Mostrando entradas con la etiqueta Rebeldía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rebeldía. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de abril de 2023

La canción de las Flores Dolientes

Una leyenda, una crónica y un himno que se suceden para guiarnos desde las estribaciones ignotas del cosmos hasta las profundidades insondables del alma humana en una espiral áurea que se convierte en el camino hacia la libertad.

Ahí es nada.


Esto es una bestialidad. No me había metido nunca en una estructura semejante; no me había propuesto nunca antes crear una saga de esta magnitud (no, Mosgaira no es una saga, es un libro muy largo que he tenido que cortar para que fuese manejable). Las tres historias de las Flores Dolientes, aunque formen parte de la misma epopeya, podrían leerse de forma independiente.




Khad: el bastión de los exiliados

Cuando me puse a escribir «La leyenda de la bailarina ciega», toda ilusionada intentando que fuese una historia de terror forestal, no me imaginaba que iba a llegar a donde he llegado. Ya veis; esta novela con su vashi y su hechicera y su clamor por enfrentarse a la tradición y la sociedad es una historia juvenil de las de buscar tu lugar en el mundo y que dicho mundo te dé en los hocicos con la realidad. Es una experiencia iniciática, con sus personajes fuertes, sus bichos extraños y su tonelada y media de magia, que para eso es fantasía. No me imaginaba yo en lo que se iba a convertir ese mundo que estaba creando cuando me diera por hurgar en el pasado del Aedo, de Loba, de Ignoto y de las Aberraciones.


El exterior de la espiral áurea se había trazado: la rebeldía comienza, de forma natural, contra las imposiciones exteriores. A veces no sabemos lo que queremos, pero sí tenemos claro lo que no queremos. No me voy a cansar de repetir que darle patadas a lo establecido a ver si se sostiene es el ejercicio más sano que uno puede realizar desde que la curiosidad por la sociedad en la que vive se despierta. Gracias a la Ilustración y al contradictorio siglo XX, hay algunos lugares del planeta donde puedes decir lo que piensas y pensar lo que quieras y salir vivo de dicha ordalía, aunque no sea gratis.


Acramant: la cárcel de sal

Los primeros borradores de lo que luego sería «Crónica de la Ciudad Baldía» querían ser una historia de zombis. Una vez más, mis intenciones iniciales se quedaron en agua de borrajas en cuanto apareció en personaje de Sueño, que se convirtió en vehículo de una lucha (o varias luchas) de las que iba a tener que acabar hablando tarde o temprano.


Hacía meses que Sueño Caraminth no se miraba en un espejo.

Avanzó lentamente por la penumbra del pasillo, haciendo a sus dedos rozar la pared levemente. Ya no canturreaba. El sonido de sus yemas contra el mortero de sal, junto al susurro quedo del camisón blanco con cada paso, era lo único que podía oír. Eran sonidos inofensivos. No podían convertirse en palabras. No significaban nada.

Cuando llegó a la puerta, se llevó los dedos a los labios y sacó la punta de la lengua para lamerlos, lo suficiente como para saborear la sal que se había quedado en ellos. Se tranquilizó un poco. Había un cierto consuelo en ese gesto, que aún le pertenecía. Le dio la fuerza suficiente como para empujar el picaporte y salir.


Había un ruso deprimido que decía que cada familia es feliz igual pero desdichada a su manera, y otro ruso deprimido (u otra persona humana, no me acuerdo) que decía que era justo al revés; que todos somos miserables igual pero felices de forma distinta. Cualquiera de las dos es muy poética, sí, pero terriblemente generalista. Cualquiera que se haya comido una depresión sabrá por lo que pasa Sueño Caraminth.

Estaba atándome los cordones de las botas en la oscuridad previa al amanecer de Glasgow en un mes infernal en el que no veía la luz del sol de lunes a viernes cuando entendí cómo se enlazaban los Caraminth y sus movidas genéticas, las semillas del Museo y las Aberraciones. Vivo por momentos así en los que todo encaja. Me di cuenta de la magnitud de la historia y cómo estaba todo ahí ya. Vi claro que el oponente natural de la rebeldía tras haberse enfrentado a la sociedad era la familia. Era la evolución orgánica de la historia.

Familia extensa, primos, tíos, abuelos; el amor a pesar de la incomprensión, la impotencia, las rencillas más viejas que el hambre, las consecuencias de los actos de nuestros predecesores... Me sigue pareciendo un milagro lo bien que lo lleva la gente. Lo de las expectativas familiares sí que es una historia de terror.

Esto no me atrevo a llamarlo juvenil. La amargura que destila requiere el desencanto que acaba, precisamente, con la juventud del espíritu. No es el descubrimiento de lo desconocido, sino la verdad tras un hartazgo fruto de la frustración de una madurez decepcionante.

Habiendo desbrozado también esta parte de la senda, no queda más que un obstáculo: el final boss de cualquiera que intente encontrarse a sí mismo de verdad.


Himno: el enemigo en el espejo

El rizo final del interior de la espiral, el más íntimo, el que pudiera parecer más pequeño pero no es en realidad más que una insinuación del infinito: el individuo.


Las fronteras que nos creamos solitos, los obstáculos que nos colocamos en el camino y la ceguera a todo ello son el mayor enemigo al que uno se puede enfrentar. Hace falta una chispa especial para rebelarte contra ti mismo y mandarte al carajo. Duele mucho mirarte en el espejo y descubrir el catálogo de estupideces que has hecho. Lo normal es salir por peteneras, intentar justificarlas o negar la mayor; qué dices, nunca hemos estado en guerra con Eurasia. Los extremos a los que uno llega para no enfrentarse a las consecuencias de sus actos son alucinantes. El miedo, la vergüenza...

Una vez más, es Sueño el vehículo principal al final de este viaje. Estando tan rota como está, llegando a los extremos a los que llega para intentar huir del dolor, logra sin embargo aferrarse a una esperanza terca. No es que sea un modelo de conducta, pero consigue reconocer los cambios de actitud necesarios para salir de su propia zanja y los sigue. Y no es fácil.

Esta iba a ir de pastores y no era parte de la saga siquiera, por cierto, pero en cuanto aparecieron los ratones supe cómo encajaba todo también.

Es una lucha solitaria, algo que nadie más puede hacer por ti. Cuando la tragedia definitiva se abate sobre Arcania, el Sueño quien toma las riendas, a pesar de llevar dos libros quejándose de que si quiere que algo salga bien tiene que ser ella quien se responsabilice del asunto y lo harta que está de ello. Y, para ello, tiene que pasar por enfrentarse a sí misma. Y no es bonito.

No sé si esto acaba bien o no.


Las flores dolientes

Combatimos al Enemigo allá donde esté, en el ser amado y en la inocencia rota.

El Enemigo, en forma de entidades hambrientas que buscan alimentarse a cualquier precio, encarna una serie de terrores que pueden encontrarse en cualquiera: egoísmo, desprecio absoluto por el derecho a existir de los demás, mentiras, manipulación, aprovecharse de la gente, socavar las relaciones interpersonales ajenas, retorcer la realidad... Es un poco bestia, pero terriblemente real, cuando puedes meter en el mismo saco a personas de tu día a día y a dichas entidades cósmicas chungas.

Estamos rodeados de monstruos. Igual somos monstruos también.

Hay una dualidad constante en esta historia, una que se coló también en Libro de horas de las oscuras golondrinas: la que enfrenta dos enfoques posibles a la hora de "combatir al enemigo". La destrucción se contrapone a la enmienda. Es un tema constante en la vida diaria, una decisión que no nos abandona y que hay que tomar a cada paso, ponderando cuándo no vale la pena invertir más esfuerzo y arreglar nada y es momento de optar por la destrucción.

Los hechiceros pueden permitirse el lujo de elegir entre expulsar o destruir, pero una vashi que quiera proteger su bosque, no. Ni aunque se haya criado como trampera del Arte y no mate por razones mezquinas. Los Caraminth, que se han pasado generaciones diseñando protocolos para salar cultivos y quemar ciudades cuando se desata la plaga, guardan sin embargo con celo las últimas semillas de árbol doliente, pese al peligro que suponen. Es Sueño Caraminth quien encuentra la forma de curarlas, y es Sueño Caraminth quien es capaz de imaginar la única salida para que el Duque deje de ser una amenaza.

Es mucho más fácil destruir, sí, pero no tiene por qué ser lo más justo.

La espiral áurea de rebeldía analiza primero y destruye, arregla o acepta según el resultado de ese análisis. La canción de las Flores Dolientes no es más que una historia sobre la vida.


Así que, queridos nematodos, bipedestantes y efímeros mortales, aquí está la saga entera. Que disfrutéis de la lectura.

miércoles, 15 de marzo de 2023

De mitos, héroes y ratoncitos

 Sé que dije que solamente volvería a escribir en el blog si algo me cabreaba lo suficiente, pero hete aquí que ha pasado lo contrario_ algo me ha entusiasmado lo suficiente como para venir aquí a fliparme con las cosas bien hechas.

Agarraos.


Ea.

Os presento una historia que aúna lo mejor del viaje del héroe con una aproximación a la mitología clásica ejemplar (sobre todo en esta época de gente que confunde los retellings con freír tocino) y ratoncitos. Va a ser muy difícil que me guste más una peli en esta vida. En serio, volví a tener seis años mientras la veía en el cine. En España se estrena el 12 de mayo, así que ya estáis haciendo hueco para llevar a vuestros cachorros a verla, porque es un tesoro. Una joya. Y vosotros, adultos con un pie en los ochenta y una pata en los noventa, vais a pasároslo pipa también.

Los dioses se comportan como dioses: Poseidón picado con Zeus, Zeus siendo un capullo integral y Hera protegiendo a los "Argonautas". Se usan los elementos de la historia de los Argonautas con sabiduría (los dientes de la bicha, para empezar).

Y (chúpate esa, Wincklemann) la arquitectura griega es históricamente acertada: tiene colorines. Colorinchis tintalux. Qué feliz fui al verlo.

Además, los personajes ratoniles y animales no son para estrangularlos con el cable del teclado. Lo divertido es divertido y no grotesco. La evolución de Patti y su padre es muy natural y la gaviota, que tenía todas las papeletas de ser otro burro de Shrek, es gloriosa.

Ah, y en Siracusa espera una sorpresa que me encantó. Y la banda sonora. Ay, la banda sonora. No sé si he visto una banda sonora en cierto momento culminante, con sus referencias, tan bien utilizada en la vida.

Eso. Que vayáis a verla. Recordad que os la recomendé yo primero.

jueves, 18 de marzo de 2021

De autopublicación, icebergs y coscorrones

 La expresión "perdonar el bollo por el coscorrón" es preciosa. Gráfica. Perfecta.

Vamos a hablar de lo que no se habla nunca, que es de pasta. Y de ventas. Una cosa muy guay que tiene autopublicar en Amazon son los históricos de ventas. De verdad, igual es el mal encarnado, pero para autopublicar te soluciona bastante la vida, todo es intuitivo y fácil.

El histórico de ventas dice que he vendido un total de 52 libros en su plataforma.

¡Cincuenta y dos libros como cincuenta y dos soles! Yo, que no vivo de esto y paso deciséis millones de kilos del tema mercadotécnico, considero un éxito absoluto semejante cifra.

En total, me ha reportado unos sesenta y tantos euros en cinco años, menos de lo que me costaría un bono transporte mensual para ir al curro donde vivo ahora, pero lo de los dineros no es el objetivo principal. Lo saco a colación por poner un poquito de perspectiva con respecto a la gente que sí depende, en mayor medida, de vender libros para pagar las facturas. Teniendo en cuenta que las regalías de Amazon tienden a ser mayores que las que te dan las editoriales, echad un cálculo de la paliza que se tiene que pegar la gente que pretende vivir de escribir para no morirse de la ansiedad.

Cuando he publicado con editorial y he recibido ejemplares de cortesía, los he repartido entre colegas y bibliotecas alegremente; autopublicando, me cuestan dinero los ejemplares de autor, así que tengo que pensarme mucho si pillarlos y a dónde mandarlos.

Obviamente, las ventas podrían subir muchísimo si tuviera cuartos para invertirlos en publicidad, me dedicara al networking, volviera a Twitter y me "diera a conocer". Señor, qué pereza más grande. Y no ya pereza: no me vais a apear del burro ya del hecho de que hemos entrado en una etapa en la que, con esto de la cancelación y las relaciones parasociales y el poder de enfurruñamiento de las redes sociales, el producto a vender no es tu obra, sino tú mismo. Si no te pronuncias sobre los temas de actualidad, si no tomas partido -y más te vale tomar partido adecuado- por la causa del día, es como que el público no sabe si eres digno de que te compren lo que sea que estés vendiendo. Aunque lo que estés vendiendo sea la hostia.


Y paso. Paso mucho, no sabéis cuánto. Si esas son las reglas para vender, mira, me quedo con mis cuatro colegas que me leen y se flipan con mis historias y todos tan felices, empezando por mi salud mental.

Luego hay más. Para lograr visibilidad, tienes que jugar con las reglas de los algoritmos, que cambian de plataforma a plataforma. Palmar pasta siempre funciona, pero ante su ausencia siempre puedes bajarte los pantalones darle al algoritmo lo que le gusta a ver si se lo enseña a más gente. A Facebook, como su nombre indica, le gustan las fotos donde se vea una cara. Que manda huevos, colega, qué gónadas tendrá que ver eso con los libros. Bueno, pues la publicación que más alcance ha tenido nunca en la página de Facebook de M. C. Arellano fue la foto que subí firmando en Sant Jordi, donde se me veía con el libro. Oye, mano de santo. 

Los enlaces los odia. Subir un enlace a Youtube o al blog le cabrea mucho. No le mola nada que pongas puertas que vayan a sacar a los usuarios de su hondo, supongo que por si luego no vuelven.

A Twitter le mola que interacciones con otros usuarios. Cuanto más retwitees, te retwiteen, etiqueten, respondas y demás, más te saca. Urticaria me entra de acordarme y de pensarlo. A Tailwhisper, que tiene un fondo de marrullera chunga de barrio que asusta, le habría encantado Twitter. Se habría dedicado a partirle los hocicos dialécticamente a toda la gente que viniera a decirle lo equivocada que está sobre lo que fuera. A mí me entran sudores fríos. No, paso.

Aquí la verdad es que podría mover un poco el culo y currarme un poco más el SEO, pero es que es otra vez modificar el contenido para satisfacer a los dioses de la búsqueda. Y sí, me pasa como con lo de la RAE de formular las oraciones de manera que su idea pésima de quitar la tilde del "sólo" tenga sentido: no me da la gana pasar por su aro, porque yo la estructura que quiero seguir es la que es. Sembrar esto de palabras clave y hacer entradillas me aburre profundamente. Ciñéndome a esa mierda no habría podido, por ejemplo, empezar esta entrada como lo he hecho.

Y así puedo darle una estructura circular a este texto, volviendo a esa primera frase: qué hermoso es ser consciente de que perdonas el bollo por el coscorrón. ¿Queréis ser libres, rebeldes, ignorar el yugo de las redes? Este es el precio, aquí lo tenéis.

miércoles, 24 de febrero de 2021

La leyenda de la bailarina ciega

Y con esto y un bizcocho, otro libro que sale a la luz.




Es, como casi todo lo que escribo, una novela de fantasía. Para mí fantasía significa magia, todo aquello que está fuera de las reglas de la física de nuestro mundo. Tratar con la magia en la literatura puede servir tanto para crear las reglas de tu propio sistema mágico como para explorar las implicaciones de una magia que no se entiende, que no tiene normas o cuyas normas no se explican, y que por tanto no puede ser domeñada y es mucho más imprevisible.

Situar una historia en un mundo diferente al nuestro también sirve para jugar con la sociedad. Poder crear de cero la historia de una civilización y explorar qué caminos se pueden haber tomado es un ejercicio fascinante y no exento de peligros, ya que tienes que procurar que todo encaje de forma coherente, o te caes con tól artesonao.


La ficción es el campo de pruebas por excelencia para la exploración de los temas peliagudos a los que el ser humano se enfrenta mejor protegido por lo simbólico. Así, la Fantasía, tan denostada como desconocida, invisible aunque dance a plena vista desde los mismísimos comienzos de la literatura universal, es una herramienta y un medio imprescindible a la hora de atreverse a tantear nuevas ideas, nuevos enfoques, nuevos mundos. Puede tanto reflejar de forma cruel y descarnada nuestra realidad actual, haciéndonos apartar la mirada de este espejo con dolor al reconocernos en la crueldad que esgrime, como abrir una ventana a formas nuevas, mejores y más arriesgadas de enfrentarnos a la realidad.



La canción de las Flores Dolientes

En la saga de las Flores Dolientes se reflexiona sobre la búsqueda el camino propio, que no es tan simple como pudiera parecer.

El peso de la tradición no es siempre sencillo de llevar. Es fácil amoldarse a los usos que siempre se han dado sin cuestionarse por qué son las cosas como son, sin plantarse uno a analizar si de verdad es lo mejor, lo más adecuado, lo más práctico, lo más justo. La aprobación del rebaño que no se cuestiona lo establecido es cómoda y plácida.

A veces surgen voces críticas con los usos y costumbres tan arraigados que se dan por sentados; incómodas, incisivas, peligrosas. Los cambios no son fáciles. Tener al lado a alguien que exhibe un criterio propio insultante basado en análisis y razonamientos que los demás han pasado por alto con ahínco resulta, muchas veces, en una cerrazón producto de la vergüenza.

La canción de las Flores Dolientes se entona en estas voces que desafían lo impuesto y que pagan el precio con su sangre, su cordura o su misma existencia. Esta canción se compone de una leyenda, una crónica y un himno que transcurren en un mundo tan olvidadizo como el nuestro, tan ciego a su pasado y tan apegado a la ignorancia que pareciera que la verdad es un veneno que hay que evitar buscar a toda costa.

Este primer volumen, La leyenda de la bailarina ciega, plantea este conflicto desde la mirada de sus dos personajes principales, Ari y Avnia, de las que hablaremos más adelante. Cada una se enfrenta a él desde un trasfondo diferente, a saber: la naturaleza, indómita, y la civilización, que trata de subyugar lo que está fuera de control.


Ari: la naturaleza y sus misterios

Ari se nos presenta en el primer capítulo como una niña que está aprendiendo a cazar con su abuelo. En seguida se nos revela que vive en Khad, un bosque vasto lleno de criaturas tanto conocidas como extrañas, con las que los humanos que viven en sus lindes, los tramperos, se relacionan de forma diferente dependiendo de en cuál de las tres facciones hayan nacido.

Las tradiciones de estas tres familias están bien establecidas, parecen inamovibles y antiquísimas. Ari pertenece a la familia de los tramperos del Arte, que se precian de ser capaces de desarrollar trampas con las que atrapar cualquier criatura sin hacerle el menor daño, sólo por el orgullo y prestigio que proporciona el ser capaz de hacerlo, los años de práctica que se requieren y la habilidad que hay que exhibir para conseguirlo.

Los tramperos de la Carne parecen menos románticos y se dedican a cazar toda pieza comestible que el bosque pueda ofrecer para comérsela. Los tramperos de la Sangre buscan en sus capturas la piel, para poder venderla, así que aprecian mucho las técnicas de los tramperos del Arte para conseguir la mejor calidad posible, pero obviamente los tramperos del Arte los desprecian por lo que consideran avaricia como motivo último de sus trampas.

El bosque, en sí mismo, es un entorno que se entiende como tan hostil como hospitalario para los habitantes de sus lindes. Conocerlo y respetarlo es un todo, pero no se puede conocer del todo un lugar tan grande que no se ha podido cartografiar aún. No hay más que leyendas sobre lo que aguarda en el corazón de Khad y lo que le pasa a quien se adentra en él. Se dice también que el tiempo es distinto en Khad, pero nadie tiene una explicación clara de qué significa eso. Hay versos sobre las vashie, pero tampoco nadie ha visto una en centurias.

La biodiversidad de Khad es el único misterio que la civilización está consiguiendo, poco a poco, desentrañar. Los padres de Ari trabajan en la universidad catalogando las especies que se van descubriendo en Khad; las habilidades de los tramperos del Arte para estudiar las criaturas son imprescindibles. Encontramos bestias conocidas, como los lobos, pero también un sinfín de seres que nos resultarán extraños: las garmotas, los gunda, los carebos, los cunis...

La inspiración para todos estos bichos ha venido de los bestiarios medievales y sus representaciones creativas de las criaturas tanto reales como inventadas. Un oso puede ser tan fantástico como una leucrota para un señor del siglo XI.



Es también en Khad donde se cuenta la leyenda que da título a este libro, y que explica por qué la luna cambia de posición en el cielo cada noche. Es posible que descubramos, a lo largo de la saga, cuánto tiene de verdad.


Avnia: la civilización y sus peligros

Avnia se nos presenta en el capítulo III lavando sábanas para subsistir en una ciudad extraña, a pesar de ser una hechicera formada en Hésteiggat, Arcania. Que levante la mano quien no conozca a alguien que terminó una carrera que le apasionaba y ha acabado trabajando de algo completamente distinto -y, potencialmente, subcualificado- para poder ganarse la vida después, al menos durante un tiempo.

Se nos dice que la falta de trabajo para los hechiceros radica en la desaparición de las aberraciones. Sin embargo, Avnia no se conforma y se adentra en la tundra, a pesar de que se dice que “fuera del Imperio no hay nada”. El pequeño gesto de Avnia, desafiando lo que “se sabe que es así”, es suficiente para desencadenar los acontecimientos que constituirán el núcleo de la saga.

Avnia, además, sabe lo que hace. Es competente y tiene ese impulso perfeccionista de hacer las cosas bien simplemente porque no hay otra forma de hacerlas. Su empeño sistemático en descubrir los problemas, encontrarles soluciones y ponerlas en práctica es fruto tanto de su entrenamiento como de su carácter, y es también muy “civilizador”: el poder hacerse cargo de los problemas otorga una falsa sensación de poder que puede derrumbarse al enfrentarse a lo que no se puede controlar, ya sea lo desconocido o la naturaleza salvaje.



Avnia se desenvuelve bien en el entorno lleno de reglas y protocolos donde ha estudiado, y precisamente porque lo conoce bien es capaz de romper con las normas cuando es menester. Sin embargo, se encuentra subyugada por quienes se han valido precisamente de ese mundo civilizado con sus mecanismos burocráticos para expandir una visión del mundo y la realidad que puede que no sea del todo verdad. ¿Es cierto que detrás del Imperio no hay nada? Será cuestión, también, de que lo descubráis según avance la lectura.



Magia

Me he acercado a la magia en esta novela desde los dos extremos del espectro, con la curiosidad de cómo podía hacer convivir los polos opuestos en la misma historia.

El primero es la magia académica, la que los hechiceros aprenden, investigan y desarrollan en Arcania, en un entorno académico y estructurado, casi burocrático. Es un sistema mágico nacido de una necesidad muy específica, la de sellar aberraciones, criaturas de otro mundo que se cuelan en éste creando el caos, para a continuación destruirlas o devolverlas al lugar del que proceden. Este sistema está basado en runas y matemáticas.

Tenemos la primera muestra en el capítulo V y, obviamente, veremos cómo se desarrolla más adelante. No he de decir nada más porque sería destriparlo. Digamos simplemente que la geometría es mucho más apasionante que el “base por altura partido por dos”.



El otro extremo del espectro lo representa la magia agreste y obscura de Khad, que te llena de preguntas para las que no hay respuesta sistematizada. ¿Qué es lo que acecha en el bosque? ¿Qué significa exactamente que el tiempo es distinto en Khad? ¿Por qué?

Explorar la reacción humana ante lo que no se puede explicar es bastante intuitivo, porque es lo que hemos hecho como especie durante milenios: inventarnos leyendas, dioses, explicaciones salidas de la imaginación para intentar ordenar el mundo en el que vivimos. Consuela pensar, a la hora de enfrentarse a una tormenta, que hay un dios cabreado lanzando rayos: es una respuesta. Como humanos, nos angustia muchísimo no saber lo que está pasando, hasta el punto de que preferimos una mentira o una fábula a aceptar nuestra ignorancia sobre el tema, porque nos deja completamente desvalidos ante lo desconocido.

Este ansia por respuestas lleva, paradójicamente, a establecer un vínculo con las explicaciones que nos inventamos -o las mentiras que nos cuentan- feroz. Cuando por fin aparece una explicación veraz a un misterio -¿cómo se transmite la peste bubónica?- la gente tiende a quedarse con la respuesta conocida, sea el castigo divino o cualquier otra historia peregrina como los “malos aires”, antes de aceptar las explicaciones de la ciencia, por ejemplo.

No hay que irse a la fantasía para encontrar ejemplos de esto, no hay más que encender la tele y poner el telediario.

Así, y de forma orgánica y sencilla, es muy fácil empezar a imbricar estos dos extremos a la hora de acometer la magia. Colocar a Avnia, con sus runas y sus polígonos, en mitad de Khad con todos sus misterios, es un experimento la mar de jugoso. ¿Podrá responder Avnia las preguntas que plantea el bosque? ¿Se enfrentará ella misma al horror de lo desconocido?

Obviamente, para descubrirlo tendréis que leerlo. Y me temo que tendréis que esperar al resto de la saga para encontrar el desenlace.

El último punto en este apartado sobre la magia es, como no podía ser de otra manera, la música. La música, al fin y al cabo, está sometida también a las leyes de la física -que se lo pregunten a los constructores del teatro de Epidauro- y puede traducirse, en cierta medida, en matemáticas. Que algo a priori tan frío e inamovible como las matemáticas se pueda entretejer con la música, que tiene tanto de alma y pasión para ser verdad, es un concepto fascinante que no podía faltar en esta historia donde la civilización y el orden danzan en armonía con el caos y la libertad del mundo salvaje.




Recapitulación

La leyenda de la bailarina ciega se adentra en lugares donde el tiempo es distinto y las leyes de la física se subyugan a otros poderes a los que no se puede poner nombre. Los cuentos son el poso de la memoria de un pasado terrible; la Historia misma ha servido a quienes la escribían para olvidar y hacer olvidar. Esta desmemoria colectiva disfrazada de conocimiento fiable despliega su peligrosidad a la luz de quienes se atreven a cuestionarla, desde el bosque a la tundra, con sus voces disonantes capaces de destapar realidades incómodas.

Esta novela es, en definitiva, el comienzo de la saga, que establece el punto de partida. En ella, el ser capaz de cuestionarse lo establecido y decidir si lo que se ha hecho siempre es lo adecuado para uno mismo es el eje principal en torno al que giran el resto de los elementos que he ido mencionando.

¿Os ha despertado la curiosidad? Pues aquí podéis haceros con esta historia: 





lunes, 9 de noviembre de 2020

De redes, Amazon y Google Play

Esta entrada es una comparación breve y sesgada

entre Amazon y Google Play a la hora de autopublicar.


Pronto saldrá otro libro. Ya veis, hijitos: estoy tan segura de que esto no lo lee nadie a no ser que lo rebote en redes que puedo permitirme adelantar noticias que se cargan el plan mercadotécnico que he diseñado meticulosamente para ir subiendo contenido relacionado, dividido en categorías, hasta que salga el título. Es la ventaja de que no me lea nadie.

Hace poco me lié la manta a la cabeza (otra vez) y decidí poner a la venta varios libros electrónicos en Google Play y tenerlos en vista previa en Google Books. Madre del amor hermoso. Iba yo con la idea de que eso ayudaría a echarle alpiste al algoritmo del buscador pantagruélico y conseguiría así posicionar un poco mejor los títulos, pero ha costado bastante de criar.

Donde Amazon tiene herramientas y tutoriales para legos, Google Play tiene esto:


Fundamentalmente, si quieres subir un ebook, tienes que subir un epub. A ver, también puedes subir un pdf, pero queda como... cutre. Subir un epub implica que tienes que exportar tu texto en dicho formato y que quede bien maquetado y tal. Amazon tiene un editor muy apañado, el KindleCreate, que aunque limitadito te ahorra muchos calentamientos de cabeza. Con Google Play tuve que recurrir a Calibre y parecía bastante intuitivo al principio, hasta que subí los archivos.

Y no se publicaban, y salía una frasecita roja diciendo que algo había ido mal... pero no el qué. Toca bucear, encontrar el error, comprobar que es de html, volver a Calibre y darle al método empírico hasta que dejan de aparecer errores. Un gozo, vamos.

Y, cuando al fin quedaron libres de errores, se quedó la cuenta en revisión preliminar casi una semana.

Google Play no ha descubierto que mimarle el ego a los autores los anima a que suban los libros a su plataforma, como sí ha hecho Amazon, con cosas tan sencillitas como la página de autor. En general, es calentarte bastante la cabeza para lo que se prevén como pocas ventas. El tiempo dirá si la parte de que al buscador le caigan mejor los títulos funciona a largo plazo.

Si no queréis pelearos con programas externos, recomiendo Amazon de lejos. Yo entiendo que las librerías de toda la vida le tengan alergia, pero como plataforma de autopublicación para pobres (papel incluido) la verdad es que no tiene precio.

Eso sí, quedan muy monos.

También le he pegado un tiento a Instagram. Es otro salto de fe tecnológico, a ver si consigo llegar a la franja de adolescentes y jóvenes adultos. De momento, a 23 seguidores, el rendimiento de las publicaciones (tomando el "engagement" como referencia) es mucho mayor que en Facebook. Eso sí, me está tocando mucho las narices, porque desde el móvil no hace más que dar errores y publicarme las fotos sin el pie de foto, pero supongo que será subsanable.

A veces me pregunto por qué echo tiempo en diseñar campañas, si no puedo permitirme anuncios y me niego a ponerme en modo cansino. Una de las mejores cosas que tuvo el primer "confinamiento" (que yo me pasé teniendo que ir a trabajar de todas formas, aunque fuese con horario reducido) fue que volví a escribir por placer y recuperé un poco las ganas/voluntad para que mis historias lleguen a más gente. Como dicen en mi tierra, a donde llegue la manta estiraremos los pies.

domingo, 11 de octubre de 2020

De gordas, ficción y derecho a ser amadas

 Me tenéis contenta.

Me tenéis hasta las gónadas.

Voy a entrar en modo friki "Tom Bombadil no sale en la película".


Esta es una queja en forma de entrada sobre la desaparición sistemática de las señoras que en los libros de fantasía y ciencia ficción son descritas como grandes y rotundas una vez se adapta su historia a la gran pantalla.


1. He visto el tráiler de The Watch y Lady Sybill es una tía buena.



Como fanfic con presupuesto desde luego es un logro.

Colega. A ver. A parte de que el tráiler deja claro que esa cosa que han hecho es una versión, no una adaptación, y tiene pinta de que, como versión, va a ser un fanfic flojillo, me tomo el cambio de tipo de cuerpo de Lady Sybil como un ultraje personal. Al ver la miniatura pensé que era Angua, o Zanahoria, o yo qué sé, alguien de los que se describen como dentro de los cánones occidentales de finales del XX y principios del XXI. Pero hay un momento del tráiler en que se le cae la peluca y SHIT. Por lo menos la han dejado calva, pero aun así: SHIT.


2. Adaptación VS Versión VS Inspiración.

A ver. Cuando coges un libro y lo adaptas a otro medio, es de suponer que vas a:

a) Contar la misma historia

b) Mantener el subtexto en la medida de lo posible

c) Respetar el núcleo de la narración, es decir, aquello sobre lo que el autor quería hablar en el libro

LOTR es una adaptación fallida porque sólo acierta, respecto al punto c), a hablar de heroísmo. Todo el tono elegíaco lo pierde, cargándose la importancia de que la Última Alianza fuese la última sacándose una extra de la manga, por ejemplo. The Watch parece una parodia chunga que va a ignorar por completo temas como que las personas son personas vengan en el envoltorio en que vengan, y que pueden ser amadas, ya sean enanos, trasgos o GORDAS.

Nosotros no estamos sometidos al núcleo melancólico que impregnaba la obra de Tolkien. Somos siervos de Peter Jackson y podemos contradecir al original cuando queramos, por ejemplo ahora apareciendo donde no nos esperan y muriendo como conejos en una batalla donde viejos con espadas del todo a cien sobreviven a pesar de nuestro entrenamiento milenario.

Si coges la ambientación, los personajes y la historia y lo cuentas como te salga del níspero, enhorabuena, tienes una versión, y está bien que tengas claro que es una versión. Si coges lo anteriormente mencionado y le cambias algunas cosillas porque te mola que caperucita y el lobo tengan un grupo de jazz o que Heidi y Pedro acaben bailando sevillanas en un tablao, enhorabuena, tienes la imaginación justa pa pasar el día miedo de contar tu propia historia y por eso destrozas las de otros ganas de hacer un retelling pero no entiendes en qué consiste un retelling una cosa inspirada en cosas de otra gente. 


3. Pero qué os pasa con las gordas, de verdad

Voy a tener que contenerme si no quiero que esta entrada se alargue hasta el infinito. ¿Dónde están las gordas en la fantasía y en la ciencia-ficción? Yo diría más: ¿dónde están las gordas como interés amoroso en la fantasía y en la ciencia ficción? En muy pocos sitios. Dos de ellos son Ready Player One y Mundodisco. Y, además, para ponerle la guinda al pastel, en ambos casos la trama de las gordas no gira en torno a que son gordas. 

Son personajes que resulta que son, en un caso, un prodigio de amabilidad y hacer las cosas cuando y como toca y, en el otro, un prodigio de inteligencia, actitud y hacer lo que está bien... que resulta que están gordas. Y sí, que sean gordas es bastante irrelevante para la historia, pero ahí está la magia: su historia no va de que son gordas.

Lo opongo, por ejemplo, al caso de Agnes, porque algo de su trama necesita que esté gorda para desarrollarse, porque habla de aceptación y demás. Si embargo, ni las tramas de Sybil ni de Art3mis tienen que ver con que estén gordas, y eso es maravilloso. Fantabuloso. Las gordas teniendo derecho a existir, a ser intereses amorosos, protagonistas duras, sin que su cuerpo tenga peso más allá de ser rubia o tener los ojos verdes.

Que no es que la gente que escribe fantasía y ciencia ficción tenga que meter gordas en sus obras si no le va. El tema aquí es sacarlas de las obras en las que estaban, que ya tiene delito.


4. Primer caso: Art3mis.

Yo sé que estáis muy cansados de que vengan los frikis a quejarse de que Legolas era moreno, pero me da igual.

Art3mis es descrita como "rubenesque". Y es importante, porque su avatar también es "rubenesque". No intenta encajar ni complacer. Es más: sus problemas de inseguridad vienen de una marca de nacimiento, no de su cuerpo, lo cual me parece glorioso. Y el lelo del protagonista se pasa todo el santo libro colgadísimo de ella y de su avatar rubenesco y luego son felices y comen perdices ecológicas criadas con humanidad. 

Y van y eligen para la peli a una moza estándar.

Guapa no sé, que eso es mu personal, pero rubenesca ya te digo yo que no


Se habla mucho de representación en otros ámbitos. La adaptación cinematográfica le roba al público que cada verano mira al bikini y los pantalones cortos con terror la posibilidad de verse reflejado en una protagonista inteligente, perspicaz, divertida, eficiente, valiente y de la que además se cuelga el protagonista. Sí, bueno, que las gordas sueñen leyendo el libro, si ponemos una en la pantalla esta peli no va a vender. No va a ser creíble que el protagonista se cuelgue de una gorda, ¿verdad? Nah, mejor sigamos perpetuando el estereotipo.

Ready Player One es importante porque rompe una lanza en este aspecto. Supongo que es una lanza que no vende lo suficiente en pantalla.


5. Segundo caso: Lady Sybil.

Wagneriana. Esta mujer es enorme. Grande. Muy grande. Tremenda de grande. La clase de tía que te imaginas llevándote al Valhalla. Una tía con eslora. Además, es el interés romántico del protagonista y se acaban casando y teniendo un bebé y su marido la adora y atesora y muchas cosas.

Y es maravilloso. Sobre todo, porque al principio del libro aparece caracterizada ligeramente como una loca de los gatos dragones. Es amable y dulce y comprensiva y no juzga y es un amor de persona. Una gorda con una vida que es feliz y cuya talla no es un problema ni un tema más relevante que el color de su bata. Sus problemas vienen de que su marido es adicto al trabajo y hay gente mala por ahí intentando hacer daño a la gente. Fin.

En ese tráiler que ha dado origen a esta entrada, vemos a una Lady Sybil que tiene de wagneriana lo que Morgoth de monja.

Señoras wagnerianas en la imagen: cero. Nótese que llevar hachas no te cataloga automáticamente como valkiria.

¿Qué os pasa? Veo un troll y una licántropa, pero parece ser que las gordas como interés amoroso son criaturas demasiado sobrenaturales incluso para una versión de una historia de fantasía.


6. Release the kraken.

Al contrario de lo que mucha gente cree, un amplio porcentaje de los TCA no empiezan con un "quiero estar delgada". Empiezan por un "necesito tener el control sobre algo" (sobre todo, los restrictivos) y por un "dónde está mi derecho a ser amada, igual lo consigo a través de mi apariencia", que a su vez viene de padres y entorno con altas expectativas y aprendizajes dañinos en general. ¿Sabéis lo que pasa, mortales, cuando tienes un ligero sobrepeso y bajas un poco?

OH QUÉ GUAPA ESTÁS

Que viene a ser droga dura cuando ansías la aceptación de tus semejantes. ¡Has hecho algo bien! ¡Albricias! ¡DADME MÁS! Y, como cualquier droga, una vez empiezas a pasarte ya pierdes el norte y acabas en una espiral de odio y autodestrucción de la que no hay forma de salir sin ayuda profesional y, en muchos casos, cambiar de familia.

No es que los medios de comunicación tengan toda la culpa del mundo de que la gente se odie y sienta que da asco y que debe cambiar para gustar y poder sentir un poquito de aprobación de sus semejantes, pero coadyuvan. Y mucho. Y tragarte toda tu santa vida intereses románticos femeninos que gastan como mucho una 38 no ayuda a que contemples la posibilidad de que con una 44 te vaya a mirar alguien con ojos golositos, y menos si tienes un entorno de mierda. Cuando hay un oasis, un lugar a salvo donde las gordas aparecen siendo amadas y deseadas... Venir a echarle lava hirviendo al adaptarlo en pantalla es confirmar tus sospechas: no, nadie quiere ver tus michelines. Escóndete. Das más miedo que un troll.


7. Recogiendo los bártulos.

Sienta muy mal lo de sentirse inadecuado y aunque sería maravilloso que todos tuviéramos la fortaleza mental para que nos diera igual todo, incluso nuestro entorno sociocultural, al final nos construimos basándonos en lo que nos rodea. Si nos rodean mensajes de mierda y aprendizajes de mierda, hay un chorroporciento de posibilidades de que acabemos sintiéndonos como una mierda. Estaría bien que disminuyesen, por lo menos, los mensajes de mierda, en la medida de lo posible. En estos dos casos, con Art3mis y Sybil, se ha perdido la oportunidad de acabar con un mensaje de mierda, y es bastante triste.


Que no se pierda el legado de Lady Sybil Ramkin.

martes, 11 de agosto de 2020

De libertad, rebeldía e irrelevancia

Llevo toda mi puñetera vida escribiendo. No exagero. El primer cuento lo escribí el verano que cumplí ocho años, pero ya había puesto por escrito -con la ayuda de mi madre- algunas obras de teatro de creación propia los dos estíos anteriores. La culpa la tuvo un teatrito de títeres que me trajo mi padre de Italia, cuando se fue a investigar para la tesis, y que se convirtió en el escenario para que mis pones lucieran sus dotes de interpretación. Recuerdo una de ellas: El buscaestrellas. Sé qué poni la protagonizaba, pero no tengo muy claro el argumento.
Siempre he estado imaginando historias e inmortalizando en palabras alrededor de un 20 % de ellas. Siempre. Cuando me ha tocado atravesar realidades de mierda de las que no te puedes escapar, he usado la escritura y la creación de mundos como arma y escudo, refugio y sanatorio mental. Es una forma de vivir. Casi, diría, de ser. Al final, el trabajo remunerado sirve para subvencionar el tiempo de escritura. Cuando digo "soy escritora" no me refiero a que escribo cosas y se publican. Me refiero a que respiro, siento y vivo a través de palabras, historias, voces narrativas, tramas y subtramas. Entiendo el mundo en forma de historia y creo mis mundos a la medida de las historias que necesito contar. Me he dejado las pestañas exprimiendo todas las posibilidades del castellano para subyugar el rebelde y mezquino idioma a mis deseos, persiguiendo la excelencia gramatical, ortográfica y sintáctica, aquella que permita la precisión quirúrgica dentro de su complejidad. Aspiro a dominar la forma para poder jugar con ella de todas las formas posibles. Quiero poder decir, al contar mis historias, exactamente lo que quiero decir.
Y quiero que todo este trabajo no se note cuando dichas historias sean leídas.

El año pasado, cuando publiqué Tailwhisper en Amazon, culminé un proceso de "aprender a autopublicar" que, gracias a los dioses, no fue tan terrible como prometía al principio, gracias a que Amazon está preparado para que cualquiera con un mínimo de alfabetización digital y comprensión lectora sea capaz de maquetar un libro de tapa blanda y pinchar en cuatro o cinco sitios para que su texto acabe convertido en ebook. A poco que hurgues por internet sobre maquetación para pobres que no tienen para pagar a profesionales aprendes lo básico de viudas y huérfanas y demás, y a poco que cojas un libro de verdad bien maquetado y le saques las tripas al procesador de textos para averiguar cómo se hacen las cosas, una es capaz de hacerlas por sí misma.
Lo mismo con el tema portadas. Cuando no tienes para pagar a un profesional, tienes que arremangarte y conocer tus límites y rezar para que el programa de manipulación de imágenes haga lo que tú quieres que haga. Aprender.
Del booktrailer de Tailwhisper no se habla. Es como la cuarta historia. De mayor quiero un ordenador que funcione y no se cuelgue con más de dos pistas. Qué cruz.

El conocimiento y la práctica te acaban dando independencia y la independencia te da una libertad preciosa. Con dicha libertad, que te permite no tener que confiar en una editorial que haga esas cosas que tú no sabes hacer, te puedes permitir además el lujo de rebelarte. De hacer lo que te dé la gana. De dejarle la tilde al sólo porque en la RAE también hay legales malvados que supeditan la eficacia de la lengua a la uniformidad de la norma y no te da la gana tragar con gilipolleces en tu propio texto.

No ha tenido que venir nadie a decirme que me merecía intentarlo o que era lo suficientemente buena como para presentarme a concursos y mandar manuscritos a saco. He metido la cabeza como finalista en los Ignotus y en el Domingo Santos. Me han seleccionado en el Visiones. He publicado en editoriales variopintas. Me han intentado timar diciéndome que comprometerme a comprar 200 ejemplares no era coedición. Me han pirateado libros que estaban gratis en mi web. Han venido a explicarme con condescendencia lo que acababa de escribir. Me han rechazado manuscritos educadamente, sí, pero han pasado de mi culo cuatro veces más. No tengo agente. No tengo contactos, y aquí entra una vez más la rebeldía.

No quiero caerle bien a nadie.

Entendedme. Quiero ser irrelevante con respecto a mis libros. Mis historias son las que valen la pena, las que se merecen salir al mundo, independientemente de que las haya escrito yo. No quiero que ninguna editorial me publique porque soy la sobrina de alguien o porque vengo recomendada por su cuñá. A día de hoy, los libros se venden básicamente en función de lo bien que caiga el autor y lo que interaccione en redes. Mi salud mental y mi amor propio no aguantan eso. Y tampoco pasa nada. Es una decisión que he tomado conscientemente: no me dejo la vida perfeccionando mi literatura para que luego vengan a tocarme los cojones.

Porque, hijos míos, soy escritora. Escritora, no publicista, ni famosa, ni simpática. Lo mío es escribir; lo de vender lo que escribo mediante las formas que imperan ahora mismo ha sido sopesado y desechado. No me vale la pena. No quiero compartir trocitos de mí en redes para que lectores potenciales decidan que les caigo bien. No quiero ir a convenciones para darme a conocer a editoriales a ver si les caigo bien. No quiero que me publiquen para cubrir un cupo de personas con tal configuración cromosómica. No quiero tener que airear mis convicciones morales u opiniones políticas en redes para que lectores potenciales y editoriales decidan basándose en ellas si soy digna de ser leída o publicada, ni para unirme a la sensación de pertenencia cada vez que salte la causa de la semana, ni pasar por el aro de ser "uno de nosotros" para ser relevante.


Esto tendría que haberse llamado "el cursus honorum del escritor en los tiempos del social media 
sobre persona humana", óleo sobre lienzo, en vez de "The Nightmare", de Henry Fuseli.

La libertad y la rebeldía tienen un precio y, en este caso, es el de no vender libros. Si junto las regalías de la autopublicación no me da para pagar un abono transportes mensual. Si hago una montaña con la salud mental ganada desde que descubrí que me estaba forzando a tener una "carrera" y a que me publicaran y a hacer todas esas cosas de las que está internet lleno de ESTO TIENES QUE HACER PARA SER ESCRITOR DE ÉXITO y lo mandé todo a tomar por saco, el Kilimanjaro se me queda chiquitito.

No me da la gana dejarme la vida en cambiar un sistema que me parece aberrante, ni tampoco dejármela quejándome porque dicho sistema es aberrante, así que decidí largarme y alejarme de todo aquello. Porque soy escritora, no justiciera social ni heroína de ninguna clase. Y soy libre, por fin.

No perdáis el tiempo intentando caer bien si lo que queréis es escribir. Si lo que queréis es caer bien, mira, que los dioses os amparen.