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lunes, 13 de febrero de 2017

De hadas, oni y misterio legendario

Hay un cuento (o leyenda, o historia, o narración) japonés que fue, sin duda, la estrella del cuentacuentos infantil que hice en su momento. 

Habla de un señor con una verruga muy fea (o un lunar, o un forúnculo, o cualquier otra excrecencia) en la cara que se topa con una tormenta y una tropa de oni (llamémoslos ogros, seres sobrenaturales en cualquier caso) que empiezan a bailar y a los que se une, sin poder resistirse. Los oni disfrutan tanto con sus pasos que le piden que vuelva a la noche siguiente y se quedan la verruga/lunar/forúnculo en prenda para asegurarse de que sea así. El hombre vuelve a casa y le cuenta la historia a su mujer y ésta, a su vez, a su vecina. La vecina, cuyo marido tiene también un regalito divino en la cara, se lo transmite y este va en busca de los onis, que no distinguen un humano de otro y se creen que es el anterior, hace un baile penoso, y los onis no quieren verlo más, así que le "devuelven" el forúnculo, con lo cual vuelve con doble gracia a su casa. 

Son unos bichos preciosos.


Es una historia tremenda. Te enseña que nunca sabes cómo vas a salir airoso de una situación y que lo que le funciona a otras personas a ti no tiene por qué irte bien (hola, progenitores del mundo empeñados en que sus niños sean/hangan x). Y, cuando se la cuentas a los críos, da muchísimo juego: bailar como un ogro y hacer un poco el cafre es una de las aficiones preferidas de los cachorros de todas las edades. 

Hace unos días me topé con esta leyenda, que parece ser oriunda del sur de Irlanda. Es la misma leyenda de los oni, "irlandizada": con jorobas en vez de con verrugas y con hadas en lugar de oni, pero mantiene exactamente lo mismo. Incluso lo de volverse con dos regalitos por el precio de uno. 

 Ven, que te concedo un don...

Me llamó muchísimo la atención, dado que Japón e Irlanda nunca se han caracterizado por sus estrechas relaciones folclóricas. Los antropólogos o etnólogos o quien sea que se dedique a estudiar estas cosas igual están más acostumbrados a encontrarse la misma historia en lugares tan alejados geográfica y culturalmente. ¿Una leyenda deriva de otra leyenda? ¿Cómo? ¿Ambas nacen de una leyenda común, a medio camino, en Eurasia? ¿Es un esquema narrativo que nació espontáneamente en ambas culturas? 

Los cuentos están vivos. Nos dan forma y les damos forma. De alguna forma, se las apañan para estar llenos de misterio, aunque no versen sobre él.

domingo, 8 de mayo de 2016

De trolls, sugus y Schopenhauer


Vengo a hablar hoy de presentaciones de libros y lo que surja.

El sábado estuve en la Biblioteca de Castilla-La Mancha presentando La noche que Tronnia cambió su mundo. Igual que en Zaragoza, mi intención era más bien traer el libro a la vida que hablar de la metáfora, la doble lectura y todas esas cosas que probablemente te resulten un truñón supino cuando tienes ocho años.

 Aquí, discutiendo con mi público sobre Schopenhauer.


No sé si valen para vender libros. Para hacer el cabra y saltarse las normas desde luego que sí. Recuerdo un tiempo en que leer y jugar se solapaban. Muchas veces al adulto se le pasa eso y entra en una espiral de solemnidad lectora que no concibo personalmente ni siquiera con tochardos académicos. Ayer jugamos. Trajimos a la vida la Danza Descoordinada anual, descoordinándonos todos a la perfección. El concurso de Aullidos Ancestrales estuvo muy reñido, pero finalmente los Cuculandrejos Reticulados se alzaron con la victoria (y se llevaron unos cuantos sugus troll extra). Mi varita mágica del Duenderoski no cogía muy bien la wifi, pero los hechizos parece ser que salieron bien. 

 Los sugus troll supervivientes.

Igual es la deformación profesional de los años que me pasé de monitora de campamento, pero en el tema de "animación a la lectura" creo que prima la "animación". Las lecturas obligatorias suelen ser la muerte a pellizcos. Todo lo que tengas que hacer por obligación impuesta desde el exterior suele convertirse en una tortura mereenina. A este respecto, me quedé muy contenta en la firma de la tarde: los padres/tutores/personas que ponían la pasta dejaban, en general, elegir a los niños qué querían llevarse. Los críos lo tienen claro. 

 Mi cerro de libros.

En otro orden de cosas, ya que estaba en la biblioteca aproveché para llevarme un cerrillo de libros. Cómo molan las bibliotecas. Igual es una inversión a plazo larguísimo, pero creo que si contribuyo a que a los cachorros humanos les molen los libros y se sientan autónomos y libres eligiendo sus lecturas, evolucionarán en seres humanos competentes y a alguno de ellos le dará por comprar mis títulos y sacarme de pobre. Otra cosa no, pero paciencia no me falta. 

Por ahora, me quedo con sus caritas de ilusión de ayer. Y con la purpurina que voy a estar encontrándome en la ropa, la mochila y el pelo durante unos cuantos días más.

martes, 24 de febrero de 2015

Narración oral y otros demonios

A finales del mes pasado me enteré de que mi relato "Heroína" había sido elegido como finalista en el V certamen de relato y narración oral Hijos de Mary Shelley. Parte del concurso implica subirte al "escenario" y contar tu historia. Como de vez en cuando los tengo cuadrados, no se me ocurrió otra cosa que presentar una historia escrita en segunda persona, chunga y con poca acción y mucha descripción. Así, una cosita fácil para lo que viene a ser la narración oral.

http://www.hijosdemaryshelley.com/

El desafío me gusta. El tono es bastante amargo y espero transmitirlo si me deja esta preciosa bronquitis con la que llevo luchando una semana. Los ataques de tos son bastante habituales, pero me imagino que para mañana ya tendré un mayor control de mis pulmones. Quería yo prescindir de micrófono, ya que hipotecar una mano me ata bastante, pero no sé yo cómo estará mi capacidad de impostación. Ya veremos. 

Qué sería de la narración oral si no se dejase un hueco a la improvisación.

martes, 18 de noviembre de 2014

Cuentos japoneses de fantasmas

Este jueves los cuentos se desarrollan en el ámbito sobrentural, imbricándose en lo cotidiano dándole a las historias un cariz aún más terrorífico: no hace falta adentrarse en parajes abandonados ni en bosques oscuros para que los fantasmas te encuentren.

En Kinumé, por ejemplo, el protagonista es el miedo a la muerte. Un terror universal, que ha hecho ascender religiones, creencias y supersticiones, tratado en este cuento tradicional de forma diferente. Es curioso cómo se intenta, alrededor del globo, engañar a la muerte ya sea mediante juegos o súplicas.

Es importante mantener la palabra dada, como veremos en La mujer de nieve. Tanto en este cuento como en Los amantes nocturnos los seres sobrenaturales se pasean entre los humanos, pasando más o menos desapercibidos.