Me iba a esperar a leérmelo todo para empezar a escribir esto pero no puedo desaprovechar esta sensación de estar flipándolo como un capibara en un onsen.
Tenía yo pendientes los libros de Robin Hobb desde que estaba en la carrera. Volví a recordar que existían en ¿2011? ¿2012? cuando la reeditaron con portadas que no recordaban a la Dragonlance (tú me das algo que huela a miniatura medieval y yo ya estoy sacando la cartera) y luego se quedó en salmuera hasta ahora.
No me esperaba lo que me iba a encontrar.
Me gustan las novelas de fantasía con setenta personajes, magia a carretillas, bichos que no sean un plagio de Tolkien y prosa buena. La saga del Vatídico y la de los barcos (que no sé cómo la llaman en español) lo tiene todo. Todo. Incluye además ritmo raro y una sensación subyacente continua de que hay algo que no se sabe o no te están explicando. Además, no dan ganas de matar a la mayoría de los protagonistas (Kennit, te estoy mirando) y la gente tiende a comerse las consecuencias de sus actos, cosa que siempre es de agradecer. Los adolescentes se comportan como adolescentes.
Y luego está la magia. Es esa magia embebida en el devenir de la vida, en la esencia de las criaturas que la poseen; una magia sin manuales ni metodología ni mierdas que le quiten misterio o la conviertan en una FP. Compleja, imprevisible, deliciosamente tejida con los acontecimientos. Y lógica. Los tres primeros libros de los barcos (al parecer luego hay más) me dieron cosas que no sabía que necesitaba respecto a la magia.
Además, está bien escrito. A ver, no es Lord Dunsany, pero es que el tono de estas historias es otro rollo, y la voz narrativa se adapta a la primera persona que te cuenta su vida de la primera trilogía y a los diferentes puntos de vista en la segunda. No es igual cuando estás viviendo la escena desde el punto de vista de la abuela que desde el de la nieta, y no es igual la nieta del primer libro de los barcos que la del tercero.
Qué queréis que os diga, de momento me parece todo redondo. Da gusto leer las cosas cuando están bien escritas, la verdad. Y ya está. Esa es la entrada. Así se escribe. Hale, circulen.
Cuando te consideras creador, sea en el medio que sea, lo mínimo que habría que esperar de ti es que domines el medio de tu creación. Que si ilustres, sepas ilustrar. Que si compones, sepas componer. Que si escribes, sepas escribir. Y por encima de todo eso, que te importe hacerlo bien (lo consigas o no) y que lo hagas tú.
No hay forma de tomarse en serio a un ilustrador que tira de inteligencia artificial generativa o un escritor que recurre a la Chati para tener ideas o que le escriba las escenas que no tiene ganas de escribir. Es tratar a tu obra como un producto y encima de segunda, como las obras "de taller" de los pintores del Renacimiento, pero además con el añadido de las implicaciones éticas: te estás aprovechando de una serie de herramientas que han sido alimentadas con esfuerzo y talento ajeno, sin el consentimiento de sus creadores.
Llegados a este punto, hay dos posibilidades: que tú mismo tengas tan poco aprecio a tu obra que ese desprecio se extienda a la obra ajena o que lleves un doble rasero de "a mi obra no me la toques pero yo puedo aprovecharme de la ajena todo lo que me parezca".
O que te la pele tu obra en sí y lo que quieras sea conseguir otra cosa con ella.
Qué queréis que os diga, si algo hizo el Romanticismo es darle voz a esa necesidad humana de propósito transcendental en la vida más allá del ámbito religioso: construir catedrales como celebración de la gloria divina en modo esfuerzo colectivo está muy bien, sí, pero agonizar ante la página en blanco intentando domeñar el rebelde y mezquino idioma mientras te mueres un poco de hambre y no sabes siquiera si vas a acabar publicando tu obra, también. ¿Tú te crees que Van Gogh iba a recurrir a alguien para que le pintara los cuadros de acuerdo a su "idea"? ¿Que Bécquer iba a considerar como suyos poemas verbalizados por una máquina sin alma?
Ah, el alma. El arte es alma. Aunque te salga el truño del siglo, aunque sea arte mediocre, si hay alma puesta, es arte. Si le quitas el alma, te queda... ¿producto?
Ojo, que artistas capaces de lo sublime se han subido al carro éste de ponerse a producir pensando en qué va a vender sin despeinarse, empezando por Dalí, que mientras le proporcionara viruta se apuntaba a cualquier bombardeo, incluyendo firmar papelitos en blanco a cascoporro que pudieran luego rellenarse con grabados o dibujos de dudosa procedencia. Pero, mira, el hombre por lo menos sabía pintar. No tengo pruebas ni tampoco dudas de que habría puesto Cadaqués del revés si una IA le hubiera empezado a imitar el estilo y él no pudiera llevarse un duro. Y también lo veo llamando a Lorca exagerado si la Chati le hiciera lo mismo.
Me he acordado de esto así de repente
Estoy desbarrando un poco.
A donde iba yo es a que hay que tener los huevos cuadraos para considerarte creador en cualquier ámbito y tirar de inteligencia artificial generativa para tu contenido promocional. El doble rasero ese del que hablaba antes y tal. Que, además, queda cutre. Parece que estás jugando ya no al respetable impulso del fanfic, que es una cosa sin ánimo de lucro y que nace -otra vez- del alma, sino al quiero y no puedo. No solamente te estás bajando los pantalones para "crear contenido", sino que además estás echando mano de una herramienta que se lucra con el trabajo ajeno. Demuestras que o eres ignorante o tienes la ética domiciliada en el Banco Popular de Egolandia.
También me ha hecho pensar en esto
Mira, yo qué sé. Ya decía Walter Benjamin en La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica que El aquí y ahora del original constituye el concepto de su autenticidad. Consuela de forma inquietante que este aquí y ahora en que nos encontramos sea semejante en cantamañanismo al mismo ambiente del que se quejaban ya Cicerón y hasta los sumerios: ya hemos estado aquí y ya nos hemos arrastrado fuera de este pozo. Hay gente con el efecto Dunning-Kruger como seña de identidad paseándose sobre la tierra desde que el primer primate desarrolló autoconsciencia y aquí seguimos, generación tras generación, comiendo palomitas a ver qué resiste la prueba del tiempo.
Mientras, recurriremos a los clásicos. Qué le vamos a hacer.
Resumen: A la gente, entre la que me incluyo, le gustan cosas muy raras y dispares.
Esto empezó como un experimento. Uno que me ha llevado a las profundidades del alma humana, al horror, el horror. Esta entrada va a ser larga. Esta entrada está llena de esa ira que Terry Pratchett decía que era gasolina para la escritura.
Comencemos.
Creo que me voy a ponerme elitista. A mis años. Debe de ser la crisis de los cuarenta.
Me estuve mirando en Goodreads reseñas de una estrella de libros que no he leído. Vaya por delante que yo siempre he considerado las reseñas como opiniones: todo el mundo tiene una. Lo que me he encontrado es que mucha reseña intenta más bien ser una crítica (aquí entra el elitismo) y me pasma intentar criticar una cosa que no has entendido. Quizá sea por deformación profesional, pero tengo muy claro que la calidad de algo tiene muy poco que ver con cuánto te gusta. Si hubiera correlación, el McDonalds habría quebrado hace décadas.
Ejemplo: me da pereza el Barroco. No aguanto el rollo churrigueresco y me deprime sobremanera el herreriano, pero defenderé su importancia y sus virtudes porque ya se encargaron dos veces que tuve que hacerme la puñetera asignatura más las investigaciones inesperadas de los cursos de doctorado que me empapara sobre el tema.
Es adictivo ir abriendo de libro en libro y ver cómo las cosas de las que se queja la gente son variantes del "no es lo que esperaba". Las que empiezan con "no me ha gustado porque..." me llegan como una cosa lícita: no conectan con los personajes, no pillan el ritmo de la acción, la ambientación se les queda corta, cosas así. Cuando la gente se queja de que los personajes no hacen lo que esperaban me da ternura. Teniendo en cuenta que hice este experimento con libros que no he leído, me fascinó imaginarme el proceso mental de esas personas. Y añadió unos cuantos libros a la lista de pendientes gracias a quejas como "es que usa palabras que no se entienden, como "efímero".
Son reseñas de gente que viene buscando acción y fantasía y que les expliquen el worldbuilding tipo manual de rol, o comerse intrigas políticas, supongo. Las quejas vienen de que es muy lento, muy lírico, tiene frases muy largas con muchas comas (a.k.a el síndrome de "me metes una subordinada y ya la hemos liao) y de que los personajes aparecen y desaparecen y parece que se han olvidado de ellos.
Ay, madre.
En esta epifanía se me han juntado dos neuronas y me he acordado de Harrow the Ninth, reseñas que me he vuelto a leer por encima y que se quejan básicamente de que no les dan la historia masticada.
Y es que hay una diferencia entre que te guste leer* y que lo que te guste sea que te cuenten una historia. Ambas cosas pueden convergir o no.
Con lo que me cuesta a mí entender a mis semejantes, ahora lo hago un poco mejor. Las expectativas, una vez más, dando forma desmerecida al criterio. Esto es tan viejo como la gente que se queja porque pide pizza con pepperoni en un pueblo perdido de la Italia profunda y se la traen con pimientos en vez de con salami reseco.
Si todo el tema de "a ver lo que se puede hacer con el idioma retorciendo sus elementos" te resbala, pues no, no cojas Olvidado Rey Gudú. Corre. Si quieres desconectar y ver cómo personajes hacen cosas, tampoco. Huye de Harrow también. Qué queréis que os diga: lo que veo es gente calificando platos de pasta con el criterio con el que calificarían un bollycao. Pues claro que te va a decepcionar, alma de cántaro. No te leas estas cosas. Abandona el libro. Léete algo que te esté gustando, que la vida es muy corta.
El paladar lector tiene un rango muy amplio. Igual eres muy tiquismiquis y quieres un tipo de historia concreto y que no te mareen con estructuras raras y construcciones sintácticas complejas con vocabulario extraño porque todo eso te la pela, tú quieres tu bollycao. Igual te da igual ocho que ochenta y trasiegas bollycaos, langostas con puturrufuá de ibérico y judiones del Barco por igual. Pero seamos conscientes de qué tenemos en el plato antes de aplicarle un criterio arbitrario.
Pasa igual con el cine. Yo quiero mi bollycao. A mí los planos y el montaje y tal me dan igual. Yo quiero una historia bien contada y ciertos aspectos del lenguaje cinematográfico me aburren soberanamente. Pero no te voy a decir que Ciudadano Kane es mala, sino que me aburre soberanamente.
Y aquí llegamos al siguiente punto: el romantasy.
Anglicismo horroroso por delante (¿por qué no romantasía?), la palabra me sonaba. Historias de fantasía donde ponen el foco en la historia de amor. Okey, conceptaco, a mi yo de quince años le habría parecido estupendo, pero ¿esto no existía ya?
Muchas de esas reseñas de una estrella eran libros de romantasy. En las reseñas en general que aparecen según abres el libro en Goodreads empecé a ver patrones: que si "enemies to lovers", que si "slowburn". Destripe de toda la vida chorreando anglicismos.
Y pimientos. "Spicy". Aquí viene el giro inesperado.
Cuando se me juntaron dos neuronas sobre qué podía significar eso, me pudo el pasmo. No. No puede ser. ¿Está la gente avisando de cuánto frotifroti hay en el libro sin atreverse a llamarlo sexo o de la calidad literaria del mismo? Mira que escribir erótica tiene que ser difícil, con lo terreno de vergüenza ajena que puede llegar a dar, en esa fina línea entre la obscenidad soez y lo que sea que le vean los lectores de erótica al género. Como el terror, vamos.
Mi sentido cuarentón me decía que iba a ser más bien lo primero. "En este libro hay sexo a carretillas", pero con pimientos. O llamándolo "spicy", porque tenemos todos trece años y nos da vergu admitir abiertamente que estamos contando las escenas pornográficas en una novela fantástica, jiji qué prohibido todo, la madurez nos llega para leerlo pero no para ir con la cabeza alta reconociéndolo, sino que nos escudamos en un código como si fuésemos yonkis.
Qué me estás contando.
Y entonces algo hizo click en mi cabeza. Acababa yo de leerme un telenovelón famosísimo (A Court of Thorns and Roses) que funciona como telenovelón que avanza gracias a lo disfuncionales que son los personajes y que tiene alguna escena de sexo que me leí en diagonal (como me pasa muchas veces con las de acción, porque me aburren soberanamente). Y hurgué en internet, igual que hurgan los personajes de Lovecraft en busca de lo que la humanidad hace mejor en ignorar.
No busquéis "spicy books" en instagram. Ya he perdido la cordura yo.
Posts detallando en qué capítulos de cada libro están las escenas pornográficas. Posts de "libros spicy con portadas inocentes". Más cosas que no quiero recordar.
¿Qué problema tiene llamarlo erótica? ¿Qué me estoy perdiendo? Que toda la vida has tenido novela rosa y novela erótica con un cierto solapamiento entre ambas. ¿Qué sentido tiene esto del eufemismo?
Mira, no me jodas. Esto es el equivalente de las películas de los noventa donde el adolescente tiene el Playboy abierto dentro del libro de matemáticas para disimular. No me digas que te estás leyendo el libro por el worldbuilding o por la historia de amor: lo que quieres es ver cuándo follan. No te estás leyendo el Playboy por los artículos, pero como es un libro y el público de esto es mayoritariamente femenino no se ve a simple vista el alcance que tiene la comunidad de gente hablando con toda tranquilidad de porno haciendo como que no lee porno. O erotismo. En serio, ¿por qué todo el tema sectario de los pimientos?
Ah, a lo mejor es porque no se admite que es porno. Ni siquiera erótica. Lo llamas "romantasy con spicy" porque qué corte admitir que lees disfrutando escenas explícitas de sexo, jiji, tenemos todos trece años.
A estas alturas, esta señora mayor se tiene que tomar una tilita. ¿No estábamos en el siglo XXI?
Mira que yo he defendido siempre que los niños no son tontos y saben reconocer conductas de mierda cuando las leen, pero eso se sustenta en llamar a las cosas por su nombre. Sexo. Erótica. Es el eufemismo lo que me saca de mis casillas, el tener que esconderlo. Que toda la vida se ha leído erótica. El agazaparse detrás de un eufemismo, de esta bromi a gran escala, perpetúa la idea de que es algo que esconder.
Lo que me aterra es la falta de madurez que rodea todo esto: los eufemismos, la falta de huevos para llamar porno al porno y erótica a la erótica. No he visto ni una reseña que evalúe la calidad del erotismo de la obra, sino su cantidad, lo cual me inquieta.
Y espérate, que hay más.
Esto (el "romatasy" del padrón), al parecer, según las etiquetas de ciertos libros de instagram, se solapa con otra subcategoría a la que llaman dark romance. Y por lo que he visto se supone que es en plan protagonista se enamora de personaje de moral cuestionable: mafiosos, vampiros, okey. Pero, también, ha evolucionado a protagonista se "enamora" de personaje maltratador que putea/maltrata/humilla a protagonista y por lo visto esa mierda es muy excitante y ¿romántica? Qué me estás contando.
Esto me lleva sacando de mis casillas más de una década. QUE TE HAGAN DAÑO NO ES ROMÁNTICO. Que hace treinta años ya estaban las campañas de "si te pega no te quiere". Qué cojones estamos haciendo romantizando mierda.
Quizá lo que me pone histérica de todo esto es que parece que no aprendemos. Que la misma mierda vuelve cíclicamente. Que nada de esto es nuevo, lo único que pasa es que tiene mayor alcance gracias a las redes sociales y que el jinete del Apocalipsis posmoderno llamado Falta de Criterio abona el campo para que cualquier aberración sea carne de aesthetic o de ser convertida en algo cuqui. Pero qué vamos a esperar de un público que no es capaz de llamar sexo al sexo y se esconde en llamarlo "spicy": que al abuso lo llame amor. Qué razón tenía el señor Orwell.
Dicho esto, leed lo que os dé la gana, llamad a las cosas por su nombre y recordad que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.
*4. Que te guste leer.LEER. No procesar información escrita que te transmita que pasan cosas, sino LEER. Los juegos del lenguaje, las formas poéticas. Lo que se puede retorcer una escena dependiendo de las palabras usadas. La magia de las palabras.
El mercado editorial me sigue dando ascogrimapena reparo.
Dicho esto, este año ha sido uno excelente en lo que a lecturas se refiere.
The King of Elfland's Daughter, de Lord Dunsany
Me gusta el final.
Me gusta mucho el final.
Siempre me ha repateado que los protagonistas se apoltronen después de la aventura. Sobre todo si es una historia tipo "tengo una vida normal en el cole/la oficina y descubro un mundo alternativo superguay". Y viven una aventuraca de la leche, pero luego vuelvan a su mundo y todo sigue igual. Lo de Bastián lo tengo todavía clavado en el hígado. Qué crueldad. Que vuelven cambiados y la aventura los ha hecho más sabios y todo lo que tú quieras, pero me ha parecido siempre algo horrible.
Esta historia, que es una jarra detrás de otra de poesía, le da en los hocicos a ese tropo. Qué final. Qué viaje. Qué prosa. Qué congoja, qué maravilla, qué emoción en cada página. Qué gloria que la magia triunfe, que no sea una historia elegíaca como promete, sino un génesis, y no lo sepas hasta la última página.
Y me gusta la prosa.
Me gusta mucho la prosa.
Y qué prosa. Con todo lo que me falla la prosa en la mayoría de lecturas, esta prosa sí. Dadme más prosa buena. La mejor lectura del año de lejos.
The Navigator's Children, de Tad Williams
Tengo un vínculo emocional muy intenso con esta saga y el final me rompió bastante. No lo cambiaría, pero me ha dolido igual. Los niveles de épica y la magia a carretillas no decepcionan, sin perderse el misterio en el proceso, con el sentido de la maravilla como estandarte. Es un cierrre a la altura del resto de la saga.
Homenajea, en muchos aspectos, a Tolkien: los árboles, el barco que parte a otro mundo, la pérdida. Y además la prosa es buena, y es una omniscencia que elige muy bien qué te cuenta y cómo, y te deja el corazón encogido. La gente es gente y se comporta como gente; las razas "mágicas" son gente de otra manera y tienen sus propias fortalezas y carencias. Ninguna solución es fácil y el final abierto es tan real y plausible que duele.
Esto es fantasía épica bien hecha. Voy a incidir en lo de "épica", porque últimamente no encuentro épica contemporánea. Todo el mundo o está muerto o lleva treinta años escribiendo o prioriza sacar tripas/contarte su mandanga política. La eucatástrofe que tanto echaba de menos está en este final y está bien hecha.
Dracula, de Bram Stoker
Esto me lo leí hace mil años en una copia cochambrosa que me compré por un euro en el tenderete de libros de segunda mano de la feria de mi pueblo. Esta lectura ha sido en inglés y es un poco como leerla en HD. La prosa es lo que tiene que ser, cambia la voz narrativa de las notas de Harker al diario de Mina y toda la historia contada en plan trabajo de investigación con la documentación por delante es una gozada de estructura. Da gusto leer cosas de gente íntegra luchando contra el mal. Y me ha reafirmado en la convicción de que los directores de cine (ejem, Coppola; hola, Peter Jackson) lo que quieren es montar su fanfic cuando adaptan libros.
Hojas de dedalera, de Victoria Álvarez
Una médium y un fantasma que va de sobrado se enfrentan a cosas chungas en el Londres victoriano mientras meriendan en el Fortnum. Otro clásico de pasado que viene a morderte el culo más secretos familiares más mansiones con fantasmas igual a pasárselo pipa. ¡Sacrificio! ¡Amor imperecedero! Me lo pasé como una enana. Las telenovelas victorianas bien hechas, los dramones como está mandado, además bien escritos, son solaz. Otra prosa que da gusto. Así, sí.
El eco del destino, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual
Esto también es una historia de amor tirando al rollo tragedia griega. Se regodea con inquina en las relaciones entre los personajes, cosa que disfruté bastante. Pasar no es que pase mucho y está bastante claro cómo se va a torcer el asunto, pero da igual porque aquí hemos venido a ver sentimientos trágicos sublimes y existencias abocadas al desastre. Soy muy fan de las historias que basan el conflicto en "que le den por saco al bien mayor" y exploran las consecuencias. Aquí lo exploran además de forma personal, le dan mucho por saco al tema sociológico y se va descubriendo el mundo de forma orgánica, cosa que agradezco bastante. Esto también es una saga y esta sí la seguiré, a ver cuánto más se tuerce. Este es el tipo de telenovela que he venido a ver.
Mexican Gothic, de Silvia Moreno-Garcia
Secretos familiares, casonas victorianas y el pasado que viene a morderte el culo: lo tiene todo. Me recordó bastante a los relatos de Lovecraft en los que al final se descubre que alguien ha estado haciendo pactos con los profundos y tu primo es medio rana. La protagonista lo tenía todo para que dieran ganas de matarla al segundo capítulo pero luego está a la altura de las circunstancias. Me entretuvo bastante.
Corre, Renina, corre, de Celia Añó
Me lo pillé porque prometía estructura rara y no saber qué leches está pasando hasta que todo encaja al final. Un poco como Harrow, vaya. Y no me decepcionó. A mí el terror un poco plin pero esto era más pura necesidad de saber cómo encajaban las piezas y cómo interpretar los nombres de los capítulos. Además, la voz narrativa acompaña. Disfruté mucho todo el tema de la monstruosidad y las diferentes perspectivas respecto a ella.
A Court of Thorns and Roses/ A Court of Mist and Fury, de Sarah J. Maas
A ver: si lo he entendido bien, lo de "romantasy" significa "historia de amor con fantasía de fondo". OK. Todo el tema misterio y magia del primer libro, ese "de qué va esta gente", ese pasado que viene a morder el culo, el amor que luego resulta que es otra cosa cuando nos asomamos al segundo, muy bien. La prosa me deja bastante fría pero bueno. La primera persona cuando el personaje que narra es analfabeto tampoco es que dé para más. Los patrás y palante del "me molas o no" se extendían un poco demasiado para mi gusto, pero es que no soy público objetivo de romántica, me temo. Es a lo que hemos venido, a ver cómo crece y se extingue el amor, y la exploración de qué es está bastante bien llevada, aunque falta gente repartiendo sentido común y el sesgo de "todo el mundo es guapísimo" de la voz narrativa de la primera persona que está salida (además de sufrir las consecuencias obvias de la malnutrición y la toxicidad familiar) me cansa. Qué angustia de monólogo interior, hija.
Pero el porno gratuito me sacaba de la historia. Los detalles frungiendo están al nivel de lo escatológico. Qué vergüenza ajena. Además en primera persona. Es como Martin hablando de desmembramientos pero con refocile. Hay más libros en la saga, pero yo me bajo aquí.
Además, investigando he descubierto un submundo de "por qué lo llaman romantasy cuando quieren decir porno" amparándose en el anglicismo eufemístico de "spicy" que no necesitaba conocer. Que la gente califica libros con PIMIENTOS dependiendo de cuánto porno haya. ¿Hola? ¿Socorro? Voy a necesitar otra entrada para procesar este inframundo oscuro.
Emma, de Jane Austen
Lo intenté. De verdad. Yo entiendo que se supone que es una crítica mordaz a la sociedad de la época y que es muy divertido, pero yo a las veinte páginas solamente quería repartir bofetadas a la ristra de personajes disfuncionales, empezando por el cansino del padre y siguiendo por la hija sabelotodo. Supongo que la gracia está en que te importe todo ese submundo de la regencia y entiendas los chistes internos sociales. Lo siento, Austen, no soy tu público objetivo. Me ha pasado como me pasó con la Bovary. Lo abandoné a las ciento y pico páginas porque yo no leo pa sufrir ni para sentir que estoy atrapada en un saloncito con gente insulsa con ínfulas inmune a la autocrítica y tengo que hacer como que me caen bien. De romantizar entornos sociales de mierda porque tienen una estética cuqui ya hablamos otro día también.
Y ya está. 2025 promete empezar bien, viendo los libros que tengo a medias. No tengo esperanzas de que salga Alecto, pero estaría bien. Mientras, igual empiezo con Robin Hoob, a ver si es épica, y a ver si en algún momento estoy en el espacio mental adecuado para leer algo más de Le Guin, que no siempre puede una permitirse que le pisoteen el alma. Hala, felices lecturas.
No sabía yo que este señor existía y que había escrito unas cuentas novelas.
Soy una señora mayor. Que me sorprendan las lecturas es muy difícil. Que me despierten el sentido de la maravilla, todavía más. Que me dejen un vacío al terminar de leerlas es casi imposible.
Que me proporcionen una experiencia lectora totalmente diferente, a estas alturas de la vida, no tiene precio.
Y ya viniendo en forma de regalo, ni te cuento.
Me han gustado libros. Hay libros que me han cambiado la vida. He dejado libros a las cincuenta páginas. He releído libros. Le he cogido cariño a personajes. He odiado personajes. Me he querido mudar a sitios que no existen. He celebrado las victorias y derrotas de personajes. Me he cabreado con finales. Nunca antes me había importado tanto el destino de personajes con los que no he establecido ninguna conexión que pudiera identificar.
A ver si consigo explicarme con El libro del sol nuevo.
Una ciudad. Una sociedad encabezada por un tal Autarca. Un niño al que están criando para ser torturador. El narrador es ese niño, desde algún punto del futuro, como si estuviera escribiendo sus memorias. Resulta que tiene memoria perfecta, así que vamos a creernos que se acuerda perfectamente de todo lo que va contando. Además, hay una capa extra en forma de "notas del traductor" que da a entender que hay una mano más que ha intervenido en el texto.
Al ser la voz narrativa de señor mayor contando su vida, va aderezando todo con reflexiones que van siendo guantazos al alma con la mano abierta. Empecé señalándolos, pero iba a acabar teniendo que poner marcas en medio libro, así que paré a las cien páginas o así.
Te va contando su vida dando por sentadas cosas que el lector no tiene por qué saber, como que la luna es verde (because of reasons), y las pinceladas de por qué el mundo es como es van cayendo con cuentagotas al hilo de otras cosas. Se atisba una especie de magia extraña, que por supuesto no se explica, y que bien podría ser simplemente una tecnología lo suficientemente avanzada.
En este libro, no sé dónde estoy y me importa moderadamente. ¿Esto es otro mundo? ¿El futuro? Si esto es el futuro... ¿qué cojones? No sé si estoy ante una historia de "niño crece y la vida le da en los hocicos". No entiendo al protagonista, y mira que es coherente consigo mismo. Las relaciones interpersonales entre los personajes son raras, ajenas; me resulta imposible buscar un resquicio con el que pueda conectar a nivel emocional con el personaje, espero durante toda la historia encontrar algún tipo de anclaje que nunca llega, y la explicación que encuentro para que al final no llegue no sé si responde a intenciones del autor o a mí.
El viaje resultante es nuevo, raro, terrible, imposible de abandonar. Hay secundarios que me importan más que el protagonista y las relaciones que establecen entre ellos me resultan más imposibles de aprehender que la geometría no euclidiana de Lovecraft. ¿Es esto confianza? ¿Amor? ¿Repugnancia? ¿Odio? No entiendo, no veo, no soy capaz de inferir lo que siente el protagonista ni cuando lo verbaliza, porque sus acciones no apoyan de forma identificable lo que dice, así que no sé si se está engañando a sí mismo o no. Todavía no sé si el autor quería presentar una criatura que resultase alienígena al humano de a pie, pero me agarro a eso por cosas de la trama.
La trama. Qué pasa en realidad con Vodalus y el Autarca. Quiénes son los buenos. De qué lado está en realidad el protagonista. Qué pasa con el mundo. Es como una escalera de cuerda de interrogantes de la que es imposible escapar y en la que en cada maroma se tranzan situaciones y conceptos inesperados, raros, que no me había encontrado antes, que me maravillan y repugnan, que me rompen el alma, que me provocan sensaciones nuevas en la literatura. Esto no tiene precio. Esto no me pasaba desde Anales de la Costa Occidental.
El mundo, lo suficientemente familiar como para que las implicaciones de todo lo ajeno que hay en él te calen hasta los huesos, no deja de dar sorpresas, de proporcionar escenarios y criaturas que parecen competir entre ellas a ver cuál te estruja más el alma.
Y lo peor de todo es que es plausible: los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.
Puedo decir sin dudarlo que ha sido la mejor lectura del año. Qué viaje. Qué pena no poder volver a leerlo de nuevo por primera vez.
Empieza el otoño y mucha gente se vuelve loca con los monstruos, esqueletos y calabazas, así que aquí van mis recomendaciones para acompañar ese espíritu de capitalismo pagano.
La Tumba Sellada: Gideon la Novena y Harrow la Novena.
Me tuve que leer La verdad sobre el caso Savolta en el instituto. Creo que entraba en Selectividad. Lo recuerdo como una tortura transalpina, entre los cambios temporales, la historia que me importaba una higa y lo poco que me interesan las cosas trágicohistóricas en general cuando acaban noveladas. Le eché la culpa del asco que le cogí a la estructura, sobre todo, hasta que metí el hocico en esa gloria absoluta que es Harrow la Novena.
Vayamos por partes.
Es la segunda parte de una saga. La primera parte se llama Gideon la Novena y va de nigromantes, una magia espacial raruna y conflictos interpersonales entre gente traumatizada por el tema de la nigromancia y la magia espacial raruna. Hay nueve casas y tienen que ir los herederos de cada una de ellas a una Mansión de los Horrores a ver cuál se convierte en Supernigromante de la Repanocha Mortal. Tiene un rollo de alguien ha matado a alguien, unas interacciones muy raras entre la gente y es bastante entretenida porque quien lo narra tiene una personalidad muy particular. Y no vi venir muchas cosas, que es algo que agradezco enormemente a estas alturas de la vida.
No acaba muy bien.
Harrow la Novena es una ida de pelota con otro narrador con otra personalidad muy particular que no se puede fiar de sí mismo. Varias existencias paralelas se solapan y cada vez que empieza un capítulo cuesta un poco saber en cuál estás; de hecho, al principio incluso no está muy claro si son la misma o cómo se relacionan entre sí o si tu tía es tu tía y la huerta es de tu gato. No es fácil de leer. Te tiene que gustar mucho la sensación dequé estoy leyendo qué leches es esto para que te enganche. Tejer bien esa sensación y, sobre todo, resolverla bien, es muy difícil. Este libro lo hace.
Quién maneja mis huesos que a la deriva los lleva...
Lo único que se me hizo un poco lectura diagonal es toda la parte de matar planetas, que me parece muy bien como ejercicio para fliparse con su sistema de magia, pero a mí como lectora en busca de pistas que me digan qué cojoleches está pasando tener que tragarme todo aquello para que luego resulte que no es relevante para ese qué cojoleches pasa me frustró un poquito.
Tiene, además, ese "hola, soy el pasado y vengo a morderte el culo" que me encanta. Tener que tragarte las consecuencias de los actos de gente que la cagó hace milenios, con todo lo que implica, como averiguar qué puñetas pasó de verdad en esa cagada histórica: la vida misma.
Es un ejemplo perfecto de libraco cojonudo para un público muy concreto. No sabía yo que los narradores no fiables me iban a enganchar tanto una vez se pusieran a contarme algo que me interesase. Además, incluye una especie de dramatis personae al principio de ambos libros cuyo ¿formato? tiene peso seal en la historia. Todo el conjunto me transmite que la autora se lo pasó pipa preparando la gymkana que es todo esto.
Puntos de bonificación al hecho de que todavía no tengo claro cómo leches termina este segundo libro.
Aún hay dos libros más, Nona la Novena y Alecto la Novena, uno publicado y otro en camino. A mí las sagas fantásticas ya me entran por el ojo derecho si vienen sin elfos ni enanos ni medianos; si encima me dejan con el culo torcido a la quinta página por lo que se alejan de lo habitual, ya voy cogiendo las palomitas. Pero es que esto es una cosa rara de cojones, de la novela negra grimdark a la space opera laberíntica, con personajes tan rotos que duelen de lo reales que son a pesar de lo ajena que resulta la mayoría de su experiencia vital. En este año glorioso en lo que a ficción se refiere, me despertó el sentido de la maravilla, así que larga vida a los nigromantes, y a ver qué pasa con los dos libros que quedan.
Eso sí, como le pase algo al perrete ese de la portada ma-to.
Pues publico otro libro y me da tantísima pereza promocionarlo que no he hecho ni presentación.
Soy un caos a la hora de escribir. Brújula, dicen. Ni eso. Mis intentos de hacer algún tipo de planificación a base de post-its han sido éxitos relativos; me aburro como una ostra si sé a dónde va a parar la historia. Si encima sé cómo va a llegar allí, apaga y vámonos. Que no, que lo siento; yo escribo para disfrutar del proceso. Morirme del tedio por el camino no es disfrutable.
Tardé un siglo en terminar Tailwhisper porque miraba la escaleta y me aburría. Colega. Al final me cargué un par de capítulos porque con la pereza que me daba escribirlos me dio la sensación de que quien lo leyera se iba a quedar dormido.
Casi todo comienza con escenas sueltas, escenarios, alguna leyenda. Así como esbozos, por el puro jugar con la creación. Tiendo a acabar aglutinando esas escenas/historias independientes en algo más grande, simplemente porque es divertido hacer encajar todo, y porque en ese proceso de encajar salen cosas, me acuerdo de cosas que andaban por ahí escritas, veo si cuadran o cómo se puede hacer que cuadren... Es como para pasárselo pipa. Así, sí. Igual sé cómo van a salir las cosas cuando llevo un 75 % de la historia escrita, y es entonces cuando me posee una furia por terminarlo todo y montarlo porque me hierve la sangre.
Después va una lectura global detectando huecos (que siempre los hay), cabos sueltos, cosas que faltan que no pretenden ser elipsis narrativas... Tiendo a ir dejando cosas tipo FALTA MUERTE SIESO o FALTA PACO CONTANDO SU VIDA en ese repaso. El 50 % de los "falta lo que sea" nunca llega a ver la luz, porque lo acabo metiendo sutilmente en otras escenas o decido que está lo suficientemente implícito.
Luego eso se queda en salmuera un tiempo. Una lectura allá, una correccioncita por allí. Cuando me he olvidado lo suficiente, viene la Corrección, a sangre y fuego.
El proceso puede llevar entre dos y cuatro años. Hay excepciones, como Golondrinas, que lo escribí en ¿dos? ¿tres meses? en un "no hay huevos" para presentarlo a un concurso que sabía que no iba a ganar, pero oiga, eran tiempos de paro y me podía permitir algo así. No es un proceso rápido. Viridia tardó en escribirse más de una década. Hay cosas que han tardado en escribirse todavía más.
Acramant es un canto a la familia, así en general, con sus luces y sus sombras y sus rayitos de sol con motas de polvo volando a la hora de la siesta. Empezó como una historia de zombis y acabó así, señoras y señores. No iba a ser parte de nada hasta que ese proceso que he mencionado de recorta, pinta y colorea trajo una epifanía en la que vi claro cómo hacer que fuese parte del mismo universo que Khad y la saga de las Flores Dolientes me explotó en los hocicos en todo su esplendor. Madre mía. Me estaba atando los cordones de las botas en un AirBnb en Glasgow antes de ir a trabajar durante un diciembre miserable en el que sólo veía la luz del sol los fines de semana cuando me vino así, en plan inspiración divina, el click.
Qué queréis que os diga, escribo por esos momentos.
Total, que yo venía a decir que Acramant no fue fácil de escribir y que puede que no lo sea de leer. Quería hablar de muchas cosas (lo de la familia vino tangencialmente): de superstición, de primas, de depresión y hartura de vivir, de mediocracia, de autosabotaje y de la magia de descubrir los redaños que una tiene contra todo pronóstico. Con zombis. Al final tuve que afinar. Los pobres zombis se quedaron un poco por el camino, pero nació Sueño Caraminth, que ahí donde la veis es la piedra angular de la saga de las Flores Dolientes. Qué cosa tan compleja de personaje. Ya la veréis en la última parte de la saga, que no sé si voy a terminar de escribir a tiempo.
Llevaba mi canal de YouTube abierto desde que subí los vídeos de Viridia allá por el 2014. Con el tema de la presentación de «La leyenda de la bailarina ciega» me picó el gusanillo de hacer vídeos y los he ido subiendo los viernes, y allí seguirán subiéndose hasta que no me dé la vida.
Todo el contenido está relacionado con mi obra literaria: bibliotráileres (palabraca que he descubierto recientemente en la Fundéu y que viene a significar lo mismo que booktrailer pero con la mitad del anglicismo), presentaciones, narraciones dramatizadas de relatos cortos o capítulos sueltos, e incluso una nana. Sí, una nana, aquí:
Recomiendo especialmente esta narración de la quinta historia de «Kami y las nueve colas»:
Y, por supuesto, la lectura dramatizada del relato que hace que uno se piense dos veces mezclar bebidas espirituosas y gatos:
Ya está, esta es la entrada. No todo va a ser poner puntos sobre íes, intentar arreglar el mundo o acordarse de los ascendientes de los algoritmos.
La expresión "perdonar el bollo por el coscorrón" es preciosa. Gráfica. Perfecta.
Vamos a hablar de lo que no se habla nunca, que es de pasta. Y de ventas. Una cosa muy guay que tiene autopublicar en Amazon son los históricos de ventas. De verdad, igual es el mal encarnado, pero para autopublicar te soluciona bastante la vida, todo es intuitivo y fácil.
El histórico de ventas dice que he vendido un total de 52 libros en su plataforma.
¡Cincuenta y dos libros como cincuenta y dos soles! Yo, que no vivo de esto y paso deciséis millones de kilos del tema mercadotécnico, considero un éxito absoluto semejante cifra.
En total, me ha reportado unos sesenta y tantos euros en cinco años, menos de lo que me costaría un bono transporte mensual para ir al curro donde vivo ahora, pero lo de los dineros no es el objetivo principal. Lo saco a colación por poner un poquito de perspectiva con respecto a la gente que sí depende, en mayor medida, de vender libros para pagar las facturas. Teniendo en cuenta que las regalías de Amazon tienden a ser mayores que las que te dan las editoriales, echad un cálculo de la paliza que se tiene que pegar la gente que pretende vivir de escribir para no morirse de la ansiedad.
Cuando he publicado con editorial y he recibido ejemplares de cortesía, los he repartido entre colegas y bibliotecas alegremente; autopublicando, me cuestan dinero los ejemplares de autor, así que tengo que pensarme mucho si pillarlos y a dónde mandarlos.
Obviamente, las ventas podrían subir muchísimo si tuviera cuartos para invertirlos en publicidad, me dedicara al networking, volviera a Twitter y me "diera a conocer". Señor, qué pereza más grande. Y no ya pereza: no me vais a apear del burro ya del hecho de que hemos entrado en una etapa en la que, con esto de la cancelación y las relaciones parasociales y el poder de enfurruñamiento de las redes sociales, el producto a vender no es tu obra, sino tú mismo. Si no te pronuncias sobre los temas de actualidad, si no tomas partido -y más te vale tomar partido adecuado- por la causa del día, es como que el público no sabe si eres digno de que te compren lo que sea que estés vendiendo. Aunque lo que estés vendiendo sea la hostia.
Y paso. Paso mucho, no sabéis cuánto. Si esas son las reglas para vender, mira, me quedo con mis cuatro colegas que me leen y se flipan con mis historias y todos tan felices, empezando por mi salud mental.
Luego hay más. Para lograr visibilidad, tienes que jugar con las reglas de los algoritmos, que cambian de plataforma a plataforma. Palmar pasta siempre funciona, pero ante su ausencia siempre puedes bajarte los pantalones darle al algoritmo lo que le gusta a ver si se lo enseña a más gente. A Facebook, como su nombre indica, le gustan las fotos donde se vea una cara. Que manda huevos, colega, qué gónadas tendrá que ver eso con los libros. Bueno, pues la publicación que más alcance ha tenido nunca en la página de Facebook de M. C. Arellano fue la foto que subí firmando en Sant Jordi, donde se me veía con el libro. Oye, mano de santo.
Los enlaces los odia. Subir un enlace a Youtube o al blog le cabrea mucho. No le mola nada que pongas puertas que vayan a sacar a los usuarios de su hondo, supongo que por si luego no vuelven.
A Twitter le mola que interacciones con otros usuarios. Cuanto más retwitees, te retwiteen, etiqueten, respondas y demás, más te saca. Urticaria me entra de acordarme y de pensarlo. A Tailwhisper, que tiene un fondo de marrullera chunga de barrio que asusta, le habría encantado Twitter. Se habría dedicado a partirle los hocicos dialécticamente a toda la gente que viniera a decirle lo equivocada que está sobre lo que fuera. A mí me entran sudores fríos. No, paso.
Aquí la verdad es que podría mover un poco el culo y currarme un poco más el SEO, pero es que es otra vez modificar el contenido para satisfacer a los dioses de la búsqueda. Y sí, me pasa como con lo de la RAE de formular las oraciones de manera que su idea pésima de quitar la tilde del "sólo" tenga sentido: no me da la gana pasar por su aro, porque yo la estructura que quiero seguir es la que es. Sembrar esto de palabras clave y hacer entradillas me aburre profundamente. Ciñéndome a esa mierda no habría podido, por ejemplo, empezar esta entrada como lo he hecho.
Y así puedo darle una estructura circular a este texto, volviendo a esa primera frase: qué hermoso es ser consciente de que perdonas el bollo por el coscorrón. ¿Queréis ser libres, rebeldes, ignorar el yugo de las redes? Este es el precio, aquí lo tenéis.
Y con esto y un bizcocho, otro libro que sale a la luz.
Es, como casi todo lo que escribo, una novela de fantasía. Para mí fantasía significa magia, todo aquello que está fuera de las reglas de la física de nuestro mundo. Tratar con la magia en la literatura puede servir tanto para crear las reglas de tu propio sistema mágico como para explorar las implicaciones de una magia que no se entiende, que no tiene normas o cuyas normas no se explican, y que por tanto no puede ser domeñada y es mucho más imprevisible.
Situar una historia en un mundo diferente al nuestro también sirve para jugar con la sociedad. Poder crear de cero la historia de una civilización y explorar qué caminos se pueden haber tomado es un ejercicio fascinante y no exento de peligros, ya que tienes que procurar que todo encaje de forma coherente, o te caes con tól artesonao.
La ficción es el campo de pruebas por excelencia para la exploración de los temas peliagudos a los que el ser humano se enfrenta mejor protegido por lo simbólico. Así, la Fantasía, tan denostada como desconocida, invisible aunque dance a plena vista desde los mismísimos comienzos de la literatura universal, es una herramienta y un medio imprescindible a la hora de atreverse a tantear nuevas ideas, nuevos enfoques, nuevos mundos. Puede tanto reflejar de forma cruel y descarnada nuestra realidad actual, haciéndonos apartar la mirada de este espejo con dolor al reconocernos en la crueldad que esgrime, como abrir una ventana a formas nuevas, mejores y más arriesgadas de enfrentarnos a la realidad.
La canción de las Flores Dolientes
En la saga de las Flores Dolientes se reflexiona sobre la búsqueda el camino propio, que no es tan simple como pudiera parecer.
El peso de la tradición no es siempre sencillo de llevar. Es fácil amoldarse a los usos que siempre se han dado sin cuestionarse por qué son las cosas como son, sin plantarse uno a analizar si de verdad es lo mejor, lo más adecuado, lo más práctico, lo más justo. La aprobación del rebaño que no se cuestiona lo establecido es cómoda y plácida.
A veces surgen voces críticas con los usos y costumbres tan arraigados que se dan por sentados; incómodas, incisivas, peligrosas. Los cambios no son fáciles. Tener al lado a alguien que exhibe un criterio propio insultante basado en análisis y razonamientos que los demás han pasado por alto con ahínco resulta, muchas veces, en una cerrazón producto de la vergüenza.
La canción de las Flores Dolientes se entona en estas voces que desafían lo impuesto y que pagan el precio con su sangre, su cordura o su misma existencia. Esta canción se compone de una leyenda, una crónica y un himno que transcurren en un mundo tan olvidadizo como el nuestro, tan ciego a su pasado y tan apegado a la ignorancia que pareciera que la verdad es un veneno que hay que evitar buscar a toda costa.
Este primer volumen, La leyenda de la bailarina ciega, plantea este conflicto desde la mirada de sus dos personajes principales, Ari y Avnia, de las que hablaremos más adelante. Cada una se enfrenta a él desde un trasfondo diferente, a saber: la naturaleza, indómita, y la civilización, que trata de subyugar lo que está fuera de control.
Ari: la naturaleza y sus misterios
Ari se nos presenta en el primer capítulo como una niña que está aprendiendo a cazar con su abuelo. En seguida se nos revela que vive en Khad, un bosque vasto lleno de criaturas tanto conocidas como extrañas, con las que los humanos que viven en sus lindes, los tramperos, se relacionan de forma diferente dependiendo de en cuál de las tres facciones hayan nacido.
Las tradiciones de estas tres familias están bien establecidas, parecen inamovibles y antiquísimas. Ari pertenece a la familia de los tramperos del Arte, que se precian de ser capaces de desarrollar trampas con las que atrapar cualquier criatura sin hacerle el menor daño, sólo por el orgullo y prestigio que proporciona el ser capaz de hacerlo, los años de práctica que se requieren y la habilidad que hay que exhibir para conseguirlo.
Los tramperos de la Carne parecen menos románticos y se dedican a cazar toda pieza comestible que el bosque pueda ofrecer para comérsela. Los tramperos de la Sangre buscan en sus capturas la piel, para poder venderla, así que aprecian mucho las técnicas de los tramperos del Arte para conseguir la mejor calidad posible, pero obviamente los tramperos del Arte los desprecian por lo que consideran avaricia como motivo último de sus trampas.
El bosque, en sí mismo, es un entorno que se entiende como tan hostil como hospitalario para los habitantes de sus lindes. Conocerlo y respetarlo es un todo, pero no se puede conocer del todo un lugar tan grande que no se ha podido cartografiar aún. No hay más que leyendas sobre lo que aguarda en el corazón de Khad y lo que le pasa a quien se adentra en él. Se dice también que el tiempo es distinto en Khad, pero nadie tiene una explicación clara de qué significa eso. Hay versos sobre las vashie, pero tampoco nadie ha visto una en centurias.
La biodiversidad de Khad es el único misterio que la civilización está consiguiendo, poco a poco, desentrañar. Los padres de Ari trabajan en la universidad catalogando las especies que se van descubriendo en Khad; las habilidades de los tramperos del Arte para estudiar las criaturas son imprescindibles. Encontramos bestias conocidas, como los lobos, pero también un sinfín de seres que nos resultarán extraños: las garmotas, los gunda, los carebos, los cunis...
La inspiración para todos estos bichos ha venido de los bestiarios medievales y sus representaciones creativas de las criaturas tanto reales como inventadas. Un oso puede ser tan fantástico como una leucrota para un señor del siglo XI.
Es también en Khad donde se cuenta la leyenda que da título a este libro, y que explica por qué la luna cambia de posición en el cielo cada noche. Es posible que descubramos, a lo largo de la saga, cuánto tiene de verdad.
Avnia: la civilización y sus peligros
Avnia se nos presenta en el capítulo III lavando sábanas para subsistir en una ciudad extraña, a pesar de ser una hechicera formada en Hésteiggat, Arcania. Que levante la mano quien no conozca a alguien que terminó una carrera que le apasionaba y ha acabado trabajando de algo completamente distinto -y, potencialmente, subcualificado- para poder ganarse la vida después, al menos durante un tiempo.
Se nos dice que la falta de trabajo para los hechiceros radica en la desaparición de las aberraciones. Sin embargo, Avnia no se conforma y se adentra en la tundra, a pesar de que se dice que “fuera del Imperio no hay nada”. El pequeño gesto de Avnia, desafiando lo que “se sabe que es así”, es suficiente para desencadenar los acontecimientos que constituirán el núcleo de la saga.
Avnia, además, sabe lo que hace. Es competente y tiene ese impulso perfeccionista de hacer las cosas bien simplemente porque no hay otra forma de hacerlas. Su empeño sistemático en descubrir los problemas, encontrarles soluciones y ponerlas en práctica es fruto tanto de su entrenamiento como de su carácter, y es también muy “civilizador”: el poder hacerse cargo de los problemas otorga una falsa sensación de poder que puede derrumbarse al enfrentarse a lo que no se puede controlar, ya sea lo desconocido o la naturaleza salvaje.
Avnia se desenvuelve bien en el entorno lleno de reglas y protocolos donde ha estudiado, y precisamente porque lo conoce bien es capaz de romper con las normas cuando es menester. Sin embargo, se encuentra subyugada por quienes se han valido precisamente de ese mundo civilizado con sus mecanismos burocráticos para expandir una visión del mundo y la realidad que puede que no sea del todo verdad. ¿Es cierto que detrás del Imperio no hay nada? Será cuestión, también, de que lo descubráis según avance la lectura.
Magia
Me he acercado a la magia en esta novela desde los dos extremos del espectro, con la curiosidad de cómo podía hacer convivir los polos opuestos en la misma historia.
El primero es la magia académica, la que los hechiceros aprenden, investigan y desarrollan en Arcania, en un entorno académico y estructurado, casi burocrático. Es un sistema mágico nacido de una necesidad muy específica, la de sellar aberraciones, criaturas de otro mundo que se cuelan en éste creando el caos, para a continuación destruirlas o devolverlas al lugar del que proceden. Este sistema está basado en runas y matemáticas.
Tenemos la primera muestra en el capítulo V y, obviamente, veremos cómo se desarrolla más adelante. No he de decir nada más porque sería destriparlo. Digamos simplemente que la geometría es mucho más apasionante que el “base por altura partido por dos”.
El otro extremo del espectro lo representa la magia agreste y obscura de Khad, que te llena de preguntas para las que no hay respuesta sistematizada. ¿Qué es lo que acecha en el bosque? ¿Qué significa exactamente que el tiempo es distinto en Khad? ¿Por qué?
Explorar la reacción humana ante lo que no se puede explicar es bastante intuitivo, porque es lo que hemos hecho como especie durante milenios: inventarnos leyendas, dioses, explicaciones salidas de la imaginación para intentar ordenar el mundo en el que vivimos. Consuela pensar, a la hora de enfrentarse a una tormenta, que hay un dios cabreado lanzando rayos: es una respuesta. Como humanos, nos angustia muchísimo no saber lo que está pasando, hasta el punto de que preferimos una mentira o una fábula a aceptar nuestra ignorancia sobre el tema, porque nos deja completamente desvalidos ante lo desconocido.
Este ansia por respuestas lleva, paradójicamente, a establecer un vínculo con las explicaciones que nos inventamos -o las mentiras que nos cuentan- feroz. Cuando por fin aparece una explicación veraz a un misterio -¿cómo se transmite la peste bubónica?- la gente tiende a quedarse con la respuesta conocida, sea el castigo divino o cualquier otra historia peregrina como los “malos aires”, antes de aceptar las explicaciones de la ciencia, por ejemplo.
No hay que irse a la fantasía para encontrar ejemplos de esto, no hay más que encender la tele y poner el telediario.
Así, y de forma orgánica y sencilla, es muy fácil empezar a imbricar estos dos extremos a la hora de acometer la magia. Colocar a Avnia, con sus runas y sus polígonos, en mitad de Khad con todos sus misterios, es un experimento la mar de jugoso. ¿Podrá responder Avnia las preguntas que plantea el bosque? ¿Se enfrentará ella misma al horror de lo desconocido?
Obviamente, para descubrirlo tendréis que leerlo. Y me temo que tendréis que esperar al resto de la saga para encontrar el desenlace.
El último punto en este apartado sobre la magia es, como no podía ser de otra manera, la música. La música, al fin y al cabo, está sometida también a las leyes de la física -que se lo pregunten a los constructores del teatro de Epidauro- y puede traducirse, en cierta medida, en matemáticas. Que algo a priori tan frío e inamovible como las matemáticas se pueda entretejer con la música, que tiene tanto de alma y pasión para ser verdad, es un concepto fascinante que no podía faltar en esta historia donde la civilización y el orden danzan en armonía con el caos y la libertad del mundo salvaje.
Recapitulación
La leyenda de la bailarina ciega se adentra en lugares donde el tiempo es distinto y las leyes de la física se subyugan a otros poderes a los que no se puede poner nombre. Los cuentos son el poso de la memoria de un pasado terrible; la Historia misma ha servido a quienes la escribían para olvidar y hacer olvidar. Esta desmemoria colectiva disfrazada de conocimiento fiable despliega su peligrosidad a la luz de quienes se atreven a cuestionarla, desde el bosque a la tundra, con sus voces disonantes capaces de destapar realidades incómodas.
Esta novela es, en definitiva, el comienzo de la saga, que establece el punto de partida. En ella, el ser capaz de cuestionarse lo establecido y decidir si lo que se ha hecho siempre es lo adecuado para uno mismo es el eje principal en torno al que giran el resto de los elementos que he ido mencionando.
¿Os ha despertado la curiosidad? Pues aquí podéis haceros con esta historia:
entre Amazon y Google Play a la hora de autopublicar.
Pronto saldrá otro libro. Ya veis, hijitos: estoy tan segura de que esto no lo lee nadie a no ser que lo rebote en redes que puedo permitirme adelantar noticias que se cargan el plan mercadotécnico que he diseñado meticulosamente para ir subiendo contenido relacionado, dividido en categorías, hasta que salga el título. Es la ventaja de que no me lea nadie.
Hace poco me lié la manta a la cabeza (otra vez) y decidí poner a la venta varios libros electrónicos en Google Play y tenerlos en vista previa en Google Books. Madre del amor hermoso. Iba yo con la idea de que eso ayudaría a echarle alpiste al algoritmo del buscador pantagruélico y conseguiría así posicionar un poco mejor los títulos, pero ha costado bastante de criar.
Donde Amazon tiene herramientas y tutoriales para legos, Google Play tiene esto:
Fundamentalmente, si quieres subir un ebook, tienes que subir un epub. A ver, también puedes subir un pdf, pero queda como... cutre. Subir un epub implica que tienes que exportar tu texto en dicho formato y que quede bien maquetado y tal. Amazon tiene un editor muy apañado, el KindleCreate, que aunque limitadito te ahorra muchos calentamientos de cabeza. Con Google Play tuve que recurrir a Calibre y parecía bastante intuitivo al principio, hasta que subí los archivos.
Y no se publicaban, y salía una frasecita roja diciendo que algo había ido mal... pero no el qué. Toca bucear, encontrar el error, comprobar que es de html, volver a Calibre y darle al método empírico hasta que dejan de aparecer errores. Un gozo, vamos.
Y, cuando al fin quedaron libres de errores, se quedó la cuenta en revisión preliminar casi una semana.
Google Play no ha descubierto que mimarle el ego a los autores los anima a que suban los libros a su plataforma, como sí ha hecho Amazon, con cosas tan sencillitas como la página de autor. En general, es calentarte bastante la cabeza para lo que se prevén como pocas ventas. El tiempo dirá si la parte de que al buscador le caigan mejor los títulos funciona a largo plazo.
Si no queréis pelearos con programas externos, recomiendo Amazon de lejos. Yo entiendo que las librerías de toda la vida le tengan alergia, pero como plataforma de autopublicación para pobres (papel incluido) la verdad es que no tiene precio.
Eso sí, quedan muy monos.
También le he pegado un tiento a Instagram. Es otro salto de fe tecnológico, a ver si consigo llegar a la franja de adolescentes y jóvenes adultos. De momento, a 23 seguidores, el rendimiento de las publicaciones (tomando el "engagement" como referencia) es mucho mayor que en Facebook. Eso sí, me está tocando mucho las narices, porque desde el móvil no hace más que dar errores y publicarme las fotos sin el pie de foto, pero supongo que será subsanable.
A veces me pregunto por qué echo tiempo en diseñar campañas, si no puedo permitirme anuncios y me niego a ponerme en modo cansino. Una de las mejores cosas que tuvo el primer "confinamiento" (que yo me pasé teniendo que ir a trabajar de todas formas, aunque fuese con horario reducido) fue que volví a escribir por placer y recuperé un poco las ganas/voluntad para que mis historias lleguen a más gente. Como dicen en mi tierra, a donde llegue la manta estiraremos los pies.
Cuando te pones a escribir historias con antagonistas se abre ante ti el fantabuloso mundo de la creación de los enemigos. Al meterte en temas de personaje VS personaje hay que andar con cien ojos para no caer en el maniqueísmo y que los buenos sean muy buenos y los malos sean muy malos. La fantasía épica está plagada de señores del mal que son malos porque el mundo los ha hecho así y a los que les apetece es ver el mundo arder porque sí.
Kami fue un bálsamo al ir por delante con la premisa de que iba a ser una historia sin malos. El conflicto se trasladó al entorno: la muerte, la enfermedad, las leyes de la física... Fue mucho más fácil de escribir que otras historias.
Me cuesta especialmente encontrar motivos para los villanos para ser lo cenutrio que hay que ser para ser un villano. Empatizar con megalómanos ansiosos de poder me cuesta bastante, aunque alguno ha habido. Acabo siempre con el mismo tipo de conflicto: dos niños bandos quieren el mismo juguete objetivo a la vez, con diferentes matices. Al final, el antagonista con el que me siento más cómoda es aquel que es medio villano medio entorno: la criatura que precisa de la extinción o sufrimiento de los protagonistas para seguir existiendo. Donuts contra Homer. Matar o morir.
El terror de lo cotidiano es un tema recurrente en la literatura, sí. ¿Quién no siente un poco de angustia ante la perspectiva de verse dentro de la casa de Bernarda Alba? Recuerdo un libro ¿infantil? que pretendía ser ligero, pero incluía un episodio en el que inculpaban al protagonista y nadie le creía cuando decía que no había sido él y que todavía me cierra la garganta cuando lo recuerdo.
Erya del Thrais y su paz artificial, Lan Vathos y su autoridad cruel, las normas intransigentes de Tronnia, la marmota imbécil de Londerra... Nivia, la gente de la tundra. Quizá los antagonistas más angustiosos sean esos en los que nos podemos convertir si no mantenemos nuestra oscuridad a raya. Ese ha sido el protagonista más terrible de escribir: el que tiene al monstruo dentro y tiene que vivir con las consecuencias de sus actos.
Este ultimo tipo de antagonista es fascinante de lo real que es. Es ese que tiene la gestión emocional en la punta del píloro y no sabe actuar con madurez, viniendo todo conflicto de sus rabietas de niño de dos años de me enfado y no respiro y la lío parda porque quiero vengarme. La Maléfica de la peli de dibujos, por ejemplo, que se cabrea como un mono porque no la invitan a una fiesta, es un ejemplo perfecto. El malo de Los Increíbles, que no sabe gestionar el rechazo. Estos son los chungos, los que se te cuelan en casa en navidades o te plantan en un grupo de trabajo y si se rebotan porque su idea se rechaza son capaces de cargarse el trabajo de todos por despecho puro.
¿Cuántas historias avanzan porque los implicados son unos cenutrios? ¿Qué habría pasado con Christine si el fantasma hubiera sido un niño querido por sus padres y aceptado por sus contemporáneos? ¿O con Blancanieves, si su madrastra hubiera mantenido a raya su egoísmo? ¿Cuántas páginas habría tenido Madame Bovary si le hubieran puesto un buen psicólogo a todo el elenco? ¿Cuántas "novelas románticas" no se darían si los implicados se comunicasen de forma decente?
¿Cuántos villanos son sólo gente sin herramientas para ser mejores personas?
Voy a entrar en modo friki "Tom Bombadil no sale en la película".
Esta es una queja en forma de entrada sobre la desaparición sistemática de las señoras que en los libros de fantasía y ciencia ficción son descritas como grandes y rotundas una vez se adapta su historia a la gran pantalla.
1. He visto el tráiler de The Watch y Lady Sybill es una tía buena.
Como fanfic con presupuesto desde luego es un logro.
Colega. A ver. A parte de que el tráiler deja claro que esa cosa que han hecho es una versión, no una adaptación, y tiene pinta de que, como versión, va a ser un fanfic flojillo, me tomo el cambio de tipo de cuerpo de Lady Sybil como un ultraje personal. Al ver la miniatura pensé que era Angua, o Zanahoria, o yo qué sé, alguien de los que se describen como dentro de los cánones occidentales de finales del XX y principios del XXI. Pero hay un momento del tráiler en que se le cae la peluca y SHIT. Por lo menos la han dejado calva, pero aun así: SHIT.
2. Adaptación VS Versión VS Inspiración.
A ver. Cuando coges un libro y lo adaptas a otro medio, es de suponer que vas a:
a) Contar la misma historia
b) Mantener el subtexto en la medida de lo posible
c) Respetar el núcleo de la narración, es decir, aquello sobre lo que el autor quería hablar en el libro
LOTR es una adaptación fallida porque sólo acierta, respecto al punto c), a hablar de heroísmo. Todo el tono elegíaco lo pierde, cargándose la importancia de que la Última Alianza fuese la última sacándose una extra de la manga, por ejemplo. The Watch parece una parodia chunga que va a ignorar por completo temas como que las personas son personas vengan en el envoltorio en que vengan, y que pueden ser amadas, ya sean enanos, trasgos o GORDAS.
Nosotros no estamos sometidos al núcleo melancólico que impregnaba la obra de Tolkien. Somos siervos de Peter Jackson y podemos contradecir al original cuando queramos, por ejemplo ahora apareciendo donde no nos esperan y muriendo como conejos en una batalla donde viejos con espadas del todo a cien sobreviven a pesar de nuestro entrenamiento milenario.
Si coges la ambientación, los personajes y la historia y lo cuentas como te salga del níspero, enhorabuena, tienes una versión, y está bien que tengas claro que es una versión. Si coges lo anteriormente mencionado y le cambias algunas cosillas porque te mola que caperucita y el lobo tengan un grupo de jazz o que Heidi y Pedro acaben bailando sevillanas en un tablao, enhorabuena, tienes la imaginación justa pa pasar el díamiedo de contar tu propia historia y por eso destrozas las de otrosganas de hacer un retelling pero no entiendes en qué consiste un retelling una cosa inspirada en cosas de otra gente.
3. Pero qué os pasa con las gordas, de verdad
Voy a tener que contenerme si no quiero que esta entrada se alargue hasta el infinito. ¿Dónde están las gordas en la fantasía y en la ciencia-ficción? Yo diría más: ¿dónde están las gordas como interés amoroso en la fantasía y en la ciencia ficción? En muy pocos sitios. Dos de ellos son Ready Player One y Mundodisco. Y, además, para ponerle la guinda al pastel, en ambos casos la trama de las gordas no gira en torno a que son gordas.
Son personajes que resulta que son, en un caso, un prodigio de amabilidad y hacer las cosas cuando y como toca y, en el otro, un prodigio de inteligencia, actitud y hacer lo que está bien... que resulta que están gordas. Y sí, que sean gordas es bastante irrelevante para la historia, pero ahí está la magia: su historia no va de que son gordas.
Lo opongo, por ejemplo, al caso de Agnes, porque algo de su trama necesita que esté gorda para desarrollarse, porque habla de aceptación y demás. Si embargo, ni las tramas de Sybil ni de Art3mis tienen que ver con que estén gordas, y eso es maravilloso. Fantabuloso. Las gordas teniendo derecho a existir, a ser intereses amorosos, protagonistas duras, sin que su cuerpo tenga peso más allá de ser rubia o tener los ojos verdes.
Que no es que la gente que escribe fantasía y ciencia ficción tenga que meter gordas en sus obras si no le va. El tema aquí es sacarlas de las obras en las que estaban, que ya tiene delito.
4. Primer caso: Art3mis.
Yo sé que estáis muy cansados de que vengan los frikis a quejarse de que Legolas era moreno, pero me da igual.
Art3mis es descrita como "rubenesque". Y es importante, porque su avatar también es "rubenesque". No intenta encajar ni complacer. Es más: sus problemas de inseguridad vienen de una marca de nacimiento, no de su cuerpo, lo cual me parece glorioso. Y el lelo del protagonista se pasa todo el santo libro colgadísimo de ella y de su avatar rubenesco y luego son felices y comen perdices ecológicas criadas con humanidad.
Y van y eligen para la peli a una moza estándar.
Guapa no sé, que eso es mu personal, pero rubenesca ya te digo yo que no
Se habla mucho de representación en otros ámbitos. La adaptación cinematográfica le roba al público que cada verano mira al bikini y los pantalones cortos con terror la posibilidad de verse reflejado en una protagonista inteligente, perspicaz, divertida, eficiente, valiente y de la que además se cuelga el protagonista. Sí, bueno, que las gordas sueñen leyendo el libro, si ponemos una en la pantalla esta peli no va a vender. No va a ser creíble que el protagonista se cuelgue de una gorda, ¿verdad? Nah, mejor sigamos perpetuando el estereotipo.
Ready Player One es importante porque rompe una lanza en este aspecto. Supongo que es una lanza que no vende lo suficiente en pantalla.
5. Segundo caso: Lady Sybil.
Wagneriana. Esta mujer es enorme. Grande. Muy grande. Tremenda de grande. La clase de tía que te imaginas llevándote al Valhalla. Una tía con eslora. Además, es el interés romántico del protagonista y se acaban casando y teniendo un bebé y su marido la adora y atesora y muchas cosas.
Y es maravilloso. Sobre todo, porque al principio del libro aparece caracterizada ligeramente como una loca de los gatos dragones. Es amable y dulce y comprensiva y no juzga y es un amor de persona. Una gorda con una vida que es feliz y cuya talla no es un problema ni un tema más relevante que el color de su bata. Sus problemas vienen de que su marido es adicto al trabajo y hay gente mala por ahí intentando hacer daño a la gente. Fin.
En ese tráiler que ha dado origen a esta entrada, vemos a una Lady Sybil que tiene de wagneriana lo que Morgoth de monja.
Señoras wagnerianas en la imagen: cero. Nótese que llevar hachas no te cataloga automáticamente como valkiria.
¿Qué os pasa? Veo un troll y una licántropa, pero parece ser que las gordas como interés amoroso son criaturas demasiado sobrenaturales incluso para una versión de una historia de fantasía.
6. Release the kraken.
Al contrario de lo que mucha gente cree, un amplio porcentaje de los TCA no empiezan con un "quiero estar delgada". Empiezan por un "necesito tener el control sobre algo" (sobre todo, los restrictivos) y por un "dónde está mi derecho a ser amada, igual lo consigo a través de mi apariencia", que a su vez viene de padres y entorno con altas expectativas y aprendizajes dañinos en general. ¿Sabéis lo que pasa, mortales, cuando tienes un ligero sobrepeso y bajas un poco?
OH QUÉ GUAPA ESTÁS
Que viene a ser droga dura cuando ansías la aceptación de tus semejantes. ¡Has hecho algo bien! ¡Albricias! ¡DADME MÁS! Y, como cualquier droga, una vez empiezas a pasarte ya pierdes el norte y acabas en una espiral de odio y autodestrucción de la que no hay forma de salir sin ayuda profesional y, en muchos casos, cambiar de familia.
No es que los medios de comunicación tengan toda la culpa del mundo de que la gente se odie y sienta que da asco y que debe cambiar para gustar y poder sentir un poquito de aprobación de sus semejantes, pero coadyuvan. Y mucho. Y tragarte toda tu santa vida intereses románticos femeninos que gastan como mucho una 38 no ayuda a que contemples la posibilidad de que con una 44 te vaya a mirar alguien con ojos golositos, y menos si tienes un entorno de mierda. Cuando hay un oasis, un lugar a salvo donde las gordas aparecen siendo amadas y deseadas... Venir a echarle lava hirviendo al adaptarlo en pantalla es confirmar tus sospechas: no, nadie quiere ver tus michelines. Escóndete. Das más miedo que un troll.
7. Recogiendo los bártulos.
Sienta muy mal lo de sentirse inadecuado y aunque sería maravilloso que todos tuviéramos la fortaleza mental para que nos diera igual todo, incluso nuestro entorno sociocultural, al final nos construimos basándonos en lo que nos rodea. Si nos rodean mensajes de mierda y aprendizajes de mierda, hay un chorroporciento de posibilidades de que acabemos sintiéndonos como una mierda. Estaría bien que disminuyesen, por lo menos, los mensajes de mierda, en la medida de lo posible. En estos dos casos, con Art3mis y Sybil, se ha perdido la oportunidad de acabar con un mensaje de mierda, y es bastante triste.
Llevo toda mi puñetera vida escribiendo. No exagero. El primer cuento lo escribí el verano que cumplí ocho años, pero ya había puesto por escrito -con la ayuda de mi madre- algunas obras de teatro de creación propia los dos estíos anteriores. La culpa la tuvo un teatrito de títeres que me trajo mi padre de Italia, cuando se fue a investigar para la tesis, y que se convirtió en el escenario para que mis pones lucieran sus dotes de interpretación. Recuerdo una de ellas: El buscaestrellas. Sé qué poni la protagonizaba, pero no tengo muy claro el argumento.
Siempre he estado imaginando historias e inmortalizando en palabras alrededor de un 20 % de ellas. Siempre. Cuando me ha tocado atravesar realidades de mierda de las que no te puedes escapar, he usado la escritura y la creación de mundos como arma y escudo, refugio y sanatorio mental. Es una forma de vivir. Casi, diría, de ser. Al final, el trabajo remunerado sirve para subvencionar el tiempo de escritura. Cuando digo "soy escritora" no me refiero a que escribo cosas y se publican. Me refiero a que respiro, siento y vivo a través de palabras, historias, voces narrativas, tramas y subtramas. Entiendo el mundo en forma de historia y creo mis mundos a la medida de las historias que necesito contar. Me he dejado las pestañas exprimiendo todas las posibilidades del castellano para subyugar el rebelde y mezquino idioma a mis deseos, persiguiendo la excelencia gramatical, ortográfica y sintáctica, aquella que permita la precisión quirúrgica dentro de su complejidad. Aspiro a dominar la forma para poder jugar con ella de todas las formas posibles. Quiero poder decir, al contar mis historias, exactamente lo que quiero decir.
Y quiero que todo este trabajo no se note cuando dichas historias sean leídas.
El año pasado, cuando publiqué Tailwhisper en Amazon, culminé un proceso de "aprender a autopublicar" que, gracias a los dioses, no fue tan terrible como prometía al principio, gracias a que Amazon está preparado para que cualquiera con un mínimo de alfabetización digital y comprensión lectora sea capaz de maquetar un libro de tapa blanda y pinchar en cuatro o cinco sitios para que su texto acabe convertido en ebook. A poco que hurgues por internet sobre maquetación para pobres que no tienen para pagar a profesionales aprendes lo básico de viudas y huérfanas y demás, y a poco que cojas un libro de verdad bien maquetado y le saques las tripas al procesador de textos para averiguar cómo se hacen las cosas, una es capaz de hacerlas por sí misma.
Lo mismo con el tema portadas. Cuando no tienes para pagar a un profesional, tienes que arremangarte y conocer tus límites y rezar para que el programa de manipulación de imágenes haga lo que tú quieres que haga. Aprender.
Del booktrailer de Tailwhisper no se habla. Es como la cuarta historia. De mayor quiero un ordenador que funcione y no se cuelgue con más de dos pistas. Qué cruz.
El conocimiento y la práctica te acaban dando independencia y la independencia te da una libertad preciosa. Con dicha libertad, que te permite no tener que confiar en una editorial que haga esas cosas que tú no sabes hacer, te puedes permitir además el lujo de rebelarte. De hacer lo que te dé la gana. De dejarle la tilde al sólo porque en la RAE también hay legales malvados que supeditan la eficacia de la lengua a la uniformidad de la norma y no te da la gana tragar con gilipolleces en tu propio texto.
No ha tenido que venir nadie a decirme que me merecía intentarlo o que era lo suficientemente buena como para presentarme a concursos y mandar manuscritos a saco. He metido la cabeza como finalista en los Ignotus y en el Domingo Santos. Me han seleccionado en el Visiones. He publicado en editoriales variopintas. Me han intentado timar diciéndome que comprometerme a comprar 200 ejemplares no era coedición. Me han pirateado libros que estaban gratis en mi web. Han venido a explicarme con condescendencia lo que acababa de escribir. Me han rechazado manuscritos educadamente, sí, pero han pasado de mi culo cuatro veces más. No tengo agente. No tengo contactos, y aquí entra una vez más la rebeldía.
No quiero caerle bien a nadie.
Entendedme. Quiero ser irrelevante con respecto a mis libros. Mis historias son las que valen la pena, las que se merecen salir al mundo, independientemente de que las haya escrito yo. No quiero que ninguna editorial me publique porque soy la sobrina de alguien o porque vengo recomendada por su cuñá. A día de hoy, los libros se venden básicamente en función de lo bien que caiga el autor y lo que interaccione en redes. Mi salud mental y mi amor propio no aguantan eso. Y tampoco pasa nada. Es una decisión que he tomado conscientemente: no me dejo la vida perfeccionando mi literatura para que luego vengan a tocarme los cojones.
Porque, hijos míos, soy escritora. Escritora, no publicista, ni famosa, ni simpática. Lo mío es escribir; lo de vender lo que escribo mediante las formas que imperan ahora mismo ha sido sopesado y desechado. No me vale la pena. No quiero compartir trocitos de mí en redes para que lectores potenciales decidan que les caigo bien. No quiero ir a convenciones para darme a conocer a editoriales a ver si les caigo bien. No quiero que me publiquen para cubrir un cupo de personas con tal configuración cromosómica. No quiero tener que airear mis convicciones morales u opiniones políticas en redes para que lectores potenciales y editoriales decidan basándose en ellas si soy digna de ser leída o publicada, ni para unirme a la sensación de pertenencia cada vez que salte la causa de la semana, ni pasar por el aro de ser "uno de nosotros" para ser relevante.
Esto tendría que haberse llamado "el cursus honorum del escritor en los tiempos del social media
sobre persona humana", óleo sobre lienzo, en vez de "The Nightmare", de Henry Fuseli.
La libertad y la rebeldía tienen un precio y, en este caso, es el de no vender libros. Si junto las regalías de la autopublicación no me da para pagar un abono transportes mensual. Si hago una montaña con la salud mental ganada desde que descubrí que me estaba forzando a tener una "carrera" y a que me publicaran y a hacer todas esas cosas de las que está internet lleno de ESTO TIENES QUE HACER PARA SER ESCRITOR DE ÉXITO y lo mandé todo a tomar por saco, el Kilimanjaro se me queda chiquitito.
No me da la gana dejarme la vida en cambiar un sistema que me parece aberrante, ni tampoco dejármela quejándome porque dicho sistema es aberrante, así que decidí largarme y alejarme de todo aquello. Porque soy escritora, no justiciera social ni heroína de ninguna clase. Y soy libre, por fin.
No perdáis el tiempo intentando caer bien si lo que queréis es escribir. Si lo que queréis es caer bien, mira, que los dioses os amparen.