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miércoles, 15 de marzo de 2023

De mitos, héroes y ratoncitos

 Sé que dije que solamente volvería a escribir en el blog si algo me cabreaba lo suficiente, pero hete aquí que ha pasado lo contrario_ algo me ha entusiasmado lo suficiente como para venir aquí a fliparme con las cosas bien hechas.

Agarraos.


Ea.

Os presento una historia que aúna lo mejor del viaje del héroe con una aproximación a la mitología clásica ejemplar (sobre todo en esta época de gente que confunde los retellings con freír tocino) y ratoncitos. Va a ser muy difícil que me guste más una peli en esta vida. En serio, volví a tener seis años mientras la veía en el cine. En España se estrena el 12 de mayo, así que ya estáis haciendo hueco para llevar a vuestros cachorros a verla, porque es un tesoro. Una joya. Y vosotros, adultos con un pie en los ochenta y una pata en los noventa, vais a pasároslo pipa también.

Los dioses se comportan como dioses: Poseidón picado con Zeus, Zeus siendo un capullo integral y Hera protegiendo a los "Argonautas". Se usan los elementos de la historia de los Argonautas con sabiduría (los dientes de la bicha, para empezar).

Y (chúpate esa, Wincklemann) la arquitectura griega es históricamente acertada: tiene colorines. Colorinchis tintalux. Qué feliz fui al verlo.

Además, los personajes ratoniles y animales no son para estrangularlos con el cable del teclado. Lo divertido es divertido y no grotesco. La evolución de Patti y su padre es muy natural y la gaviota, que tenía todas las papeletas de ser otro burro de Shrek, es gloriosa.

Ah, y en Siracusa espera una sorpresa que me encantó. Y la banda sonora. Ay, la banda sonora. No sé si he visto una banda sonora en cierto momento culminante, con sus referencias, tan bien utilizada en la vida.

Eso. Que vayáis a verla. Recordad que os la recomendé yo primero.

miércoles, 23 de octubre de 2019

De censura, idiotización y libros chungos

Yo crecí en los 80 y sobreviví, como dice la canción. Según varias definiciones que he encontrado por la red, además, soy "millenial", que es otra etiqueta que pone la gente para defender Su Chozo indefinido y que mete en el mismo saco a nativos digitales y a gente a la que no nos dejaron tocar un ordenador sin supervisión hasta las quince años, pero que supongo que aglutina a un montón de peña a la que timaron con aquello de que sacarte una carrera te ayudaría a encontrar trabajo y utopías así.

Los niños, en mis tiempos, salían a la calle en bicicleta y se escalabraban en el parque, además de llevarse reprimendas si suspendían en el colegio y de leer cosas peligrosas. Sí, leíamos cosas chunguísimas, nos llenábamos los abazones mentales con incorrección política, la abrazábamos a manojos. Mortadelo y Filemón, Astérix y Obélix, Los Cinco, Torres de Malory. Droga dura, colegas. Bueno, a mí no me parecía droga dura en su momento, pero al parecer son demasiado para las nuevas generaciones. Las reediciones de estas obras de Enid Blyton han sido "editadas" para quitarles las partes polémicas, supongo que bajo esa mirada sobreprotectora que tiene la gente que opina que los niños tienen el criterio de una lechuga iceberg.

¡No, hijo mío, no leas eso, que es peligroso y políticamente incorrecto!
 ¡Vente mejor a ver Sálvame!

A ver, que yo me acuerdo de leerlos, y me acuerdo específicamente de Ana y de Jorge, y de pensar a mis tiernos años de primaria "claro, son libros viejos, de cuando pensaban que las niñas eran tontas y no les dejaban hacer cosas guays". FIN DEL TRAUMA. Había muchos "libros viejos" por mi casa, porque mi madre y mi tío habían leído mucho, y en ellos la gente hacía cosas raras de ese tipo, como comer galletas de gengibre, jugar al lacrosse y tener una mentalidad que iba atrasada 30 años.

Qué bien, pensaba yo, que ahora no es así y las niñas podemos hacer lo que queramos. Podíamos. Podíamos montar en bicicleta, ensuciarnos, gritar, hacer el cafre, lo que quisiéramos. Es lo que veía en mi casa y lo que vivía en mis carnes. Y, lo que es casi más importante, esos libros eran la prueba de que en cierto momento anterior no había sido así. Las cosas habían cambiado a mejor, lo cual significaba que las cosas injustas o estúpidas que se hacen tradicionalmente pueden cambiar a mejor.

Esconder y maquillar las obras que son hijas de su tiempo no es más que hacer un "nunca hemos estado en guerra con Eurasia". Qué va, aquí hemos sido siempre todos seres de luz. Para forjar el criterio no tienes que alterar datos, tienes que presentar lo que había y lo que hay y jugar al "busca las siete diferencias".

Los niños no son idiotas a menos que los idioticemos a base de mentirles. A las atrocidades hay que mirarlas a los ojos para que no te muerdan el culo: la literatura puede servir perfectamente como vacunación ante mierdas inadmisibles. Exponerte a una dosis segura de que hay gente que pensaba (y que igual todavía piensa) que las niñas son tontas y pensar sobre ello y considerarlo una chorrada supina te previene para reírte en la jeta de quien te encuentres en la vida real intentando convencerte de eso, en lugar de tomarlo en consideración como idea nueva.

No se protege a los niños del horror ocultándoselo, sino enseñándolos a reconocerlo y a enfrentarse a él. Claro, que esto segundo requiere dedicación y no se lo puedes dejar a la tablet. Requiere contestar preguntas, implicarse, hacer un ejercicio de criterio propio. No seáis vagos si estáis educando cachorros. No deleguéis en los colegios lo que deberíais hacer en casa. No le echéis la culpa a los demás de que no ejercen la labor que deberían ejercer los progenitores.

Ayudad a los niños a ser libres a la luz de los hechos en vez de hundirlos en la oscuridad de la sobreprotección.

sábado, 15 de diciembre de 2018

La quinta historia de Kami

Se ha quedado un día estupendo para hablar de la quinta historia.

Es mi preferida, porque habla de amor. Creo que esto va a estar sembrado de spoilers de Kami y las nueve colas, así que seguid leyendo bajo vuestra responsabilidad. A continuación, una ilustración así enorme para evitar que nadie se trague ninguno por accidente.



¿Ya? Bueno, pues hablemos de amor.

Vamos a remontarnos un poco en el tiempo. Os recomiendo que repaséis esta entrada llamada Mono no Aware, en la que comento cómo Jesús despertó en mí la fascinación por la cultura nipona. Considero que una de las facetas imprescindibles del amor es compartir y compartir implica, obviamente, comunicación.

No es una idea nueva en mi obra. Ya en La suerte del Dios Hambriento queda bien claro:



Esta quinta historia crece sobre esta idea: el amor es comunicación. Nuestro pequeño cerezo está demasiado lejos del ciruelo como para hablar con él, y... Tampoco se atreve. ¿Y si el ciruelo no siente lo mismo? Al principio del relato, el cerezo prefiere la esperanza a arriesgarse a una certeza que puede que no le guste. Es el mismo fondo del no intentarlo del todo por si fracasas de Ezo del que hablábamos en la primera entrada sobre Kami.

No, no es casualidad que los personajes llamados Ezo y cerezo breguen con el mismo problema.

Kami se convierte, en esta historia, en el canal de comunicación entre el cerezo y el ciruelo. A través de la ardilla, crece su amor: crecen las ramas del uno hacia el otro hasta entrelazarse. Cuanto más se desarrolla este ramaje, más fácil le es a Kami saltar de uno al otro, mejor fluye la comunicación. Se crea, al final, un arco de ramas entretejidas, en el que juntos han creado algo precioso, sin perder ninguno el color de sus flores ni su identidad. Quienes se acercan a verlos comparten la alegría que produce esta belleza, porque al final donde hay amor hay un hechizo de área de gozo.



Valerme de árboles para hablar sobre amor tampoco es casual. Como los árboles no tienen gónadas, cualquiera puede ponerse en su corteza, sin importar cuántas X o Y lleven en la combinación de cromosomas ni lo que ponga en el DNI.

Y es que lo único realmente necesario para que el amor florezca así es la comunicación, el conocerse; compartir, crecer juntos. A mí, desde luego, me parece magia.

Bonus track: la base musical de esta historia y su inspiración directa es esta versión de la canción tradicional japonesa Sakura. Tomad magia.

sábado, 4 de agosto de 2018

Lo peor que le puede pasar a tu libro de ciencia ficción

Spoiler: lo peor que le puede pasar a tu libro de ciencia ficción es que alguien compre los derechos y lo convierta en una película de fantasía.

Imaginaos que dais con un libro de ciencia ficción infantil que está bien escrito, es coherente y además trasmite un mensaje agridulce (el mundo no está preparado para ciertos avances y reacciona con odio hacia lo que no entiende, principalmente, aunque toca otros palos al hilo de eso).

Queréis leerlo, lo sé. Os lo dejo aquí, recomendadísimo, tengáis ocho años o sesenta y tres.



Intentando no hacer muchos spoilers, va de ratas inteligentes y tecnología. Su mayor virtud para mi yo de diez años fue que los roedores no eran antropomórficos ni llevaban delantales ni camisetitas: eran roedores haciendo cosas de roedores, no imitando a los humanos ni reflejando un mundo humano en miniatura. Los problemas los resolvían con su cerebro y física elemental. Todo correcto.

Alguien tuvo la idea, supongo que al rebufo de las películas de ratones (Los Rescatadores, Fievel, Stuart Little y demás) de hacer una película con esto y convertirla en una película de ratones más, con delantales. Behold:



Antropomorfización y ropa humana: check
Cambiar el nombre just because: check
Enhorabuena, chavales, hemos dejado nuestra huella y satisfecho nuestro ego


En fin. De un libro genial salió un truño infumable. Adaptar a otro medio es traducir y traducir empieza por entender en medio (o idioma) original. Si lo que has entendido del libro es "ratones" en lugar de "reflexión profunda sobre qué nos hace persona y lo cabezones que podemos ser los humanos", pues es lo que pasa: te llevas a tu película los ratones y en el hueco de las cosas que no has entendido metes lo que te sale del níspero.

Magia, por ejemplo.

Y estoy hablando de magia usada de la peor forma posible en una narración: igualan magia a deus ex machina, sacándose de la manga un medallón mágico que no estaba en el libro que es lo que soluciona el asunto al final. No el cerebro ni la física elemental ni todas esas cosas que transmitían el mensaje del libro, no.

En fin. Es el tipo de soluciones que denigran la fantasía y crean la idea extendida de que no es un género serio porque todo lo hizo un mago. Es el tipo de reacción ante el público infantil "adaptando" algo como si los niños fueran idiotas o se les pudiera colar cualquier truño. Es un exponente de tantos "esto es lo que NO se hace" que deberían enterrar todas las copias en algún desierto despoblado, como hicieron con el videojuego de E.T.

Así que sí, lo peor que le pueden hacer a tu libro de ciencia ficción es echarlo en el cubo donde churras y merinas son la misma cosa, nadie ve necesario salir de sus ideas preconcebidas sobre los géneros que considera menores y actúa en consecuencia y tampoco les importa el resultado final.

En cualquier caso, La señora Frisby y las ratas de Nimh es un libraco. Leedlo. Entregaos a la magia de verdad.

domingo, 8 de mayo de 2016

De trolls, sugus y Schopenhauer


Vengo a hablar hoy de presentaciones de libros y lo que surja.

El sábado estuve en la Biblioteca de Castilla-La Mancha presentando La noche que Tronnia cambió su mundo. Igual que en Zaragoza, mi intención era más bien traer el libro a la vida que hablar de la metáfora, la doble lectura y todas esas cosas que probablemente te resulten un truñón supino cuando tienes ocho años.

 Aquí, discutiendo con mi público sobre Schopenhauer.


No sé si valen para vender libros. Para hacer el cabra y saltarse las normas desde luego que sí. Recuerdo un tiempo en que leer y jugar se solapaban. Muchas veces al adulto se le pasa eso y entra en una espiral de solemnidad lectora que no concibo personalmente ni siquiera con tochardos académicos. Ayer jugamos. Trajimos a la vida la Danza Descoordinada anual, descoordinándonos todos a la perfección. El concurso de Aullidos Ancestrales estuvo muy reñido, pero finalmente los Cuculandrejos Reticulados se alzaron con la victoria (y se llevaron unos cuantos sugus troll extra). Mi varita mágica del Duenderoski no cogía muy bien la wifi, pero los hechizos parece ser que salieron bien. 

 Los sugus troll supervivientes.

Igual es la deformación profesional de los años que me pasé de monitora de campamento, pero en el tema de "animación a la lectura" creo que prima la "animación". Las lecturas obligatorias suelen ser la muerte a pellizcos. Todo lo que tengas que hacer por obligación impuesta desde el exterior suele convertirse en una tortura mereenina. A este respecto, me quedé muy contenta en la firma de la tarde: los padres/tutores/personas que ponían la pasta dejaban, en general, elegir a los niños qué querían llevarse. Los críos lo tienen claro. 

 Mi cerro de libros.

En otro orden de cosas, ya que estaba en la biblioteca aproveché para llevarme un cerrillo de libros. Cómo molan las bibliotecas. Igual es una inversión a plazo larguísimo, pero creo que si contribuyo a que a los cachorros humanos les molen los libros y se sientan autónomos y libres eligiendo sus lecturas, evolucionarán en seres humanos competentes y a alguno de ellos le dará por comprar mis títulos y sacarme de pobre. Otra cosa no, pero paciencia no me falta. 

Por ahora, me quedo con sus caritas de ilusión de ayer. Y con la purpurina que voy a estar encontrándome en la ropa, la mochila y el pelo durante unos cuantos días más.

martes, 5 de abril de 2016

La noche que Tronnia cambió su mundo


Ilustrado por Blanca Bk y editado por Ediciones Nalvay.

Tronnia es una niña troll que se pirra por el flan de babosa y tiene un basilisco bebé como mascota. Va al colegio troll y tiene amigos troll. El día de los Juegos Feéricos es la oportunidad perfecta para codearse con otras especies y observar a las hadas, los centauros o los duendes, animar a su equipo y disfrutar con sus amigos. ¿Qué podría salir mal?

La noche que Tronnia cambió su mundo es un libro infantil donde puede pasar cualquier cosa. ¿Tienes un troll interior? Este libro es para ti.




Para visitar el álbum del Troll Tour pincha AQUÍ.

¿Y QUÉ PIENSAN QUIENES LO HAN LEÍDO?

Opiniones en Goodreads



¿DÓNDE LO CONSIGO?

¡Pídelo en tu librería! Si no quieres salir del sofá, siempre puedes tirar de otras opciones:


sábado, 12 de marzo de 2016

De trolls, marmotas y decisiones

Parece ser que mi hibernación ha llegado a su fin. Hola, mundo real.

Cinco minutitos más. Anda. Porfi.

Retirada en mis cuarteles edredones de invierno me ha dado para pensar bastante y leer un poco.

¿Cómo? ¿Que todavía no tenemos gobierno? ¿P'a esto me levanto?

También me he pasado el Life is Strange, que es un juego que me ha dejado los entresijos hechos encaje de bolillos y proporcionado pesadillas frescas para mí y todos mis compañeros. Tiene ardillas y va de tomar decisiones chungas. 

Strange de cojones, in fact.

Y ahora que os habéis tragado los ecos de sociedad marmotil, vamos a lo que importa:



El mes que viene sale mi primer libro infantil, La noche que Tronnia cambió su mundo. Va de identidad y tiene trolls, un basilisco y un niño que ve documentales de romanos, entre otras cosas. Me hace especial ilusión porque llevo contando cuentos a niños desde que mi prima desarrolló la comprensión del lenguaje verbal (1993 más o menos). Las ilustraciones molan un huevo de brontosaurio y me lo voy a pasar pipa en las presentaciones.

Así que nada, hijicos míos, preparaos para un festín de telarañas fritas.

martes, 17 de marzo de 2015

Lecturas obligatorias: primaria

He estado haciendo memoria y recolectando pruebas. Iba yo a hablar de las lecturas obligatorias y me ha salido tal tocho que he decidido hacerlo por etapas.
No sé cuándo le cogí el gustillo a lo de leer. Sé que en primero y segundo de EGB teníamos una biblioteca de aula y nos llevábamos cuentos para leer en casa, y que teníamos que leer en voz alta (el gran pain in the ass de las clases de lengua, caldo de cultivo para aburrirte en clase y desconectar mientras leían tus otros veintinueve compañeros, debería de estar prohibido por la Convención de Ginebra). 
En tercero de EGB, en un colegio y ciudad nuevos, casi todas las asignaturas nos las daba una monja, lengua incluida. Mi primera lectura obligatoria como tal fue La Rosa de los Hielos, de Carlos Puerto, que es un libro brutal con una niña que habla con los animales y que, además, es el tercero de una serie. Puede que me venga de ahí el placer morboso de empezar las sagas por la mitad.

Mi portada es distinta, pero esta también mola 
En cuarto de Primaria (mientras los de quinto seguían siendo quinto de EGB, soy de la generación cobaya de la LOGSE) la verdad es que no me acuerdo de si leímos o no. Sé que teníamos una hora de nosequé de la lectura a la semana que era una tortura mereenina, que consistía en leer la lectura del tema que tocase (había algunas bastante geniales, de hecho) y contestar a una serie de preguntas de "comprensión lectora" que hacían querer arrancarme la piel a tiras. No sé quién las redactó, pero me da miedo que siga suelto. 
Ejemplos gráficos:

 Cuidado, ¿eh? Es ORIGINAL y DIVERTIDO. No puedes elegir con qué divertirte, y si esto no te ha divertido ERES DEFECTUOSO. No tengas criterio. Ya te decimos nosotros lo que mola y lo que no.
 La pregunta número uno refleja muy bien el espíritu de todo el libro.
Desafío cero, señores.
Al "comenta con tus compañeros" también le tengo alergia. 
Debió de ser un día horrible.

En quinto... Dioses del Averno, qué curso. El libro que me hizo sangrar los ojos fue el sacrosanto Los hijos del vidriero, de Maria Gripe, que me dejó con cara de "ein?" y no disfruté en absoluto salvo por el cuervo. El cuervo molaba. La bruja tenía su punto, pero el resto era un quiero-ser-tétrico-y-no-me-sale. Gracias a los Poderes Innombrables, el otro libro que nos mandaron fue Con la cabeza a pájaros. Era un batiburrillo de aventuras con gente que buceaba en Las Meninas, ágil y ligerico y me lo leí en una tarde, sin que me estomagara. 
Entonces, a mi profe se le ocurrió la genial idea de que cada uno eligiésemos un libro para leerlo en clase. Y aparecí yo toda feliz con Juana de Arco, de Mark Twain. Todavía me acuerdo de la cara que me puso. No sé qué leerían los otros niños, pero yo me fui a las Guerra de los cien años y vi derramar sangre y quemar gente más feliz que las pesetas. Con diez años, maestros del mundo.
Sí, tengo un problema personal con la clasificación por edades.
En sexto tuvimos la misma profe de lengua, que molaba, pero tengo un trauma psicológico por culpa de Las palabras mágicas, una de las grandes decepciones de mi existencia. Empezaba bien, con un niño con mucha imaginación, pero luego se convertía en un pastel de moralina que, tachán, me trataba como si fuera idiota y no me fuese a dar cuenta de que intentaba meterme un "mensaje" con calzador. No me acuerdo del autor y no quiero buscarlo. Nunca. 

La respuesta pasivo-agresiva de la pregunta 9 
demuestra que ya iba a puntando maneras.

Os hacéis una idea del palo del que iba el libro.

Hubo más.
No tengo claro si fue también en quinto o ya en sexto cuando tuve que tragarme otro truño épico, Un monstruo en el armario. Tú lees esto y piensas en monstruos. Pues no, va de "cuánto quiero a mi abuelito". Y además lo contaban mal. Publicidad engañosa, señores. 

 Las preguntas son tremendas. 
Me sentía idiota contestándolas.
Tampoco coloco bien De profesión, fantasma, que estuvo bastante entretenido y cuyo trabajo de fin de lectura no fue un torniquete en el píloro. 

 Un trabajo más creativo: "haz un cómic de lo que has leído". 
Bastante mejor que contestar perogrulleces.

Empecé a pensar que El Barco de Vapor (todos los libros desde quinto eran de esa colección) era una especie de mafia chunga que tenía por objetivo quitar a los niños las ganas de leer para convertirlos en ignorantes y dominar el mundo en una generación. Pese al condicionamiento pauloviano que desarrollé, descubrí varios libros brutales en esa colección, aunque ninguno me lo mandaron en el colegio. No dejaré de recomendar Silvia y la máquina Qué, cuyo título es una piltrafa pero esconde una historia genial. Shhh, esos muertos, ¡que se callen! es una rayada que me hizo caerme de la silla de la risa. El dragón color frambuesa era de mis preferidos. No entendía por qué se empeñaban en mandarnos chorrigilimindreces habiendo tantos libros chulos por ahí. En la biblioteca, sin ir más lejos, podías coger lo que quisieras sin tener que contestar luego a preguntas absurdas como "¿Cómo se llama el protagonista?" 

Continuará...