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viernes, 22 de marzo de 2024

De naturaleza, costumbres y grimdark gallego

 Pues me he leído Los pazos de Ulloa y La Gaviota y vengo a contaros por qué me quedo con la señora Cecilia Böhl de Faber cuarenta veces antes que con Pardo Bazán.


Anda, otra portada para la colección "la hizo alguien que ni ha abierto el libro".


Por dónde empezar con los pazos. Este libro me ha hecho pensar. El rechazo que me generó durante toda la lectura sólo fue opacado por el rechazo visceral al terminar de leerlo. Se puede resumir en "un cura que trabaja mucho y lo hace todo mal".

Va de un noble que tiene unas tierras gobernadas de facto por un cacique que no es él. Ninguno de los dos es buena persona. En medio está la hija del cacique, a la que se beneficia el noble, y que como todas las criaturas encerradas con monstruos ha aprendido a ser uno también. Fruto de este beneficio ha nacido un pobre crío extramatrimonial que tiene todas las papeletas de aprender de su entorno y terminar convertido en otra mala persona.

El cura se encuentra con este percal y decide que lo que tiene que hacer el noble es casarse.


Que si quieres que una de tus hijas se case con éste,
el su primo, a ver si se le quita la tontería de pegar a sus amantes y a sus hijos naturales

Nada puede salir mal cuando el cacique se encuentre obstáculos para que su nieto extramatrimonial herede las tierras. Nada en absoluto.

Resumen: la esposa acaba muerta, la hija legítima tratada como un trapo y los hijos de fruta felices regodeándose en su frutero. Al parecer hay una segunda parte en la que los medio hermanos acaban refocilándose y cuando se enteran de su parentesco ella acaba en un conventó y él largándose a las américas o algo así.

Le reconozco a Pardo Bazán la capacidad de crear tal atmósfera opresiva que me daba angustia seguir leyendo. No hay ni un solo personaje que no sea o cobarde o cabrón o aprovechado o violento o una combinación de todo ello. La señora Emilia se dedicó a recoger todo lo malo de la especie humana para crear un elenco donde casi no se salva ni el niño. Y, como buena naturalista, es realista con cómo puede acabar un mejunje así: mal.


¿Maltrato infantil? ¿Incesto? ¿Escoria humana? Noob.

El tema es que yo para ese percal o me veo el telediario o un documental.

Este grimdark gallego me ha puesto de los nervios. Me pasa como con el polillero: no puedo con los malvados que se van de rositas. ¿Para qué quiero ficción, sino para que haya un sitio donde salen las cosas bien? No hay una sola conducta esperanzadora en todo el libro. Ni una.

Sin embargo, aunque La Gaviota es un telenovelón de tres pares de narices, hay gente buena. Y a los malos les muerden en el culo las consecuencias de sus actos. Y hay nobleza: el mismo protagonista no se rebaja al nivel de su mujer. Igual es que el costumbrismo, por sus características, está más cerca del romanticismo, que es quien cree de verdad en la grandeza de las personas.


Doña Cecilia, qué grande es usté


A ver, que hasta en la saga de los nigromantes hay gente capaz de mantener la integridad con el panorama de muertos y no muertos y el esqueleto de la Paqui que tienen. Y la gente hace cosas chungas y esas cosas chungas tienen consecuencias chungas de chungosidad acorde. Pardo Bazán, ¿quién te hizo daño?

Qué bien no haber nacido en el siglo XIX.

¿Esto es la novela de verdad? ¿Un agujero donde la gente miserable se regodea en la miseria ajena? ¿Dónde está la esperanza? ¿Qué saca nadie de esto? Leer a Terry Pratchett te hace mejor persona. Leer a esta gente naturalista te hace cínico. Qué tía, de todas formas, capaz de retratar la naturaleza humana así, en todo su espeluznante esplendor. Igual sólo estaba cabreada o sólo quería ponerle a alguien un espejo delante.

En cualquier caso, que lo sepáis: Los pazos de Ulloa es grimdark gallego y CdHyF un remedo mu largo con dragones. Y me temo que va a acabar igual de mal.

lunes, 23 de octubre de 2023

De lectura, maravilla y tortura

 No sabía yo que este señor existía y que había escrito unas cuentas novelas.



Soy una señora mayor. Que me sorprendan las lecturas es muy difícil. Que me despierten el sentido de la maravilla, todavía más. Que me dejen un vacío al terminar de leerlas es casi imposible.

Que me proporcionen una experiencia lectora totalmente diferente, a estas alturas de la vida, no tiene precio.

Y ya viniendo en forma de regalo, ni te cuento.

Me han gustado libros. Hay libros que me han cambiado la vida. He dejado libros a las cincuenta páginas. He releído libros. Le he cogido cariño a personajes. He odiado personajes. Me he querido mudar a sitios que no existen. He celebrado las victorias y derrotas de personajes. Me he cabreado con finales. Nunca antes me había importado tanto el destino de personajes con los que no he establecido ninguna conexión que pudiera identificar.

A ver si consigo explicarme con El libro del sol nuevo.

Una ciudad. Una sociedad encabezada por un tal Autarca. Un niño al que están criando para ser torturador. El narrador es ese niño, desde algún punto del futuro, como si estuviera escribiendo sus memorias. Resulta que tiene memoria perfecta, así que vamos a creernos que se acuerda perfectamente de todo lo que va contando. Además, hay una capa extra en forma de "notas del traductor" que da a entender que hay una mano más que ha intervenido en el texto.

Al ser la voz narrativa de señor mayor contando su vida, va aderezando todo con reflexiones que van siendo guantazos al alma con la mano abierta. Empecé señalándolos, pero iba a acabar teniendo que poner marcas en medio libro, así que paré a las cien páginas o así.

Te va contando su vida dando por sentadas cosas que el lector no tiene por qué saber, como que la luna es verde (because of reasons), y las pinceladas de por qué el mundo es como es van cayendo con cuentagotas al hilo de otras cosas. Se atisba una especie de magia extraña, que por supuesto no se explica, y que bien podría ser simplemente una tecnología lo suficientemente avanzada.

En este libro, no sé dónde estoy y me importa moderadamente. ¿Esto es otro mundo? ¿El futuro? Si esto es el futuro... ¿qué cojones? No sé si estoy ante una historia de "niño crece y la vida le da en los hocicos". No entiendo al protagonista, y mira que es coherente consigo mismo. Las relaciones interpersonales entre los personajes son raras, ajenas; me resulta imposible buscar un resquicio con el que pueda conectar a nivel emocional con el personaje, espero durante toda la historia encontrar algún tipo de anclaje que nunca llega, y la explicación que encuentro para que al final no llegue no sé si responde a intenciones del autor o a mí.

El viaje resultante es nuevo, raro, terrible, imposible de abandonar. Hay secundarios que me importan más que el protagonista y las relaciones que establecen entre ellos me resultan más imposibles de aprehender que la geometría no euclidiana de Lovecraft. ¿Es esto confianza? ¿Amor? ¿Repugnancia? ¿Odio? No entiendo, no veo, no soy capaz de inferir lo que siente el protagonista ni cuando lo verbaliza, porque sus acciones no apoyan de forma identificable lo que dice, así que no sé si se está engañando a sí mismo o no. Todavía no sé si el autor quería presentar una criatura que resultase alienígena al humano de a pie, pero me agarro a eso por cosas de la trama.

La trama. Qué pasa en realidad con Vodalus y el Autarca. Quiénes son los buenos. De qué lado está en realidad el protagonista. Qué pasa con el mundo. Es como una escalera de cuerda de interrogantes de la que es imposible escapar y en la que en cada maroma se tranzan situaciones y conceptos inesperados, raros, que no me había encontrado antes, que me maravillan y repugnan, que me rompen el alma, que me provocan sensaciones nuevas en la literatura. Esto no tiene precio. Esto no me pasaba desde Anales de la Costa Occidental. 

El mundo, lo suficientemente familiar como para que las implicaciones de todo lo ajeno que hay en él te calen hasta los huesos, no deja de dar sorpresas, de proporcionar escenarios y criaturas que parecen competir entre ellas a ver cuál te estruja más el alma.

Y lo peor de todo es que es plausible: los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla.

Puedo decir sin dudarlo que ha sido la mejor lectura del año. Qué viaje. Qué pena no poder volver a leerlo de nuevo por primera vez.


sábado, 23 de septiembre de 2023

Batiburrillo: Los nigromantes son para el otoño


Empieza el otoño y mucha gente se vuelve loca con los monstruos, esqueletos y calabazas, así que aquí van mis recomendaciones para acompañar ese espíritu de capitalismo pagano.

La Tumba Sellada: Gideon la Novena y Harrow la Novena.

Me tuve que leer La verdad sobre el caso Savolta en el instituto. Creo que entraba en Selectividad. Lo recuerdo como una tortura transalpina, entre los cambios temporales, la historia que me importaba una higa y lo poco que me interesan las cosas trágicohistóricas en general cuando acaban noveladas. Le eché la culpa del asco que le cogí a la estructura, sobre todo, hasta que metí el hocico en esa gloria absoluta que es Harrow la Novena.

Vayamos por partes.

Es la segunda parte de una saga. La primera parte se llama Gideon la Novena y va de nigromantes, una magia espacial raruna y conflictos interpersonales entre gente traumatizada por el tema de la nigromancia y la magia espacial raruna. Hay nueve casas y tienen que ir los herederos de cada una de ellas a una Mansión de los Horrores a ver cuál se convierte en Supernigromante de la Repanocha Mortal. Tiene un rollo de alguien ha matado a alguien, unas interacciones muy raras entre la gente y es bastante entretenida porque quien lo narra tiene una personalidad muy particular. Y no vi venir muchas cosas, que es algo que agradezco enormemente a estas alturas de la vida.


No acaba muy bien.

Harrow la Novena es una ida de pelota con otro narrador con otra personalidad muy particular que no se puede fiar de sí mismo. Varias existencias paralelas se solapan y cada vez que empieza un capítulo cuesta un poco saber en cuál estás; de hecho, al principio incluso no está muy claro si son la misma o cómo se relacionan entre sí o si tu tía es tu tía y la huerta es de tu gato. No es fácil de leer. Te tiene que gustar mucho la sensación de qué estoy leyendo qué leches es esto para que te enganche. Tejer bien esa sensación y, sobre todo, resolverla bien, es muy difícil. Este libro lo hace.

Quién maneja mis huesos que a la deriva los lleva...

Lo único que se me hizo un poco lectura diagonal es toda la parte de matar planetas, que me parece muy bien como ejercicio para fliparse con su sistema de magia, pero a mí como lectora en busca de pistas que me digan qué cojoleches está pasando tener que tragarme todo aquello para que luego resulte que no es relevante para ese qué cojoleches pasa me frustró un poquito.

Tiene, además, ese "hola, soy el pasado y vengo a morderte el culo" que me encanta. Tener que tragarte las consecuencias de los actos de gente que la cagó hace milenios, con todo lo que implica, como averiguar qué puñetas pasó de verdad en esa cagada histórica: la vida misma.

Es un ejemplo perfecto de libraco cojonudo para un público muy concreto. No sabía yo que los narradores no fiables me iban a enganchar tanto una vez se pusieran a contarme algo que me interesase. Además, incluye una especie de dramatis personae al principio de ambos libros cuyo ¿formato? tiene peso seal en la historia. Todo el conjunto me transmite que la autora se lo pasó pipa preparando la gymkana que es todo esto.

Puntos de bonificación al hecho de que todavía no tengo claro cómo leches termina este segundo libro.

Aún hay dos libros más, Nona la Novena y Alecto la Novena, uno publicado y otro en camino. A mí las sagas fantásticas ya me entran por el ojo derecho si vienen sin elfos ni enanos ni medianos; si encima me dejan con el culo torcido a la quinta página por lo que se alejan de lo habitual, ya voy cogiendo las palomitas. Pero es que esto es una cosa rara de cojones, de la novela negra grimdark a la space opera laberíntica, con personajes tan rotos que duelen de lo reales que son a pesar de lo ajena que resulta la mayoría de su experiencia vital. En este año glorioso en lo que a ficción se refiere, me despertó el sentido de la maravilla, así que larga vida a los nigromantes, y a ver qué pasa con los dos libros que quedan.

Eso sí, como le pase algo al perrete ese de la portada ma-to.


domingo, 11 de octubre de 2020

De gordas, ficción y derecho a ser amadas

 Me tenéis contenta.

Me tenéis hasta las gónadas.

Voy a entrar en modo friki "Tom Bombadil no sale en la película".


Esta es una queja en forma de entrada sobre la desaparición sistemática de las señoras que en los libros de fantasía y ciencia ficción son descritas como grandes y rotundas una vez se adapta su historia a la gran pantalla.


1. He visto el tráiler de The Watch y Lady Sybill es una tía buena.



Como fanfic con presupuesto desde luego es un logro.

Colega. A ver. A parte de que el tráiler deja claro que esa cosa que han hecho es una versión, no una adaptación, y tiene pinta de que, como versión, va a ser un fanfic flojillo, me tomo el cambio de tipo de cuerpo de Lady Sybil como un ultraje personal. Al ver la miniatura pensé que era Angua, o Zanahoria, o yo qué sé, alguien de los que se describen como dentro de los cánones occidentales de finales del XX y principios del XXI. Pero hay un momento del tráiler en que se le cae la peluca y SHIT. Por lo menos la han dejado calva, pero aun así: SHIT.


2. Adaptación VS Versión VS Inspiración.

A ver. Cuando coges un libro y lo adaptas a otro medio, es de suponer que vas a:

a) Contar la misma historia

b) Mantener el subtexto en la medida de lo posible

c) Respetar el núcleo de la narración, es decir, aquello sobre lo que el autor quería hablar en el libro

LOTR es una adaptación fallida porque sólo acierta, respecto al punto c), a hablar de heroísmo. Todo el tono elegíaco lo pierde, cargándose la importancia de que la Última Alianza fuese la última sacándose una extra de la manga, por ejemplo. The Watch parece una parodia chunga que va a ignorar por completo temas como que las personas son personas vengan en el envoltorio en que vengan, y que pueden ser amadas, ya sean enanos, trasgos o GORDAS.

Nosotros no estamos sometidos al núcleo melancólico que impregnaba la obra de Tolkien. Somos siervos de Peter Jackson y podemos contradecir al original cuando queramos, por ejemplo ahora apareciendo donde no nos esperan y muriendo como conejos en una batalla donde viejos con espadas del todo a cien sobreviven a pesar de nuestro entrenamiento milenario.

Si coges la ambientación, los personajes y la historia y lo cuentas como te salga del níspero, enhorabuena, tienes una versión, y está bien que tengas claro que es una versión. Si coges lo anteriormente mencionado y le cambias algunas cosillas porque te mola que caperucita y el lobo tengan un grupo de jazz o que Heidi y Pedro acaben bailando sevillanas en un tablao, enhorabuena, tienes la imaginación justa pa pasar el día miedo de contar tu propia historia y por eso destrozas las de otros ganas de hacer un retelling pero no entiendes en qué consiste un retelling una cosa inspirada en cosas de otra gente. 


3. Pero qué os pasa con las gordas, de verdad

Voy a tener que contenerme si no quiero que esta entrada se alargue hasta el infinito. ¿Dónde están las gordas en la fantasía y en la ciencia-ficción? Yo diría más: ¿dónde están las gordas como interés amoroso en la fantasía y en la ciencia ficción? En muy pocos sitios. Dos de ellos son Ready Player One y Mundodisco. Y, además, para ponerle la guinda al pastel, en ambos casos la trama de las gordas no gira en torno a que son gordas. 

Son personajes que resulta que son, en un caso, un prodigio de amabilidad y hacer las cosas cuando y como toca y, en el otro, un prodigio de inteligencia, actitud y hacer lo que está bien... que resulta que están gordas. Y sí, que sean gordas es bastante irrelevante para la historia, pero ahí está la magia: su historia no va de que son gordas.

Lo opongo, por ejemplo, al caso de Agnes, porque algo de su trama necesita que esté gorda para desarrollarse, porque habla de aceptación y demás. Si embargo, ni las tramas de Sybil ni de Art3mis tienen que ver con que estén gordas, y eso es maravilloso. Fantabuloso. Las gordas teniendo derecho a existir, a ser intereses amorosos, protagonistas duras, sin que su cuerpo tenga peso más allá de ser rubia o tener los ojos verdes.

Que no es que la gente que escribe fantasía y ciencia ficción tenga que meter gordas en sus obras si no le va. El tema aquí es sacarlas de las obras en las que estaban, que ya tiene delito.


4. Primer caso: Art3mis.

Yo sé que estáis muy cansados de que vengan los frikis a quejarse de que Legolas era moreno, pero me da igual.

Art3mis es descrita como "rubenesque". Y es importante, porque su avatar también es "rubenesque". No intenta encajar ni complacer. Es más: sus problemas de inseguridad vienen de una marca de nacimiento, no de su cuerpo, lo cual me parece glorioso. Y el lelo del protagonista se pasa todo el santo libro colgadísimo de ella y de su avatar rubenesco y luego son felices y comen perdices ecológicas criadas con humanidad. 

Y van y eligen para la peli a una moza estándar.

Guapa no sé, que eso es mu personal, pero rubenesca ya te digo yo que no


Se habla mucho de representación en otros ámbitos. La adaptación cinematográfica le roba al público que cada verano mira al bikini y los pantalones cortos con terror la posibilidad de verse reflejado en una protagonista inteligente, perspicaz, divertida, eficiente, valiente y de la que además se cuelga el protagonista. Sí, bueno, que las gordas sueñen leyendo el libro, si ponemos una en la pantalla esta peli no va a vender. No va a ser creíble que el protagonista se cuelgue de una gorda, ¿verdad? Nah, mejor sigamos perpetuando el estereotipo.

Ready Player One es importante porque rompe una lanza en este aspecto. Supongo que es una lanza que no vende lo suficiente en pantalla.


5. Segundo caso: Lady Sybil.

Wagneriana. Esta mujer es enorme. Grande. Muy grande. Tremenda de grande. La clase de tía que te imaginas llevándote al Valhalla. Una tía con eslora. Además, es el interés romántico del protagonista y se acaban casando y teniendo un bebé y su marido la adora y atesora y muchas cosas.

Y es maravilloso. Sobre todo, porque al principio del libro aparece caracterizada ligeramente como una loca de los gatos dragones. Es amable y dulce y comprensiva y no juzga y es un amor de persona. Una gorda con una vida que es feliz y cuya talla no es un problema ni un tema más relevante que el color de su bata. Sus problemas vienen de que su marido es adicto al trabajo y hay gente mala por ahí intentando hacer daño a la gente. Fin.

En ese tráiler que ha dado origen a esta entrada, vemos a una Lady Sybil que tiene de wagneriana lo que Morgoth de monja.

Señoras wagnerianas en la imagen: cero. Nótese que llevar hachas no te cataloga automáticamente como valkiria.

¿Qué os pasa? Veo un troll y una licántropa, pero parece ser que las gordas como interés amoroso son criaturas demasiado sobrenaturales incluso para una versión de una historia de fantasía.


6. Release the kraken.

Al contrario de lo que mucha gente cree, un amplio porcentaje de los TCA no empiezan con un "quiero estar delgada". Empiezan por un "necesito tener el control sobre algo" (sobre todo, los restrictivos) y por un "dónde está mi derecho a ser amada, igual lo consigo a través de mi apariencia", que a su vez viene de padres y entorno con altas expectativas y aprendizajes dañinos en general. ¿Sabéis lo que pasa, mortales, cuando tienes un ligero sobrepeso y bajas un poco?

OH QUÉ GUAPA ESTÁS

Que viene a ser droga dura cuando ansías la aceptación de tus semejantes. ¡Has hecho algo bien! ¡Albricias! ¡DADME MÁS! Y, como cualquier droga, una vez empiezas a pasarte ya pierdes el norte y acabas en una espiral de odio y autodestrucción de la que no hay forma de salir sin ayuda profesional y, en muchos casos, cambiar de familia.

No es que los medios de comunicación tengan toda la culpa del mundo de que la gente se odie y sienta que da asco y que debe cambiar para gustar y poder sentir un poquito de aprobación de sus semejantes, pero coadyuvan. Y mucho. Y tragarte toda tu santa vida intereses románticos femeninos que gastan como mucho una 38 no ayuda a que contemples la posibilidad de que con una 44 te vaya a mirar alguien con ojos golositos, y menos si tienes un entorno de mierda. Cuando hay un oasis, un lugar a salvo donde las gordas aparecen siendo amadas y deseadas... Venir a echarle lava hirviendo al adaptarlo en pantalla es confirmar tus sospechas: no, nadie quiere ver tus michelines. Escóndete. Das más miedo que un troll.


7. Recogiendo los bártulos.

Sienta muy mal lo de sentirse inadecuado y aunque sería maravilloso que todos tuviéramos la fortaleza mental para que nos diera igual todo, incluso nuestro entorno sociocultural, al final nos construimos basándonos en lo que nos rodea. Si nos rodean mensajes de mierda y aprendizajes de mierda, hay un chorroporciento de posibilidades de que acabemos sintiéndonos como una mierda. Estaría bien que disminuyesen, por lo menos, los mensajes de mierda, en la medida de lo posible. En estos dos casos, con Art3mis y Sybil, se ha perdido la oportunidad de acabar con un mensaje de mierda, y es bastante triste.


Que no se pierda el legado de Lady Sybil Ramkin.

sábado, 4 de agosto de 2018

Lo peor que le puede pasar a tu libro de ciencia ficción

Spoiler: lo peor que le puede pasar a tu libro de ciencia ficción es que alguien compre los derechos y lo convierta en una película de fantasía.

Imaginaos que dais con un libro de ciencia ficción infantil que está bien escrito, es coherente y además trasmite un mensaje agridulce (el mundo no está preparado para ciertos avances y reacciona con odio hacia lo que no entiende, principalmente, aunque toca otros palos al hilo de eso).

Queréis leerlo, lo sé. Os lo dejo aquí, recomendadísimo, tengáis ocho años o sesenta y tres.



Intentando no hacer muchos spoilers, va de ratas inteligentes y tecnología. Su mayor virtud para mi yo de diez años fue que los roedores no eran antropomórficos ni llevaban delantales ni camisetitas: eran roedores haciendo cosas de roedores, no imitando a los humanos ni reflejando un mundo humano en miniatura. Los problemas los resolvían con su cerebro y física elemental. Todo correcto.

Alguien tuvo la idea, supongo que al rebufo de las películas de ratones (Los Rescatadores, Fievel, Stuart Little y demás) de hacer una película con esto y convertirla en una película de ratones más, con delantales. Behold:



Antropomorfización y ropa humana: check
Cambiar el nombre just because: check
Enhorabuena, chavales, hemos dejado nuestra huella y satisfecho nuestro ego


En fin. De un libro genial salió un truño infumable. Adaptar a otro medio es traducir y traducir empieza por entender en medio (o idioma) original. Si lo que has entendido del libro es "ratones" en lugar de "reflexión profunda sobre qué nos hace persona y lo cabezones que podemos ser los humanos", pues es lo que pasa: te llevas a tu película los ratones y en el hueco de las cosas que no has entendido metes lo que te sale del níspero.

Magia, por ejemplo.

Y estoy hablando de magia usada de la peor forma posible en una narración: igualan magia a deus ex machina, sacándose de la manga un medallón mágico que no estaba en el libro que es lo que soluciona el asunto al final. No el cerebro ni la física elemental ni todas esas cosas que transmitían el mensaje del libro, no.

En fin. Es el tipo de soluciones que denigran la fantasía y crean la idea extendida de que no es un género serio porque todo lo hizo un mago. Es el tipo de reacción ante el público infantil "adaptando" algo como si los niños fueran idiotas o se les pudiera colar cualquier truño. Es un exponente de tantos "esto es lo que NO se hace" que deberían enterrar todas las copias en algún desierto despoblado, como hicieron con el videojuego de E.T.

Así que sí, lo peor que le pueden hacer a tu libro de ciencia ficción es echarlo en el cubo donde churras y merinas son la misma cosa, nadie ve necesario salir de sus ideas preconcebidas sobre los géneros que considera menores y actúa en consecuencia y tampoco les importa el resultado final.

En cualquier caso, La señora Frisby y las ratas de Nimh es un libraco. Leedlo. Entregaos a la magia de verdad.

jueves, 10 de mayo de 2018

De consciencia, oscuridad y conciencia



Terry Pratchett sabía transmitir las complejidades de la naturaleza humana sin andarse con paños calientes, tanto las luces como las sombras. Esta entrada tiene spoilers de las sagas de la brujas y la Guardia, así que sigue leyendo bajo tu responsabilidad.

Hace ya tres años que falleció. Quería escribir esto para la efeméride, pero alrededor de las fechas señaladas siempre se concentran los homenajes y recuerdos y demás y a mí no me gusta forzarme. Lo que sí me gusta es acordarme sin necesidad de efemérides.

Me voy a regodear rápidamente en sus dos personajes más redondos y complejos, a mi entender. Tengo a los personajes de Mundodisco muy presentes en la vida diaria porque este hombre tenía el don de construir referentes y hay muchos momentos a lo largo del día en los que una tiene que preguntarse qué haría Yaya Ceravieja o qué decisión tomaría Sam Vimes.

Ambos son plenamente conscientes. Ambos tienen plena conciencia de que llevan dentro una oscuridad primigenia, un impulso metaforizado (o metefuerizado) que presenta el "mal camino" como una opción a tener en cuenta. Ambos se pasan la vida luchando contra ella. Ambos saben cómo hacer las cosas bien y están plenamente decididos a hacerlas precisamente porque conviven con la tentación de que el fin justifique los medios y se niegan a cada oportunidad.






Yaya Ceravieja nos presenta su oscuridad en Brujas de Viaje, a través de la relación con su hermana Lily, que sí que ha abrazado ese impulso con ganas. A partir de ese libro se va viendo de vez en cuando cómo se contiene para no mandar a la mierda a la humanidad desagradecida, a los campesinos paletos; cómo entiende a los demás. Ay, cuánto podría hacer con su poder. Qué fácil que se le vaya de las manos. Pero no, nunca lo hace. Yaya sabe lo que está bien y lo que está mal. Qué fronteras no hay que cruzar. Ante la duda, uno ha de preguntarse qué haría Yaya Ceravieja.

Es fascinante también que alguien con su poder tenga su sentido del equilibrio. Lo de poner leche a los bichos que toma en préstamo no es banal. No es dulce. Es lo justo. Lo que toca. Igual que tras parar la espada con la mano desnuda llega el momento de sufrir el corte. Yaya Ceravieja es justa. Y consciente de sus defectos peligrosos, como la arrogancia.



Sam Vimes ha tenido que desarrollar un policía interior que lo refrene. Qué fácil sería arrancarle las entrañas con las uñas a ese criminal al que acaba de pillar con las manos en la masa. Este hombre se pasa la vida respetando la ley, evitando linchamientos y manteniéndose sobrio. De verdad, tiene que tirar voluntad cada dos páginas. Y no es fácil, lucha a cada momento por no caer en lo que aborrece... Por no convertirse en lo que persigue.

¿Sabéis toda este fin de invierno y primavera que hemos tenido de gente queriendo linchar gente? Pues cada vez que veo a alguien pidiendo la cabeza de alguien yo me acuerdo de Sam Vimes y de Carcerer. Por ejemplo. Con cada revolución ciudadana me vuelvo a Ronda de noche. Veo a Vimes mirando a Reg Shoe romantizar la movilización y las penurias y veo un montón de Reg Shoes molándose a sí mismos.

Regalar a un político o a alguien con poder Juego de Tronos es una estupidez como un piano, porque no hace más que reflejar la miseria humana en lo que a utilizar el poder se refiere. Que alguien les haga llegar a Sam Vimes, cuya evolución aboga por la ética personal y por hacer las cosas bien, sin poner excusas para caer en lo fácil. Que les planten bajo las narices a Yaya Ceravieja y sus límites.

Mundodisco te hace mejor persona. Y, si no lo consigue, es que no tienes alma.

jueves, 25 de enero de 2018

Libros de señores muertos: dones y oscuridad

Voy a dejar los panegíricos para la gente que conoce su obra más en profundidad y a centrarme en mi experiencia con los libros de esta autora.


He leído una parte ínfima de la obra de Ursula K. Le Guin. Me acerqué a ella ya de adulta, con mucha precaución. Eso no ha impedido que con lo poco que he leído se colocara cómodamente en mi panteón particular. No me la esperaba así, la verdad.
La precaución o recelo venía por dos razones distintas. La primera es culpa de la tele.


La adaptación televisiva de una de sus sagas más aclamadas la echaron en ¿telecinco? en los tiempos en que el rebufo de Lord of the Rings propiciaba adaptaciones pachangueras hechas por gente a la que le daba igual fantasía que cheetos y sólo quería ganar pasta mediante la técnica de tratar al público como si estuviera falto de sinapsis. Sin embargo, inocente yo, vi que echaban “una peli nueva de fantasía”, caí en la trampa y me la tragué entera.

Aparte de los efectos changamanga, la historia me dejó con una ceja más alta que otra. Estaba yo a media carrera, supongo que en tercero o cuarto, pongamos que fue en 2005, que es una fecha redonda. Escribía cosas muy poco regulares; cosas que aún hoy me parecen brillantes y otras que me dan ganas de quemar con azufre cuando las releo, pero ya tenía cierto criterio desarrollado y esa cosa que había pasado en la pantalla era como una lasaña light: con todos los elementos de una lasaña gloriosa pero los ingredientes sustituidos por sucedáneos o, directamente, por cosas aberrantes. Me enteré de que estaba basada en libros de esa señora que había visto en las estanterías de las librerías tiempo ha; señora que en mis años (más) mozos me daba cosica porque se llamaba como la bruja de la sirenita (sí, mis sesgos siempre han sido así de peregrinos).


Ahí había o gloria bendita deslavazada u otra Dragonlance. Esto me lleva a la segunda razón, que es culpa de la anémona que llevo dentro.

Le tengo a esto una manía...

En mi empeño por escribir bien fantasía, en tiempos pre-internet (hasta quinto de carrera, la verdad, no me sentí cómoda usando ese invento demoníaco ni tuve soltura con él) se me ocurrió que tenía que leer a la gente que lo hacía bien. Una de las cosas en las que piqué fue la Dragonlance, que me dio angina de píloro. Me dejó con un trauma (poniéndola como la ponían, siendo lo famosa que era, me imaginaba que estaba bien escrito y tal) y desarrollé aversión a (adivinad) las sagas y autores a los que ponían por las nubes y demás.


Bueno, pues al investigar sobre Ursula K. Le Guin al hilo de la miniserie, obviamente, descubrí que era una autora consagradísima y que a todo el mundo le molaba un montón. Y me dio... Cosica. Y dije “bueno, ya leeré algo” y pasaron diez años hasta que le hinqué el diente. Moraleja: igual que las buenas adaptaciones pueden abrir el camino a los libros, las malas lo dificultan o cierran, por eso me cabrean tanto.


Por el camino me vi la peli de Ghibli,
que me gustó pero tampoco me hizo salir corriendo a buscar los libros.

Husmeando en la biblioteca, ya con mi primer retoño publicado y horas ingentes de autocorrección a la chepa, me encontré con un libro suyo que no conocía (no era ni de Terramar ni tenía manos de las oscuridad ni nada) y lo cogí. Sin expectativas.

Y mira que la portada MISTERIOSA
con chaval MISTERIOSO y fogonazo de luz MISTERIOSO
tira un poco patrás...


Se titulaba Los dones, era el primero de una trilogía y me cogió el alma, la devanó, hizo un ovillo con ella y tejió una manta. Ahí estaba: canastos, botijos infinitos de magia, ausencia total de las cosas que me hacen empezar a leer en diagonal. Me leí los otros dos. El tercero me dejó agotada emocionalmente, exhausta, como si me hubieran exprimido el cerebro.


Unos libros que hasta hacía tres días no conocía. De la señora que se llamaba como la bruja mala y cuya obra me daba miedo que estuviese sobrevalorada. Salí tan tocada de esa lectura que me dio miedo coger otro libro suyo, porque esa señora tenía poder cuando escribía, el de agitarte hasta hacerte cambiar. Pocos escritores tienen esa capacidad.


He empezado varios libros suyos más, pero son muy duros. Tengo que parar a media lectura para tomar aire y convencerme de que no estoy ahí, de que no me está pasando a mí, y para luchar contra la frustración de no poder intervenir y ayudar (me ha pasado con El nombre del mundo es bosque y con En el lugar del comienzo). Me exige un estado emocional que no siempre tengo. Sabiendo todo esto, ponerme a leerla es una declaración de intenciones en sí. Un “estoy preparada para enfrentarme a esta prueba”.


Curiosamente, volvería gustosa en segunda lectura a los Anales de la costa occidental. A aprender cómo hace para devanar y tejer. Sabiendo qué me voy a encontrar, el miedo a la indefensión es menor.


Intentando condensar lo que intento decir: una no sale indemne de la literatura de Ursula K. Le Guin.

domingo, 23 de abril de 2017

Cómo os han mentido sobre "El Quijote"

¡Feliz día del libro!

A, ver hijicos míos... Si os digo "El Quijote", ¿qué os evoca? ¿Esto?


O esto...



Un tío delgaducho en un caballo, un retaco pueblerino en un pollino y molinos. ¿Me equivoco? 

A Google Images también le evoca eso, por cierto.

Pero, ¿de qué va la obra cumbre de Cervantes, esa marca hispana que plantamos en todas partes? ¿De un señor perturbado que ataca molinos porque ha leído demasiados libros de caballería? Podéis decirme que es una crítica a esos libros y, de paso, a la sociedad de su tiempo.

Pues que sepáis que no va de eso.



Hordas de hispanistas afilan las hachas para venir a quemarme viva cual muchedumbre enfurecidita. Tengo que decir que me leí, hará como un mes, la primera parte de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha". Mi contacto previo con la obra fue en primero de Bachillerato, por mediación de una profesora que no paraba de hacer spoilers y que no entendía eso de seguir un orden en las clases. No, ni olí al Quijote en la carrera. El señor de literatura moderna prefirió deleitarnos con la picaresca alemana y eso no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

Cuál ha sido mi sorpresa al encontrarme que lo de los molinos ocupa una página y el resto va de... Otra cosa. No va de criticar a los libros de caballería (aunque los personajes los pongan a caer de un burro) sino a la censura (en forma de quema de libros) a la que se recurre como recurso de los incompetentes al haber fracasado a la hora de proporcionar herramientas a la población para forjarse un criterio. Así, sin más. El yayo se ha vuelto majara, vamos a echarle la culpa a esto que no entendemos, quemémoslo para evitar que pase otra vez y que se le contagie a otra gente.

Como prohibir el rol porque a un colgao que jugaba le dio por matar a gente.

Sí, se pitorrea de los libros de caballería porque son fantasiosos y pasan cosas imposibles. Qué listos y adultos somos todos mientras leemos El Quijote y coincidimos con Cervantes en lo simples e ingenuos que son los lectores de esos libros. Y, mientras ridiculiza dicho género literario por poco realista, los lectores se están tragando gustosamente todas las eventualidades que comienzan el Sierra Morena y que se convierten en una serie de nada catastróficas casualidades que culmina en una venta perdida en mitad de la Mancha, donde tooodos se reencuentran y tooodos se arreglan y cada mochuelo a su olivo y oveja con su pareja, fueron felices y comieron perdices.

Súper creíble, igualico que los libros de caballería.

Qué cabreado estaba Cervantes. Qué mala leche tenía. Y qué bien la hilaba con ese humor discreto, capaz de quedarse con los hipsters y los posers a través del tiempo. 

Así que no, el QUijote no va de un señor atacando molinos, aunque eso sea lo que le enseñan a los niños en el cole: va de ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio. No es sólo una crítica a la sociedad de su tiempo, sino a la naturaleza humana en general.

Y lo hizo tan bien que, aun hoy, nos tomamos a su libro igual de en serio que Alonso se tomaba a Amadís, como modelo de conducta romántica. Se tiene que estar partiendo la caja, allá donde esté. Qué bien lo hizo.

Gracias, Cervantes. Feliz día del libro.

domingo, 12 de marzo de 2017

De efemérides, tristeza y Mundodisco

Hace dos años falleció Sir Terry Pratchett.

Las redes sociales se han encargado de recordármelo. Había yo empezado este día de lluvia y grisura encendiendo mi ordenador nuevo con la ilusión de ver qué más puede ofrecerme una máquina funcional (además de este teclado maravilloso) y toparme con ese recuerdo ha sido bastante doloroso. Hace una semana se cumplió un año de otro fallecimiento y creo que es el momento de hablar de tristeza.



Escribí como pude en su momento sobre la pérdida que significaba para mí. No fue fácil. Tampoco fue nada fácil gestionar la lectura de The Shepherd's Crown unos meses después. No he tenido cuaje para releerlo. Sin embargo, durante el último año sí que he recurrido a un par títulos que me quedaban pendientes y, por tanto, gastando las escasas y contadas oportunidades que me quedan de sentir la sensación de leer un libro "nuevo" de Pratchett. Snuff fue maravilloso, pero Monstruous Regiment me proporcionó unos momentos irrepetibles de "esto no me lo veía venir" que tanto escasean con la deformación profesional.

Parece que si no te rasgas las vestiduras y sollozas en la plaza pública es que no sientes "lo suficiente". Muchas veces confundimos entereza con indiferencia. Hay tristeza que no se va nunca y simplemente se incorpora al devenir diario: es una parte más de las experiencias que nos conforman. No es mala ni hay que negarla, pero tampoco se puede exacerbar. En general, le tenemos pánico a estar tristes. Cuando lo contamos, recibimos enseguida una tonelada de consejos para dejar de estarlo, como si fuera malo. "Tienes que ver el lado positivo, lo superarás, blablablá". Como si quisieran arreglarte cuanto antes y no tener que aguantarte estando triste. Si algo bueno ha hecho Disney en los últimos diez años es meter una escena en Inside Out que espero que cale por los siglos de los siglos donde se enseña con un ejemplo muy gráfico que la tristeza no se "cura". 


Bonus: véase cómo Alegría es una inútil con la empatía de un ladrillo
 que intenta "animar" a la aberración elefántica de la forma en que ella misma se animaría, 
sin pararse a pensar en qué necesita la aberración para estar mejor.

Así que hoy podemos permitirnos estar tristes, coger algún libro suyo y releerlo, escribir con su ejemplo de perseverancia como guía o hacer algo para que el mundo sea un poco mejor. Una de las constantes en su obra es que hay que hacer las cosas bien.

No sé si llegaré a leerme Raising Steam. Es como si no estuviera muerto "de verdad" hasta que no queden libros suyos pendientes. Estoy muy poco conforme con el imperativo este biológico de que haya que morirse y de que tengamos que bregar con la pérdida de formas creativas para no ahogarnos en la pena y la angustia pero, hasta que la tecnología lo remedie, en nuestra mano sólo está el vivir la vida como tal, recordar a los que se han ido y hacer el viaje memorable.

jueves, 2 de marzo de 2017

El último viaje


Es bastante llamativo que la humanidad, en todo el globo, se haya esforzado en construir un lugar donde los muertos puedan pasar la eternidad en condiciones más o menos deplorables. Este afán de imaginar y creer, de dar respuesta a esa pregunta terrible que es la muerte, es una constante en todas las religiones y sociedades que los bípedos pensantes han desarrollado. 

Una de las cosas que mejor hacemos los humanos es contarnos historias. Actúan como bálsamo, como consuelo un tanto parco ante una cuestión tan angustiosa como es la pérdida.


Izanagi y Orfeo: la impaciencia mató la esperanza

En el folclore japonés, según la tradición sintoísta, el mundo fue creado por Izanami e Izanagi. La primera muere de forma trágica -dando a luz al Kami de fuego- y su pérdida afecta, lógicamente, a Izanagi. 

¿Dónde va Izanami?

Su condición de diosa creadora no puede protegerla y acaba morando en el Yomi, una suerte de infierno gris y baldío donde no importa qué clase de vida llevaras mientras estabas vivo. Donde otros sistemas de creencias se han esforzado en proyectar una esperanza -pórtate bien e irás al cielo, destripa muchos enemigos y acabarás en el Valhalla- el sintoísmo no nos ofrece recompensas por "portarnos bien". Pudiera parecernos lógico que esto llevase a una cierta desidia vital, una carta blanca para alejarnos de lo correcto. Sin embargo, le da a lo correcto otra dimensión, un valor, un fin en sí mismo, en vez de degradarlo a un medio para conseguir un premio. 

Izanagi no se resigna y va a buscar a Izanami.



Eurídice, la amada de Orfeo, también muere en circunstancias trágicas. Él, desgarrado por el dolor de su pérdida, se adentra en los submundos grecolatinos armado con su lira dispuesto a suplicar por la vida de Eurídice. Ríos, lagos y regiones bien diferenciadas componen los infiernos griegos: hay un cierto manual de instrucciones para hacerles la "vida" más fácil a los difuntos en su nuevo plano de existencia.

Sorteando todos los obstáculos -lo normal en estos casos: perros gigantes de tres cabezas, tormentas, barqueros inflexibles- Orfeo llega ante Hades y Perséfone y canta, consiguiendo que atiendan su petición. Como los dioses griegos tienen una cierta tendencia a retorcer lo que podría ser simple y a inventarse reglas sobre la marcha, le prometen que Eurídice volverá con él, que lo seguirá en el camino al mundo de los vivos, si él cumple con una pequeña condición de nada.

Hasta los píxeles se inventarion en la Antigüedad.


Cuando Izanagi encuentra a Izanami, ésta le comunica que ya ha tomado el alimento del inframundo y que la única esperanza ahora es intentar convencer a los gobernantes de Yomi para que la dejen marchar. Mientras, Izanagi debe esperar. Izanami insiste en que no debe mirar dentro de la estancia donde se retira a tal efecto.

Las instrucciones que recibe Orfeo son similares: no debe mirar atrás durante el viaje de vuelta. Eurídice le seguirá pero él no puede volverse a comprobarlo hasta que el sol de los vivos la bañe por completo.

Este "no mirar" es terreno fértil para la interpretación. ¿Qué metáfora velada guarda? ¿Qué nos dice, sin decirlo, sobre la muerte? El "no mirar" se disfraza de paciencia y de esperanza. Cual gato de Schrödinger, Izanami va a volver y no va a volver; Eurídice camina tras Orfeo y a la vez no camina. Vivas y muertas a la vez. Todos los humanos somos condenados a muerte en potencia -hasta que la tecnología permita lo contrario- y la incapacidad de gestionar la incertidumbre existencial del cuándo y el cómo es un motivo de desesperación que no pasa de moda.

Izanagi se impacienta y se asoma. Contempla el verdadero aspecto de Izanami muerta, lo cual la enfurece: es ella misma quien descarga su ira sobre él y lo persigue hasta los confines de la tierra de los muertos. La impaciencia de Izanagi y el orgullo de Izanami crean una enemistad mortal entre ambos: roto el matrimonio, Izanami se dedicará, a partir de entonces y hasta que acabe el tiempo, a matar a los hijos de Izanagi, que promete hacer nacer a muchos más de los que ella reclame. 

Orfeo, al final de un penoso camino en el que aguanta sin mirar atrás, finalmente se vuelve. Es una sensación semejante a la de que te mate un final boss cuando le queda un punto de vida. Eurídice se deshace en polvo y Orfeo se entrega a la desesperación.

¿Es imposible triunfar sobre la muerte?


Lúthien: el triunfo de la mitología moderna

J.R.R. Tolkien, cuyo centésimo vigésimo quinto cumpleaños se habría celebrado el pasado tres de enero, es posiblemente el creador de la mitología moderna más completa y profunda. Se echó a la espalda el trabajo que lleva a cabo una sociedad entera durante siglos y salió airoso. Un análisis a su trabajo en la elaboración de mitos revela cómo luchó contra las incoherencias internas de su mundo, contra las distintas versiones escritas y reescritas, exactamente iguales que las que podemos encontrarnos en la mitología grecolatina, por ejemplo.

En un sistema tan complejo no podía faltar la reflexión sobre la muerte. Con respecto a los Hombres, Tolkien no revela qué les aguarda exactamente tras la muerte, sólo que su destino es diferente al de los Elfos y habrá que esperar al final de los tiempos para ver qué pasa (muerte, incertidumbre, secreto, paciencia).
 
El viaje de los vivos al lugar donde habitan los difuntos lo protagoniza, en este caso, Lúthien. Este personaje lleva detrás un historial de no arredrarse ante nada y buscar la forma de salirse con la suya, no importa el peligro al que quede expuesta. Tras la muerte de Beren, su amado, decide ir a negociar con Mandos -que guarda las estancias de los difuntos- para conseguir que el mortal vuelva a la vida.

Igual que Orfeo con Hades, Lúthien canta ante Mandos. Por primera y última vez, él se conmueve y busca una solución. Consulta a Manwë (el primus inter pares de su panteón, sólo por debajo de Ilúvatar, el creador) y presentan a Lúthien una elección: vivir para siempre en las Tierras Imperecederas, sin Beren, o regresar a las tierras mortales con él, como mortal, compartiendo ambos el destino de los Hombres.

Lúthien elige. 

 Es uno de los personajes cumbre del siglo XX.

A diferencia del mensaje descorazonador de la historia de Orfeo o del desastre que causa Izanagi, el regusto que deja la hazaña de Lúthien no tiene notas de desesperación. Gestiona la certeza de la muerte desde una perspectiva más madura, centrándose más en aprovechar la vida que en temer su final. Lúthien elige vivir en lugar del duelo eterno. Ayuda bastante que no haya "trampas" en la elección que le presentan los seres superiores.

Seguimos contándonos historias. Seguimos viviendo como si no nos fuéramos a morir y enfrentarnos a esa certeza es la ordalía principal. El querer vivir para siempre no debe impedir vivir ahora. A estas alturas, como dijo Kavafis, sin duda sabremos qué significan las Ítacas.

martes, 27 de diciembre de 2016

The heart of what is lost

Érase una vez...

Se iban acabando los 90 e internet era algo que le pasaba a otras personas. La vida no es que me estuviera tratando muy bien y uno de mis pocos consuelos era meter las narices en un libro cuanto más gordo mejor y escaparme a mundos que no me recordasen mi miseria diaria. En una colección del Círculo de Lectores apareció una tetralogía cuyo tamaño prometía evasión a raudales y a la que me entregué.

Me chirriaban cosas, como que la gente dijera palabrotas y que hubiera demasiado "mundo real" colándose en la construcción del mundo (sobre todo con el tema de la religión), pero aparecía un viejo intrigante casi al principio y no necesité mucho más para engancharme. Se convirtió en una de mis sagas favoritas, fundamentalmente gracias a las razas no humanas, el misticismo que las rodeaba y todas las preguntas que no me contestó la historia. Dejó un hueco.

Esa saga es Memory, Sorrow and Thorn. Persona que tradujo el título al español: si me estás leyendo, quiero explicaciones. Espero que tengas una buena razón, como "alguien de marketing pensó que imitar el juego que el título hace con los elementos del libro quedaba raro en castellano y me obligó a cambiarlo". 

Sí, hijos míos. Esto fue traducido como Añoranzas y pesares.

Viajemos en el tiempo

El primer libro de la saga, The Dragonbone Chair (El trono de huesos de dragón en castellano) se publicó en 1988. ¿Sabéis qué se había escrito en 1988? El primer libro de Mundodisco había salido sólo dos años antes. Neil Gaiman apenas empezaba a asomar la nariz. Ursula K. le Guin y David Eddings seguían siendo referentes.

Ay, hijitos, eran otros tiempos. E, insisto, no había internet. 

Vuelve de los cerros de Überwald, anda

Sí, bueno. El tema es que es una saga pantagruélica que viene a hablar de pérdida. Pérdida, duelo, rebelión, resignación. A pesar de contar con un quinceañero insoportable como protagonista, no es lo que yo llamaría literatura juvenil. Es una de las sagas más brutales que se han escrito y no entiendo por qué no la han reeditado en español con el "boom" de Game of Thrones.

Me he puesto a hablar de ella sosteniendo mi taza de té y mirando al infinito porque el mes que viene, después de veinte años, va a salir al mercado una novela corta continuación de la misma. Es algo con lo que no contaba. 

Es algo que espero expectante.


Mirad, a Martin le gusta la saga...
¿Debo esperar más tripas colgando esta vez?


The heart of what was lost

No he querido spoilearme excesivamente. Es un aperitivo para el premio gordo: otra trilogía en Osten Ard, unas décadas después del final de Memory, Sorrow and Thorn: The last king of Osten Ard. Persona que va a traducirlo al español: si me estás leyendo, por favor, no lo traduzcas como "El rey de las ostras", "Las últimas ostras", "El último rey" o alguna cosa así que te digan en marketing. Porfa.

Espero de la novela corta que me devuelva a Osten Ard. De la trilogía no quiero esperar nada. Releí la saga original hace poco y por primera vez en una década y descubrí, ahora que soy mayor y me he dado muchos cabezazos metafóricos contra la pared en materia de creación literaria, cómo está escrita. La deformación profesional me ha abierto un nuevo mundo de disfrute. Vale, la gente muere a carretillas, pero no gratuitamente. Los bichos... Descubrid los bichos. Disfrutad de las descripciones.

Entre esto y el Breath of the Wild mi productividad literaria va a bajar bastante.

Valdrá la pena.

 

jueves, 22 de diciembre de 2016

De Tolkien, héroes y poesía

Voy a remangarme un poco antes de empezar a escribir.

El mes pasado decidí que estaba en un momento vital buenísimo para releerme a Tolkien. Acerté. De página en página recordé por qué El Señor de los Anillos me cambió la vida con doce años y por qué fui rebuscando sus títulos de librería en librería durante los años siguientes, en esa era geológica en la que acceder a internet era más o menos como darle a la ouija. Descubrir que había un género literario enterito de espada y brujería fue una revelación.

Ted Nasmith lo ilustra maravillosamente.

A lo largo de los años he escuchado a mucha gente hablar. Y he oído varias veces lo de que si la obra de Tolkien es maniqueísta, que si es muy pesado con las descripciones, que si los héroes, que si el realismo, que si las mujeres en su obra, que si lo que mola es volverse vanguardia quejándose de lo que hizo el primero que tuvo éxito haciéndolo y voy a patalear un rato porque si me pusiera a hacer lo que hizo él no me saldría.

Porque mira que lo han intentado. ¿Cuántas sagas tienen elfos descafeinados y mundos bidimensionales que dan vergüenza ajena? ¿Hablamos de los kender y de la Dragonlance? A todos los subproductos semi-imitadores les pasa lo mismo: no se toman en serio. Quieren "acercarse al humano de a pie" convirtiendo a los elfos en parodias o ensalzando al antihéroe, escribiendo como (y para) canis frikis resentidos. Cercenando la poesía y la espiritualidad, que es precisamente el alma de la obra de Tolkien. 

Dotar de espíritu poético a la prosa, ya sea trágico o lírico, es difícil de cojones. Parece más fácil (y es más satisfactorio para el mediocre) parodiar, pero la sátira y la parodia bien hechas son también muy complicadas, así que lo que salen son, mayormente, bodrios que gritan "quiero y no puedo". 

Ejem.

No puedo evitar, cada vez que alguien dice "blablabla descripciones blabla innecesarias y aburridas" entender "tengo la capacidad de atención de un gato después de beberse medio litro de café". No sé, quizá sea por haberme licenciado en Historia del Arte, pero de verdad que en esta última relectura no he encontrado las descripciones pesadas. Están bien puestas, cosa que no recordaba. Y transmiten sensaciones. Pero, claro, tienes que entrar en el espíritu.

Y, ahora que me he quejado de que la gente se queja, voy a pasar a emocionarme y a entrar en el espíritu.

Héroes. A Tolkien se le dan muy bien los héroes. Creo que si le hubiera dado por escribir una historia de sillas habría conseguido imprimir heroicidad en una banqueta. Además son héroes de verdad, héroes de get the shit done. Aragorn, Lúthien, Frodo. Fingolfin. Y, también, se le da bien la poesía. La lírica y la tragedia y la épica. ¿Os acordáis de que la épica nació como género poético? La misma Ilíada es un compendio de tripas colgado sin perder el alma poética.

Héroes. Poesía. Prestar atención. Hijos míos, nada de eso está de moda. Tolkien consiguió crear un mundo real sin tener que recurrir a elementos prosaicos: ni intestinos por el suelo, ni fluidos, ni tránsito intestinal, ni refocilamiento explícito. Creó un mundo real y poético. Sensaciones, miradas, magia. Cualquiera puede crear un mundo real con cosas "reales", pero él creó un universo poético y se quedó tan ancho. Creó algo más grande.

Hay quienes sienten esa poesía y se zambullen en ella y en su universo sin taparse la nariz. Sin miedo. Y hay quienes le tienen alergia, recelo, qué se yo. Quizá la encuentren complicada. Supongo que tampoco sintonizan con los cuentos de hadas. La incredulidad más difícil de suspender es precisamente la de quienes no creen en nada.


martes, 22 de noviembre de 2016

"La música del silencio" para muggles

Hola, soy la creadora de Tronnia y vengo a explicaros un par de cosas acerca de confundir la velocidad con el gorrino, la sensación de poder y los libros bonitos.

Primer Acto: Opinólogos, criterio y las cuatro témporas.

Estaba yo toda feliz con el subidón que tiene una después de leerse un texto bonico traducido, buscando la versión original en ebook, cuando me encontré con que valía lo mismo que en tapa blanda (WTF). Quisieron los hados que se me ocurriera bajar y leer un par de opiniones de una o dos estrellas.

W. T. F.

Esto me ha hecho pensar en varias cosas.

1. Si vas buscando gore y resulta que lo que te encuentras es una comedia romántica, juzgar la comedia romántica bajo los criterios del gore porque te da rabia haberte equivocado de libro es igual un poco exagerado. 

2. Hay una teoría muy buena sobre cómo cuanto menos entiende alguien de algo más se cree que sabe. Me parece interesante. 

3. Las dos reflexiones anteriores se evitarían si tuviéramos en cuenta lo siguiente: en esta línea actual de confundir la velocidad con el tocino, que es uno de los deportes preferidos de internet, voy a recordaros que existe una cosa llamada relativismo estético y que viene a explicar que el hecho de que a ti te guste algo o no no tiene nada que ver con que sea bueno o no. 

Esto a la gente suele dolerle en la patata porque tenemos asociado que si algo es canónicamente bueno nos tiene quegustar y, si no, somos defectuosos. ¿Me estás llamando tonto? Si este cuadro es tan bueno debería emocionarme, ¿no? Si no me emociona es porque soy tonto y no lo entiendo o porque es malo, así que elijo que sea malo y lo voy a denostar hasta reventar internet. A ver... No. Puedes entender (o no) por qué algo es bueno o está bien hecho (o no) y que te guste o lo odies independientemente de eso. Identificar que lo que te gusta es lo mejor de lo mejor y lo que no lo peor de lo peor denota cierta parcela de madurez emocional a nivel de parvulario y es una de esas cosas que deberían hacerse mirar. Ejemplo gráfico: hay marcadores para concluir que un retablo barroco dorado es de mejor o peor calidad, pero a mí me van a dar urticaria todos igual.

4. Todo lo anterior, además, se magnifica porque ahora tenemos picotas públicas para valorar las cosas con estrellicas a nuestra bola. No se da un criterio de evaluación porque la idea es llegar a todo el mundo y la única forma de que todo el mundo pueda participar es que usen algo que todos tenemos: una opinión. Sí. ¿Informada? ¿Desinformada? Da igual. Es una opinión. Algo te gusta o no basado en inserte aquí matojo rodando por el desierto. Y esto lleva a la sensación de poder, porque ahora tu opinión importa. Da igual que seas lerdo, mala persona o te guste despellejar gatitos: internet te permite dejar por ahí tus opiniones y sentirte importante al hacerlo. Lo siguiente es sentirte ofendidito cuando alguien no las respeta. Noticias frescas: las opiniones, incluidas las mías, no merecen respeto por el hecho de ser una opinión. No somos más que otro ser humano más con acceso a un teclado. ¡Oh, dios, el suelo tiembla bajo mis pies! Sí, suele pasar. Fórjate un criterio y así no te darás por aludido cuando te recuerden cosas como esta. 

Segundo acto: La música del silencio 



Dicho esto, voy a centrarme en qué hay que hacer para disfrutar La música del silencio. 

1. Leerse el prólogo. En serio: hay un prólogo que te dice claramente "esto no tiene acción, si buscas Kvothe deja de leer ahora, esto es otra cosa más poética". Que os están avisando. 

2. No esperar acción. Por si acaso os saltáis lo del prólogo. No, no tiene acción. No es un libro de aventuras. 

3. Entender las metáforas. Este es un libro que no sé si llamaría de prosa poética. Lo importante no es lo que pasa sino cómo pasa. ¿No te apetece pararte a pensar, a contemplar, a sentir? Go ahead y tira con la Dragonlance. Aquí tienes que ir preparado para que te partan el pensamiento lateral. 

4. Que te guste leer. LEER. No procesar información escrita que te transmita que pasan cosas, sino LEER. Los juegos del lenguaje, las formas poéticas. Lo que se puede retorcer una escena dependiendo de las palabras usadas. La magia de las palabras. 

5. Ir con la mente abierta. No es una novela al uso, no puedes esperar que haya lugares comunes donde agarrarte. Disfruta de eso, como si tuvieras cuatro años y fuese la primera vez que te llevan al parque de atracciones. A partir de ciertas edades es difícil descubrir cosas nuevas, así que no desaproveches esta oportunidad. 

Tercer acto: SPOILERS ADEREZADOS CON MÁS SPOILERS.

Este libro es terriblemente hermoso y devastador. Auri, como metáfora, es poderosa: la mente herida encerrada en la Subrealidad, una suerte de mundo en sí mismo que se nutre parcialmente de la realidad, ajena y agresiva, exterior. Un lugar que es muchos y donde, sola, ha de acometer una serie de tareas tanto impuestas (como comer y dormir) como autoimpuestas (organizar el mundo, que todo esté en su sitio). 

El trauma que la lleva a esconderse es desconocido, pero su reacción se puede entender perfectamente. Su misión no es tan azarosa como pudiera parecer. Auri subsiste a base de dotar de significado a lo que la rodea, de mirar y percibir de forma poética. Es uno de los personajes más infelices que he visto nunca, lleno de resignación sabiendo a qué atenerse con su ilusión. Y, sin embargo, se las ingenia para seguir viva en un equilibrio muy precario en el que los contratiempos pueden ser fatales. 

Para entrar de verdad en el espíritu del libro hay que empatizar, dejarse llevar a ese mundo laberíntico de soledad extrema, un universo cerrado donde es más sencillo mantener el control, o al menos un espejismo del mismo. Transcurre en un momento en que Auri ha encontrado un aliciente. Tiene algo que esperar, un momento en el tiempo que anhelar, una visita. Su existencia se articula hacia ese momento y esa ilusión es el motor de sus acciones a lo largo de las páginas. Recuerda con terror/desazón los tiempos en los que ese aliciente no existía. 

Hay un capítulo (Hueca) que dura una línea y en el que he leído todo lo que no está escrito. Ocurre cuando cree que la visita ha llegado antes de tiempo, pero al ir a buscarla no está. Se derrumba. En ese derrumbe se manifiesta toda su fragilidad, todo el espejismo de sentido que tiene su vida se hace patente también para ella, viendo todo lo que no quiere mirar porque sabe las consecuencias que tiene mirarlo: el vacío. Sin ese aliciente no hay nada, sólo queda ella, y ella es muy poco y está vacía (o, al menos, así lo siente). 

No sé qué podría salvar a Auri y, de hecho, no he terminado de digerir la lectura. Es preciosa y tristísima. Remueve. No puedo decir ya nada más.