Tenía yo mis reticencias a empezar la saga y me ha sorprendido gratamente. Me alegro de haberlo leído cuando me ha apetecido y no bajo las presiones de la voz de “tieeeeneees que leeeeer a los graaandes del géeenerooo”.

Está muy bien escrito. Por lo menos, la traducción al español. Me encanta esa sensación continua de que hay cosas que no te están contando. De conocer a los personajes por lo que van haciendo y no por lo que el narrador te sopla sobre ellos, ya sea en monólogo omnisciente o en diálogo de marujas usando a otros personajes para que te enteres de cosas. Como narración a base de entremeses es impecable.

Eso sí: el último relato me resulta un poco ein? Uno no sabe si el protagonista se está saliendo del personaje o si hay una explicación dentro de todo eso que no te están contando para comportarse como un ceporro. Supongo que me enteraré según vaya leyendo más libros, que por lo visto hay un puñado.

The Witchwood Crown - Tad Williams



Agarraos, que vienen curvas.

Es muy difícil retomar una saga del calibre de Memory, Sorrow and Thorn. (Me niego a seguir llamándola "Añoranzas y Pesares".) No he tenido el libro físico en las manos (lo compré para el kindle) pero aun así sentí su peso. Colma una de las obsesiones que he tenido siempre: termina la aventura y el héroe se apoltrona en su casa a comer risketos. Qué pasa con los guerreros que no mueren en combate. Qué pasa con los vencidos.

El aperitivo exquisito que fue The heart of what was lost es sólo un preludio de lo que me estaba esperando aquí. Me ha vuelto a dar, además, personajes que resultan ser otra cosa, cosa que ves venir sin darte cuenta, de forma que de repente no sabes cuándo has empezado a sospechar. Ah, la magia de la lectura. Los personajes nuevos están a la altura de la vieja guardia (sobre todo, Tzoja). He constatado otra cosa: todo lo que tiene que ver con el Thirting me exaspera y aburre a partes iguales. Y que tengo debilidad por las nornas. A su manera llevan razón.

Este libro habla de pérdida y de cómo la gestionamos. Resistiéndonos, resignándonos, buscando culpables, huyendo, enfrentándola. Cada personaje la acomete (o no) a su modo y se forma un coro precioso (y melancólico). Las consecuencias se imbrican. El contraste entre personajes mortales e inmortales al respecto es glorioso también.

sábado, 14 de mayo de 2016

Batiburrejo: la pequeña pantalla

Hola, soy una entrada programada sobre series que tienen algo que ver con libros, heredera del espíritu de Batiburrillo. Spoilers free.

Game of Thrones

¿Hola? ¿Alguien se acuerda de mí?

Esta serie es divertida en el sentido de que creo que es la primera adaptación a serie de una saga de libros que no ha acabado. Esto permite un juego doble divertidísimo: hemos podido ver cómo la serie ha divergido de los libros y veremos cómo los libros divergen de la serie y al final tendremos dos historias distintas por el precio de una. Como experimento no tiene precio. Hay un montón de cosas que me encantaría que pasaran, pero a este paso me voy a conformar con que palmen todos al final.

Penny Dreadful

 Hola, soy la Vane y evoluciono como personaje mejor que un Pokémon.

Es un Fanfic. Sí. Pero, hijos míos, está bien hecho. La Vane está estupenda y, aunque su carisma del primer capítulo va mutando y tomando carices extraños, y la trama principal de la segunda temporada es un poco truñillo, es una delicia de revisión. Creo que es lo que quería ser "Once Upon a Time" pero bien hecho. Tiene tooodos los personajes que uno espera encontrarse en el Londres victoriano ficticio, y además tienen "bicho", y consigue una de esas cosas que la deformación profesional hace difícil, que es cogerme con el culo al aire respecto a temas argumentales. Más de una vez me he quedado con cara de "WTF?" y, de verdad, lo agradezco. Encontrar cosas que no me esperaba y que tengan sentido es de esos milagros que me hacen dar palmas con las orejas. (Por ejemplo, el final del segundo capítulo de la tercera temporada. Es un OH, SÍ.)


Bonus: Roma


Luz, color y ganas de pasearse en sandalias por sus calles.


Esto es otro fanfic de De bello Gallico (no va de un pollo guapísimo, sino de la guerra de Julio César en las Galias), además literal: Pullo y Voreno salen en el libro y les dedican un parrafito majo. La serie tiene sus añicos ya (no había yo terminado la carrera cuando la estrenaron, fue de las primeras que me vi en V.O). Y mola. Roma era así, un pozo de inmundicia una ciudad llena de vida donde la gente se mataba por los callejones vivía al límite. Se toma ciertas licencias históricas (gente que estaba muerta sigue viva), pero qué cojones. Las pelucas, la comida, el ambientillo, las elecciones: es pegarte un viaje a las postrimerías de la Roma republicana.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Lecturas no obligatorias: batiburrillo especial 2015

Hola, soy una entrada programada para los últimos días de 2015, con libricos especiales para rememorar este año.



Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Qué os voy a decir de este libro. Estaba por mi casa y lo tiene todo: un árbol genealógico que no hay dios que se aclare, cosas ocultas chungas, gente que no sabe por qué hace las cosas y degenerados variados. Tenéis que leerlo. Yo, desde luego, pienso pegarme un chute.



Lores y Damas, de Terry Pratchett. ¿Por qué? Porque todos necesitamos que Yaya Ceravieja nos cruce la cara de vez en cuando, para recuperar la perspectiva, ya que nos volvemos imbéciles cuando nos dejamos llevar por el glamour. 



Flanagan de luxe. Es la única narrativa "policiaca" que soy capaz de trasegar. Me trago C.S.I y series similares a dos carrillos, pero con los libros policiacos no puedo. Me superan. Sin embargo, esta saga me ha gustado desde adolescente. Y este libro en especial me proporcionó momentos hilarantes de esos de doblarte por la mitad y que tu madre te pregunte si es que te ha dado un algo. Y, al final de este año, hay que recordar que somos personas y hace falta que el cerebro se oxigene un poco.

Pues eso. Como dicen en mi tierra, mañana será otro día y verá la tuerta los espárragos.

Feliz 2016.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Lecturas no obligatorias: batiburrillo VII

Esta es una entrada programada con libricos para huir de los telediarios, la realidad y tus consanguíneos cansinos.



La Corte de los Espejos, de Concepción Perea. Va del personaje mejor construido que he tenido el gusto de encontrarme este año. Tiene un mundo no-real, cosas chungas que pasaron en el pasado y que se adivinan más que se cuentan, personajes que resultan ser otra cosa, malos con enjundia y buenos que saben hacer cosas y a los que no dan ganas de meter dos sopapos. 



Olvidado Rey Gudú, de Carmen Martín Gaite. Este estaba por mi casa. Va de estarte quieto y no intentar ser más listo que los hados mientras las personas se comportan como gente. Tiene señoras con trenzas hasta la rodilla, un árbol genealógico y la Historia de Todos los Niños.



Dioses, tumbas y sabios, de C. W. Ceram. Otro que estaba en una estantería. Va de señores que hicieron cosas en el mundo real, pero contado de forma que parece ficción. Mola mucho. De verdad.

jueves, 23 de julio de 2015

Lecturas no obligatorias: batiburrillo VI

Entrada programada con libros bonicos.

El conejete de la esquina es brutal.


Doneval, de Graham Dunstan Martin. Este viene envuelto en halo místico. Estaba en casa de mi prima, la cual no se ha caracterizado nunca por leer. Un verano que me pasé dos o tres semanas en el pueblo lo vi y lo fui devorando en las horas de la siesta. Está más que descatalogado y no me importaría que alguien me lo regalara (para cuando salga esta entrada mi cumpleaños estará al caer, EJEM EJEM...) Además he descubierto que tiene continuación, Favila. Si me queréis, traérmelo. Va de un chaval con cabras y sin poderes que se mete en un embrollo de narices y vive aventuras y cosas. No me acuerdo de más.

Disturbances hay muchas.




Trigger Warning, de Neil Gaiman. A ver, qué voy a decir yo de este hombre. Este libro de relaticos sigue su línea de caja de bombones rusos (nunca sabes si el siguiente relato va a dejarte en una nube todo el día o a perturbar tu sueño una semana). Mención especial para Click-Clack the Rattlebag y The Thing About Cassandra. Además, la portada es bestial.

 La portada de esta edición es un poco meh. 
Haced como que no la habéis visto.

Esperanza del Venado, de Orson Scott Card. El hecho de que la historia esté contada desde la voz de un personaje que no puede mentir ya da gustete. Tiene una de las malas más malas de todas las malas malosas que jamás osaron erigirse en antagonista. El tono es devastador de lo poético que es. A mí me puso bastante mal cuerpo, pero mal cuerpo del bueno, ya sabéis.

sábado, 16 de mayo de 2015

Lecturas no obligatorias: batiburrillo V

Soy otra entrada programada con libricos bonicos.

Además la portada es inquietante.


La gata con alas y Regiones devastadas, de Enriqueta Antolín. Va de una adolescente en el Toledo de posguerra. Hale, a correr. No es que pase nada, pero el cómo no pasa nada te cuenta más cosas que una mera introducción-nudo-desenlace.  Estos también estaban por mi casa y me leí el segundo antes que el primero. Qué pasa. Soy una tía chunga. 

 Hola, Marat.

El Ocho, Katherine Neville. Es un best-seller de los noventa que me encandiló porque incluía mis chuches lectoras preferidas: personajes a cascoporro en dos líneas temporales distintas y gente que resulta ser otra cosa (y que no vi venir). Me entretuvo mucho. Además había monjas bad-ass. Sí, también estaba por mi casa. 

 Sabíamos que las barbas volverían a estar de moda.

Leyendas del Próximo Oriente Antiguo. Featuring el Enuma Elish y el Gilgamesh, esto llegó a mi casa y dije "huy, qué pinta de mitos tiene". Va de mesopotámicos haciendo el mesopotámico. Lo recomiendo encarecidamente para adolescentes que no saben qué se van a encontrar. Entregar con una sonrisa perversa. ¿Querías viaje del héroe? Toma viaje del héroe e inundaciones.

jueves, 14 de mayo de 2015

Estaba por mi casa

Soy una entrada programada que ha nacido tras la programación de las entradas de "batiburrillo". Muy pronto dominaremos el mundo y estableceremos nuestra propia jerarquía programada. 

He escrito varias entradas con libricos bonicos y he caído en que muchos de ellos "estaban por mi casa". No he tenido que ir a buscar libros porque los libros estaban ahí para mí, esperándome con los brazos las tapas abiertas para acogerme entre sus párrafos. Eran un recurso de ocio al alcance de la mano sin clasificación por edades. Sin supervisión. Todo el poder de decisión era mío. Esta clase de libertad en tu infancia, cuando hay tantas cosas que tienes prohibidas porque eres "pequeño", vale oro.

Mis padres tenían la casa llena de libros. La siguen teniendo, de hecho. Medio mueble (mueble ochentero) del comedor está lleno de libros y hay otras dos estanterías para libros también cuajaditas de posibilidades. En el cuarto de mis padres hay libros. El estudio de mi padre está hasta arriba de libros. Y yo tenía permiso para coger cualquiera de ellos en cualquier momento.

Este es mi concepto de decoración de interiores.

No podemos criar lectores si no les dejamos libros a mano. Es como intentar criar jinetes sin tener caballos. 

Pongamos que en una casa no hay libros pero el niño le coge el gusto con los cuentos del cole. No, madre aterrada, no desencajes tus ojos pensando que los cuentos son muy caros y vas a tener que rascarte el bolsillo. Hay un lugar maravilloso llamado biblioteca donde hay libros a patadas, son gratis y hasta de dejan llevártelos a casa. ¿Vives a tomar por saco en un pueblo en mitad de la nada? Vaya. ¿No hay bibliobús? ¿Seguro? Entonces ya puedes ir a la puerta del ayuntamiento a llorar gritar pedir que abran una biblioteca (algo chiquitito, una salica aunque sea, creando además uno o dos puestos de trabajo, fíjate lo que te digo) o llegue el citado bibliobús. ¿Que aun así no hay presupuesto? Si estás leyendo esto es que tienes internet. En la Biblioteca de Castilla-La Mancha, por ejemplo, tienen préstamo de ebooks, que se hace por internet. Y no ocupan sitio.

No lo pone en ninguna parte, pero leer debería ser un derecho. En papel o en pantalla. Derecho a saber, a imaginar. Yo lo tuve muy fácil, pero sé que no es así en todos los casos. Todo el mundo debería de poder tener libros a mano.

martes, 12 de mayo de 2015

Libros de señores muertos: Niños que se crían en botes

Soy una entrada programada. Se acercan las elecciones y, en fin, hay libros que no me puedo quitar de la cabeza.

Esto es una adolescente que coge un libro de la estantería y su visión del mundo se expande. 


Se lo pienso regalar a todos mis sobrinos al cumplir doce años.
Mis hijos lo tendrán junto a los de Neil Gaiman antes de echar los dientes.

¿Qué se puede decir de esto? Va de niños que se crían en botes y de una sociedad que, de aborregada, no da problemas. Se han inventado un sistema de castas así de buen rollo, con base biológica, en la que los clones viven felices con su cerebro lavadito con perlán sin cuestionarse nada. Esa es la gracia, que no se cuestionen nada. Las cosas son así y punto. Las personas ya no son personas, no tienen lo que las personas tienen (inquietudes, idas de olla, sentimientos y tal) sino que viven drogadas cumpliendo con sus obligaciones y refocilándose. Los humanos son más cosas que personas. Como decía Yaya Ceravieja/Terry Pratchett, el tema se tuerce cuando se empieza a considerar a las personas como cosas.

Esto sí que debería ser leído en todas partes. Aparte del puntazo del adjetivo "neumática", este libro remueve. Puedes estar de acuerdo con unas cosas y con otras no, o no saber qué piensas, lo cual te obligará a pensar sobre ello y a forjarte un criterio, que es una cosa que te la tienes que cultivar tú ya que no la venden en el Mercadona. Y eso no tiene precio: encontrar dudas que no sabías que tenías te hace crecer.

viernes, 8 de mayo de 2015

Lecturas no obligatorias: batiburrillo IV

Esta es otra entrada programada, bla, bla, ya sabéis de qué va el tema. Va de libros que te dejan con mal cuerpo pero un mal cuerpo que da gustete, en plan "qué bien me ha hablado este autor de cosas muy difíciles de decir, haciéndome pensar así sin meterlo con calzador".



Yo con esta portada me imaginaba mozos retozando en el arroyo.



Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro. Vamos a ver. Este me lo cogí de la biblioteca un verano junto a otra montaña de libros bajo la premisa de "cosas ligericas que no me hagan pensar". El título me hizo creer que sería una historia de amor que acabaría bien. Me caí con todo el equipo. Estrepitosamente. Disfruté muchísimo la lectura, sí, pero me dejó muy revuelta. Buf.



Joder, me acabo de dar cuenta de que es de la misma editorial que el anterior.



El Mago, de Fowles. Si os queréis rayar antes de que os rallen cual zanahoria, este es vuestro libro. Santa Ruguedarcina del Patatús. Esto estaba por mi casa y dije "anda, un mago" y acabé alucinando poliedros. Han pasado como diez años desde que lo leí (pensaba yo que iba a haber un mago, je, inocente de mí) y sigo preguntándome "WTF?" cuando lo veo en la estantería. Igual debería releerlo...



A cualquiera puede pasarle cualquier cosa y es mejor estar preparado.



El Dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy. Otro que estaba por mi casa. Te deja los entresijos al bies desde el primer capítulo. Incluye niños y es una de esas novelas en los que los niños no son ficus que lloran de vez en cuando, sino que disfrutan de su vida interior y piensan y esas cosas que a la gente, cuando se pone a escribir, se le olvida que los niños hacen. Es tremenda.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Lecturas no obligatorias: batiburrillo III

Esto es otra entrada programada entrando en el bombo del azar. Como las anteriores, va de libros bonicos por una razón u otra.


Además la portada es TAN bonita...

La música del silencio, de Patrick Rothfuss. Este libro no me lo encontré en ninguna estantería, lo fui a compar en cuanto pude con ansia viva y no me equivoqué. Va de buscar la armonía. El personaje principal tiene vida interior para una saga entera. No hay batallacas ni universos en peligro y aun así el conflicto se trata mucho mejor que en cienes de pinículas taquilleras con explosiones y cosas. Hay un capítulo, el más corto, que espero que pase a la historia como el capítulo capaz de encogerte el alma con menos caracteres.

La portada, por una vez, se corresponde con el interior.

Los Dones, de Ursula K. Le Guin. Iba por la biblioteca en modo "sorpréndeme, estantería" y el título me llamó la atención. No había leído nada de esta mujer (vergüenza sobre todo lo bovino de mi clan) así que me lo llevé felizmente a casa y me lo zampé en dos días. Va de crecer y descubrir cosas de uno mismo, pero bien. Sin el verdadero significado del invierno o el amor verdadero o másdelomismos similares. Tiene personajes adolescentes que no dan ganas de matar. Me llego a leer esto con catorce años y doy palmas con las orejas. Es el primero de una trilogía y los otros dos volúmenes siguen esta línea, siendo cumpletamente diferentes. Venga, que me lo quitan de las manos.



Si lo veis en un mercadillo o una librería de viejo lleváoslo a casa.



El señor de la danza, de Robin Lloyd Jones. Otro caso de libro que me encontré por mi casa y no lo solté en varios días. Va de un inglés cuya novia está en un leprosario que se va de farra por la India con su colega sacerdote disfrutando de la gente. Si tienes alguna fantasía idealizadora de vivir con lo mínimo a lo medieval, recomiendo este libro. Está ambientado a finales del XVI, pero es extrapolable. Incluye miseria por un tubo y a la vez es tremendamente poético. Hay un personaje desgarrador desde que aparece, llamado Damayanti, que es probablemente el que más me ha puesto las entrañas a sotavento en la vida.

lunes, 4 de mayo de 2015

Lecturas no obligatorias: batiburrillo II

Esto es una entrada programada. Va de libros que molan y te dejan con regustillo bueno cuando los lees.


Luego te pasas un mes acojonada cada vez que oyes campanas.

Amarintia, de Fernando Martínez Gil. Va de unos cruzados que se encuentran con un bosque y uno de ellos se hace el chulito y se interna bajo los árboles a pasar la noche. Fantasía de la buena, señores, que me lo quitan de las manos.


Mirad qué edición tan bonica.

La Ilíada, de "Homero". Este me lo tuve que empollar en primero de carrera, pero tenía ganicas de leerlo desde antes, así que no la considero obligatoria. Más allá de si Homero existió o no y del batiburrillo de sistemas bélicos de seis épocas distintas que salen en la misma guerra, esto va de ser cabezón y arrancarle las tripas al enemigo. Está bonico para leer cuando estás harto de tus semejantes y quieres sangre. Además queda como ejercicio intelectual y todo, así para disimular que estás disfrutando con la carnicería.


Esta edición, además.

Cita con Rama, de Arthur C. Clarke. Este estaba por mi casa y me lo leí en algún momento de la ESO. Es una rayada sobre un cacharro que aparece paseándose por el sistema solar pasando un kilo de las personas humanas. Me gustaron el final y el punto del parapente. No recuerdo mucho más aparte de decir "jo, cómo ha molado" al acabármelo.

sábado, 2 de mayo de 2015

Historias de la abuela cebolleta: bisontes en el gotelé


Hola. Soy una entrada programada.

Cuando yo tenía veinte años no había e-books. Los móviles no tenían internet. Internet, de hecho, no se daba por sentado: era una cosa que conseguías mediante el cable del teléfono, que implicaba ruidos que parecían mensajes cifrados alienígenas y que no se podía simultanear con hablar por el fijo. Las fotos se cargaban franja por franja y a veces petaba la cosa antes de que se cargasen enteras. Las gilimoñeces que ahora se comparten por facebook (que no había facebook, hijitos) te las mandaban al correo, cuyo rey era hotmail. El medio de comunicación era el messenger. 

 Nos faltaba pintar bisontes en el gotelé, pensaréis. 

Qué cojoleches tiene esto que ver con escribir, os preguntaréis. Pues mucho. Mi forma de enterarme de las últimas novedades era irme a la Fnac y pasearme por los montones. Si quería libros, tenía que gastarme un mínimo de ocho pavos por libro, si daba con ediciones en rústica de los lanzamientos de hacía dos años, o ponerme en modo ansia viva y rellenar desideratas en la biblioteca para que los comprasen. No había siete millones de blogs (de hecho blogger creo que ni existía, o si existía no era lo que conocemos hoy) reseñando libros ni mucho menos "booktubers" básicamente porque no existía youtube. ¿Os imagináis un mundo sin youtube? Los videoclips los conocías por los 40 principales.


Mi primera obra no cabía entera en uno de estos.

La gente que publicaba lo hacía en papel. No había diez mil millones de resultados si buscabas en internet "editoriales que aceptan manuscritos". No había amazon para autopublicarte si querías tirarte a la piscina. Apareció, un par de años después, la opción de lulu o de bubok, que implicaban palmar pasta. Cuando eres estudiante lo que menos tienes es dinerito fresco para estas cosas. Hasta daba cosa imprimir y encuadernar por el sajamiento bolsillil que producía, ya fuese en copistería o en sangre de unicornio reticulado, digo, tinta de impresora.

Publicaba mucha menos gente y había mucho menos donde elegir. Hoy tenemos un buffet libre de publicaciones, digamos que se ha democratizado el tema. Pongamos que quien no publica ahora es porque no quiere. Hoy día puedes publicar a coste cero en digital sin intermediarios. Me llegan a decir eso hace diez años y doy palmas con las orejas. Sin embargo, me alegro de que no fuera así, porque puede que hubiera publicado ciertas cosas que bajo mi criterio de aquel momento molaban mucho y bajo el actual necesitan una limpieza con chorro de arena. En mi caso ha sido una ventaja haber tenido que esperar.

Es como las fotos. Las cámaras digitales estaban empezando a ser asequibles. Antes, te pensabas bastante el encuadre y demás antes de disparar, porque el revelado había que pagarlo y el carrete también. Ahora hacemos seis millones de fotos con el móvil a coste cero y si salen potrosas da igual porque las borras y ya está.

Me estoy yendo ya del tema, que es parte de la gracia del abuelicebolletismo. Lo que vengo a decir es que me da la sensación de que la gente dispara mucho sin encuadrar del todo, porque es fácil y gratis. Que, aunque sea fácil y gratis, eso no implica que tenga que ser cutre ni que dé igual que sea cutre. Que no deberíamos descuidar la calidad. Cuando las cosas dejan de ser difíciles parece que las valoramos menos y no debería ser así. Deberíamos respetar lo que escribimos y no lanzarlo a la palestra sin haberlo preparado antes a conciencia.

Por todos esos libros bonicos que están esperando ver la luz: permitamos que maduren antes de arrancarlos del peral para que sean todo lo que pueden ser.

A los olmos, que los hay, no les vamos a pedir nada.



miércoles, 29 de abril de 2015

El amor-dor

Estoy hasta los higadillos de la exaltación de las relaciones tóxicas en la ficción. 

Todo esto viene del trauma que me cogí viendo un tráiler de una peli de Madame Bovary donde la llamaban "historia de amor". Vale que Flaubert no lo estaba exaltando, pero parece que el iluminado del tráiler sí. Además últimamente están echando un anuncio para concienciar a la juventú de que el control obsesivo por wasap no es romántico y quiero sumamarme al tema.

De esto va la Bovary: de ser egoísta.


Manipulación, mentiras, medias verdades, sumisión inconsciente, gilipollismo máximo... Todo eso se va colando amparado por aquello de que, sin conflicto, no hay historia. Tenemos un poco confuso eso del conflicto, qué es y con qué se riega. La música del silencio es el ejemplo perfecto de conflicto bien entendido, sin caer en el manido A contra B. En la literatura romántica muchas veces se cae en A contra B. En otros géneros, también. Y yo me tiro de los pelos, porque es algo que se basa en mentiras tan gordas como "los amores reñidos son los más queridos", "quien bien te quiere te hará llorar" y despropósitos semejantes que nos han enseñado que el amor es "de sufrir". 

¿Ejemplos? Crepúsculo enterito (¡Los celos molan! Si tiene celos de los helechos que te rozan en el sembrao es que te quiere). Las cincuenta sombras, cuyo peligro radica en que lo tratan como la biblia de la mujer liberada. Toda la pelotera de Idhún, virgen satísima del polímero, no hay por dónde cogerla (el rubiales traga con una cantidad de mierda por "amor" que podríamos abonar de los Cárpatos al Campo de Calatrava).

Todo ese juego de me molas, te doy celos, me das celos, no te digo lo que hay, mentiras entre medias, no te dejo hacer x porque te quiero, ven tonto/a que te va a gustar... Todo eso es conflicto puro. Conflicto, sí; amor, no. Es material de primera para novelas, claro. Novelas chungas. No "de amor". Se puede usar bien (como Flaubert) o se puede entender no como conflicto sino como conflicto deseable. Y se enaltece. Y ahí es donde a mí se me ponen los higadillos del revés.

Sobre todo con el "ven tonto/a que te va a gustar". Olé, violaciones encubiertas. No, mira, no es NO. Y querer "sí" pero decir "no" para no quedar de ¿salido/a? es otra aberración con patas y neones. No, no tienes derecho a tener impulsos. Lo suyo es que venga alguien y te... Convenza. Toma mensaje.

Luchar por el amor no es enrollarte con un drogadicto que te roba y al que le importas una mierda y "salvarlo" a costa de tu salud, por ejemplo. No es aguantar a una tía que critica todo lo que haces y no te deja salir con tus colegas porque ella no tiene amigas y no tendría a nadie si la dejas. No es aguantar las humillaciones del/la más molón/a del instituto porque, sabes, en el fondo crees que es buena persona aunque te trate como una bolsa de basura. No. Eso son historias muy buenas si quieres hablar de cómo nos cegamos cuando no queremos ver la realidad como es. No son historias de amor.

Luchar por el amor es, por ejemplo, luchar porque sea legal que te cases con quien quieras independientemente de su color de hoja. Es huir a un país donde es posible y tener que enfrentarte a las dificultades de ser un ficus nuevo en un país de albahaca. Es sobrevivir en un entorno dickensiano compartiendo un huevo frito porque no tenéis nada más para cenar sin torturaros mutuamente para exorcizar vuestras frustraciones. Esas son historias de amor.

Estaría bien que dejaran de vendernos historias de maltrato y autoengaño como historias de amor. Es una de las cosas que he intentado tocar en La Suerte del Dios Hambriento. Qué es el amor. Y qué no es.


sábado, 25 de abril de 2015

Libros de señores muertos: Lovecraft en los tiempos del álgebra

Esto es una entrada programada.

Después de leerme El Señor de los Anillos y alucinar chirivías con ziritione de una forma tal que me cambiaría la vida, decidí que coger libros aleatoriamente en las estanterías de novelas de mi padre sería una fuente de diversión inagotable, así que abracé mi nueva afición con entusiasmo. Mi padre, que también se ha pasado siempre por el forro de la ternera la clasificación por edades, me recomendó uno de ellos, La narración de Arthur Gordon Pym. Va de unos señores en un barco a la deriva y no queda ni el apuntador. Era 1997. Me lo pasé pipa leyéndolo y quise más. Había otra docena de libros con el mismo formato en la estantería, así que los fui cogiendo aleatoriamente a ver qué tenían, aparte de portadas setenteras inquietantes.

Casi todos eran de un tal Lovecraft. Molaban porque tenían un montón de relatos, así que empecé a irme al índice y a leer en un orden ácrata los que me iban llamando la atención por su título. Había de todo. Uno de mis favoritos, que releí hasta casi aprenderme de memoria, se titulaba Las ratas de las paredes e incluía cosas oscuras enterradas en los cimientos del hogar. Había otro de un tío que se despertaba en el cuerpo de un bicho troncocónico con patas en el vértice, que me imaginé como un pirulí envuelto en el papel de ferrero rocher. Había otro tremendo de un muerto capaz de usurpar el cuerpo de un vivo que acojonaba bastante. Iba todo de secretos encerrados en sitios que más nos valía a todos dejar en paz. 



Portadas curradas de este palo


Tener doce años y leer estas cosas tiene mucha lógica. Es la edad a la que empiezas a darte cuenta de cosas y los secretos que hay a tu alrededor empiezan a tornarse reales. Tus mayores tienen un pasado. No es que vayas a descubrir que tienes un hermano mayor en el desván que se alimenta de sardinas, pero la sensación es la misma. El relato de la tía Sarah, cuyo título no recuerdo, parecía tremendamente plausible.

Con el tiempo incluso me leí los prólogos y algo de su vida, descubriendo que estaba trastornado y tenía unas ideas muy raras. No es el tipo de persona con la que te habrías ido a echarte una horchata. Sus relatos siguen dando coseja. Es el tipo de cosa ideal para leerse cuando sientes que la realidad te está estafando, con once años o con treinta y seis.

lunes, 13 de abril de 2015

Lecturas no obligatorias: batiburrillo

Esta entrada viene con ciertas ganas de ordenar algunos libros de esos que te lees porque sí y dices "mira, he acertado". Es una entrada programada, lo que significa que la escribí en algún momento del pasado y me ha parecido buena idea colocarle un día aleatorio para que aparezca. Me gusta vivir al límite.

Memorias de una vaca (Bernardo Atxaga)


Decíamos ayer que una de las cosas que me gustan de un libro es que me cuenten la historia desde un punto de vista poco habitual. Este te lo ofrece desde el título. Va de una vaca que le cuenta su vida a una monja y creo que dicha monja la transcribe y todo. Tiene unas crisis de identidad bastante extrapolables y es de esas historias que te cuentan cosas distintas si las lees con diez años o con veinticinco. 

Serpiente del Sueño (Vonda N. Mcintyre)



Esto estaba en una estantería por mi casa y un día de aburrimiento aleatorio lo cogí. Va de un mundo futuro chungo desértico donde una señora que los tiene cuadrados va por ahí curando a las personas humanas a base de bocaos de serpiente. La portada es una chufa y no tiene nada que ver. 

Las zapatillas verdes (Saint-Marcoux)



No me acordaba del autor y me ha costado un poco dar con ello en google. Es un libro de los sesenta. El ejemplar que leí había pertenecido a mi madre. Va de una niña parisina que quiere ser bailarina y me dejó con mal cuerpo, pero mal cuerpo de ese que dices "qué bien me ha dejado mal cuerpo". Para ser un libro sesentero mola: no hay mozas intentando buscar marido ni comportándose como señoritas o como cenutrias intentando ser rebeldes. Va de bailar/crear/arte. Y de todo lo que implica.

viernes, 10 de abril de 2015

De Re Añordicatoria

El título de esta entrada es una coña que, a riesgo de sólo entender yo, paso a explicar. De Re Aedificatoria es un tratado escrito por Alberti que lo petó en el Rencimiento y trataba, adivinad, sobre hacer edificios. En este texto yo quiero hablar del arte de hacer ñordos. Podría haber elegido otro tratado (De Ñordo libri decem también lo he barajado, así a la vitruviana) pero este molaba más. Incluye la palabra res-rei, que es una de mis favoritas de la quinta declinación, además.


Al tema.

Hacer ñordos es muy fácil en cualquier ámbito. Sólo tienes que buscar uno del cual no tengas ni idea y ponerte a ello. Por definición, la cagarás al primer intento. Por eso es un primer intento. El primer día que te sientas delante un piano o eres Mozart o da gracias si consigues hacer una escala.

El primer cuento que escribes será, probablemente, un truño épico.

El problema de la escritura es que, en los tiempos que corren, todos llevamos escribiendo desde los seis o siete años y parece que se nos da bien. Hacemos exámenes y listas de la compra y la cosa va más o menos funcionando. ¿Qué pasa cuando usamos esa habilidad para contar una historia? Que va la muy perra y se revela insuficiente. Y resulta que hay que trabajar sobre algo que das por sentado. Se remueven cosicas dentro.

Pasa igual cuando aprendes a cantar y resulta que tienes que dominar algo tan habitual como respirar. RESPIRAR. Toca reeducar los pulmones como si nunca los hubieras utilizado. Usar una cosa llamada diafragma en la que nunca antes habías reparado como músculo voluntario. Y, hasta que sale algo medianamente bonico, básicamente rebuznas.

Rebuznar sabiendo que estás rebuznando es bueno. Rebuznar es aprender.

Hay quien no quiere pasar por la "humillación" de la fase rebuzno, por vergüenza o miedo al ridículo o algo. No, hijitos, no tengáis miedo: hay que rebuznar. Hay que escribir truños épicos de los cuales los adjetivos quieran salir corriendo. Quiero reivindicar aquí ese paso, que parece olvidado, porque es fundamental. Hay que perpetrar ñordos para saber cómo evitarlos. Y hay que ser consciente de dónde está uno, o se corre el riesgo de rebuznar inconscientemente. Y eso sí es peligroso.