miércoles, 29 de abril de 2020

De bizcochos, azaleas y que pasen de tu culo

Te pasas toda tu vida trabajando sin remuneración alguna en tu pasión artística y, cuando al fin la cristalizas en algo tangible, parece que a la gente le da igual. O te dicen que "es muy bonito".
¿Qué pasa cuando pasan de tu culo?


¿Tú para qué haces lo que sea que hagas?
Voy a usar aquí fundamentalmente el "escribir" porque es de lo que va mi chozo, pero se puede aplicar a cualquier disciplina: bailar, dibujar, cantar, colgarte de un trapecio por los dedos de los pies, componer, el macramé... Cualquier cosa que te apasiona y a la cual hay que dedicarle años de aprendizaje para alcanzar un cierto dominio y una práctica constante para desarrollar su maestría.
Normalmente, además, le dedicamos el "tiempo libre" a esta cosa que nos apasiona, de forma que se va filtrando progresivamente en el concepto de ocio y te acabas sintiendo culpable el día que llegas reventado del curro y en la hora libre que te sobra tras la higiene, el tema hogar y las cosas urgentes no eres capaz de escribir. Esto es otro tema, pero viene bien para ilustrar que es algo en lo que tienes invertida mucha vida. Probablemente se haya filtrado, además, en tu identidad. Si te quitaran la escritura, ¿qué quedaría de ti? ¿Serías sólo el pobre cajero de supermercado que ahorra todo el año para poder pegarse un viaje de semana y algo en septiembre?
Hay mucha inversión emocional en la pasión de uno. Si eres un proletario que trabaja ocho horas por un sueldo en algo que ni te va ni te viene, adquiere una importancia aún mayor. Puede que llegue un momento en que sientas que eres lo que haces.
Y por eso duele en el alma que no le importes a nadie.

Qué viaje nos acabamos de pegar, colegas.

Si te has sentido identificado con toda la parrafada anterior, mira, lo siento. Been there, es una mierda, pero la buena noticia es que se puede entrar ahí con una guadaña, ponerse uno a segar broza y quedarse nuevo. Spoiler: no tenemos ningún control en lo que le gusta o le deja de gustar a los demás. Lo que le gusta y le deja de gustar a los demás no tiene ningún poder sobre tu identidad. LOS DEMÁS NO ESTÁN MINANDO TU IDENTIDAD PORQUE LES DÉ IGUAL TU LIBRO. La calidad de tu trabajo es independiente a que le guste a la gente o no.
Yo sé que nos encantaría a todos poder compartir nuestras pasiones con la gente que consideramos nuestros amigos o familia y sentirnos reconocidos y tal, pero es altamente probable que eso no pase. No es porque te quieran menos. La gestión de tu identidad como persona que escribe es responsabilidad única y exclusivamente TUYA. ¿Que a los demás les chupa un pie? Pues mira, tienen todo el derecho, toda la razón del mundo, si les chupa un pie. Si además te dicen "qué bonito" igual hasta están intentando hacer el esfuerzo de mostrarte que les importas aunque lo que hayas escrito les chupe un pie.
Tenemos una fantasía muy clara (y perniciosa) de dedicarle tiempo algo, dar lo mejor de nosotros, compartirlo con el mundo, y recibir una recompensa a cambio. Ya hablé de las dichosas recompensas que nos imaginamos. Y mira, no. Vuelvo a la pregunta del principio:

¿Tú para qué haces lo que sea que hagas?

1. Yo lo hago por el reconocimiento y la admiración. Bueno, pues entonces cambia el chip e investiga lo que le gusta a la gente y dáselo. No puedes obligar a nadie a que le guste el macramé. Si sólo lo haces por el reconocimiento y la admiración, prueba a subir selfis o fotos de tu gato a redes sociales varias. Verás como suben los likes.
2. Yo es que quiero sacar dinero de esto. Bueno, pues entonces cambia el chip e investiga lo que le gusta a la gente y convéncela de que te paguen por dárselo. Si a la gente le gusta el ganchillo y no el macramé, no tienes derecho a cabrearte porque no te compren el macramé. Vuélvete empresario.
3. Yo lo hago porque me mola. Entonces, ¿qué tiene que ver la gente en esto?

A este último grupo es al que sigo hablando. El resto, ya os podéis ir a hacer estudios de mercado, gracias por venir.

Spitzweg, El poeta pobre.
Viene a representar el público objetivo de esta entrada.

Duele que pasen de tu culo

Duele que pasen de tu culo porque en nuestra cabeza significa cosas. Que no nos quiere nadie, que somos una basura en lo que hacemos, que nos convierte en insignificantes, que inserte aquí mierdas aprendidas probablemente en la infancia o etapa escolar a base de malinterpretar estímulo-recompensa. Mira, sí, la gente va a pasar de tu culo. No tiene por qué ilusionarle lo mismo que a ti. Tú quieres que te acepten con tus ilusiones, acéptalos a ellos con sus no-ilusiones. No te cabrees con tus seres queridos porque no les mole lo que haces, porque entonces lo que estás haciendo es esperar tener un club de fans y que se comporten como lo harían en tu fantasía, pero es que son personas. Independientes. No están ahí de bulto en tu historia para aplaudir cuando hagas tu entrada triunfal. No son atrezzo.

Es que es muy solitaria la vida del artista y nadie me comprende

Oh, no me importa que no me hagan caso, yo es que soy como un Van Gogh amargado anhelando una comprensión megacósmica entre iguales, un incomprendido, un alma singular. A ver. Otra vez: que no. Que nadie te debe nada. Guardarle rencor al mundo porque no entiende tus chistes está muy feo. Te has imaginado personas que no existen y quieres que tu prima Paqui y tu cuñá Loli encajen en esas personalidades ficticias que te gustaría, pero la Paqui está consagrada a la horticultura y le cabrea que le digas que sus azaleas "son bonitas" después del currazo que le ha puesto a que no se le mueran, y la Loli sólo lee thriller de terror y le enerva que no distingas que ha cambiado de harina en el bizcocho que te ha traído esta semana, porque el tiempo que le dedica a la repostería parece caer siempre en saco roto y todo el mundo pasa de su culo.

Y qué hago

Igual suena muy budista (o estoico, no me acuerdo, al final todos los rollos de responsabilizarte de las cosas que están dentro de tu control vienen a ser lo mismo) pero lo más sano es controlar las expectativas. Ser conscientes de todo lo anterior. Leer a Marco Aurelio. Reforzar tu autoestima, incluso terapia mediante, viene muy bien para la vida en general. Quejarte menos. Pretender que la gente te admire cuando estás haciendo algo sólo para ti no es realista.

Vaya, he vendido dos libros, pensaba que iba a gustar más, bueno, ha quedado muy bien, para la próxima voy a mejorar esto y esto. Ostras, Paqui, qué hermosotas tienes las azaleas; Loli, qué rico el bizcocho. Qué buena tarde se ha quedado.

viernes, 13 de marzo de 2020

De romanticismo, fantasía y poetas muertos

Pues he publicado otra cosa.
Se llama Libro de horas de las oscuras golondrinas y es una arenga romántica al amor, la magia, la historia, la poesía y lo sublime. Pero, mejor, vayamos por partes.

Vi un anuncio de un concurso de novela romántica y tuve uno de esos arranques de "no hay huevos" como el que dio origen a La suerte del Dios Hambriento y a Tailwhisper. ¿Por qué no escribir una novela romántica pero... romántica de verdad? Es decir, con todos esos elementos que la hagan digna representante del Romanticismo, no de encoñamientos tóxicos baratos que echan por tierra el noble concepto de amor y lo convierten en una espuerta llena de celos, triángulos y mentiruscos atados con piedras que se empeñan en meternos como "historias de amor" (y que tanto nos indignan en esta casa).



No, se puede hacer de otra manera. Se puede escribir una historia de amor con un conflicto que no implique andar engañando a nadie, que acabe bien, que tenga su punto de aventura, que explore la melancolía de las ruinas, que mire al pasado con nostalgia y cierta exaltación, donde lo sobrenatural ocupe un lugar destacado, el terruño tenga preponderancia, la poesía sea más poderosa que la violencia y la voz narrativa tenga una excusa para todos los retruécanos habidos y por haber.

El escenario

Libro de horas de las oscuras golondrinas se desarrolla en Toledo, en marzo de 1864. Esta novela me ha exigido cuatro veces más trabajo de documentación que nada que haya escrito hasta ahora (y eso que Tailwhisper me hizo ponerme en biología a marchas forzadas). Y es que no quería inventarme sitios que no existiesen en 1864 ni llamar por otro nombre a edificios que en ese momento tenían otra función (como el Hospital de Santa Cruz).


Grabado de Guesdon que he utilizado para la portada.

Mi madre, Sixto Ramón Parro, Julio Porres y el blog de Toledo Olvidado han sido mis fuentes más consultadas. ¿Qué pinta tenía el Alcázar? ¿Se habían cargado ya la puerta del Alcántara? ¿Qué tipo de vegetación había en el Valle? ¿Se podía llegar andando a tal sitio? ¿Estaba abierta esta iglesia? De verdad, en cuanto te importa un poco el rigor histórico se sale la cosa de madre.
Además, ¿cuál era la moda en 1864? ¿Cuánto la seguirían en Toledo, que eran cuatro piedras asoladas por la despoblación? No sé si sabéis algo de moda del siglo XIX, pero es una pesadilla de cambios y crinolinas y faldones y corsés y llevar la cabeza cubierta o no. Encajes, pañuelitos, abanicos: luego nos extrañamos de la actualidad, pero es que menudo bagaje traemos.

La historia

Como la intención de esta historia era ponerse romántica de verdad, no tuve ningún problema a la hora de remangarme y sacar visigodos y romanos a pasear, remanentes nórdicos traídos por los primeros, problemas mediterráneos heredados por los segundos; ¡mitología, Magna Mater, córvidos odínicos, Erinias! ¡Que no falte de nada! Por no faltar, que no falten tampoco los personajes históricos: ¿dónde estaba este señor en 1864? Ah, ¿que estaba en otro sitio pero justo en marzo hizo un viajecito a Madrid? Bueno, está a un tiro de piedra, y sus biógrafos no pueden saberlo todo...

El libro

El libro es una historia de amor con ambientación fantástica urbana decimonónica. La historia de amor es de amor; de dos personas que se enamoran y un amor que triunfa sin mentiras, monsergas ni autoengaños. Si por el camino tienen que superar casi dos mil años de familias enfrentadas y encargarse de una profecía ominosa, eso sólo redunda en la fortaleza del vínculo que se crea.
Está lleno de referencias históricas (Bizancio, Roma, el mundo visigodo e hispanorromano, mitología griega, el filioque...) y artísticas, así como de lugares el Toledo del siglo XIX.
La voz narrativa también se ha escapado al siglo del Romanticismo; es mucho más poética que en otras obras tanto por la profusión de metáforas como por la utilización sin cortapisas de formas literarias variadas que suelo desechar en otro tipo de novelas por recargadas. Este ha sido un libro donde soltar la señora becqueriana irredenta que llevo dentro y desemelenarme, abusar de subordinadas y de hipérboles, sacar sustantivos y adjetivos de los sótanos del diccionario... No sé si podré reponerme de esto y volver a un uso certero como en Tailwhisper.

Una vez metes el pie en el Romanticismo, no puedes sacarlo. Sólo queda aceptarlo y hundirte en él a tiempo completo; disfrutar de lo sublime y poner el alma en cada verso de la existencia, olvidarte de las medias tintas y sentir, a tiempo completo, la gloria exacerbada de la creación.

Pincha en este enlace para comprar el libro en tapa blanda.
Pincha en este enlace para comprar el libro en formato electrónico.