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miércoles, 29 de abril de 2020

De bizcochos, azaleas y que pasen de tu culo

Te pasas toda tu vida trabajando sin remuneración alguna en tu pasión artística y, cuando al fin la cristalizas en algo tangible, parece que a la gente le da igual. O te dicen que "es muy bonito".
¿Qué pasa cuando pasan de tu culo?


¿Tú para qué haces lo que sea que hagas?
Voy a usar aquí fundamentalmente el "escribir" porque es de lo que va mi chozo, pero se puede aplicar a cualquier disciplina: bailar, dibujar, cantar, colgarte de un trapecio por los dedos de los pies, componer, el macramé... Cualquier cosa que te apasiona y a la cual hay que dedicarle años de aprendizaje para alcanzar un cierto dominio y una práctica constante para desarrollar su maestría.
Normalmente, además, le dedicamos el "tiempo libre" a esta cosa que nos apasiona, de forma que se va filtrando progresivamente en el concepto de ocio y te acabas sintiendo culpable el día que llegas reventado del curro y en la hora libre que te sobra tras la higiene, el tema hogar y las cosas urgentes no eres capaz de escribir. Esto es otro tema, pero viene bien para ilustrar que es algo en lo que tienes invertida mucha vida. Probablemente se haya filtrado, además, en tu identidad. Si te quitaran la escritura, ¿qué quedaría de ti? ¿Serías sólo el pobre cajero de supermercado que ahorra todo el año para poder pegarse un viaje de semana y algo en septiembre?
Hay mucha inversión emocional en la pasión de uno. Si eres un proletario que trabaja ocho horas por un sueldo en algo que ni te va ni te viene, adquiere una importancia aún mayor. Puede que llegue un momento en que sientas que eres lo que haces.
Y por eso duele en el alma que no le importes a nadie.

Qué viaje nos acabamos de pegar, colegas.

Si te has sentido identificado con toda la parrafada anterior, mira, lo siento. Been there, es una mierda, pero la buena noticia es que se puede entrar ahí con una guadaña, ponerse uno a segar broza y quedarse nuevo. Spoiler: no tenemos ningún control en lo que le gusta o le deja de gustar a los demás. Lo que le gusta y le deja de gustar a los demás no tiene ningún poder sobre tu identidad. LOS DEMÁS NO ESTÁN MINANDO TU IDENTIDAD PORQUE LES DÉ IGUAL TU LIBRO. La calidad de tu trabajo es independiente a que le guste a la gente o no.
Yo sé que nos encantaría a todos poder compartir nuestras pasiones con la gente que consideramos nuestros amigos o familia y sentirnos reconocidos y tal, pero es altamente probable que eso no pase. No es porque te quieran menos. La gestión de tu identidad como persona que escribe es responsabilidad única y exclusivamente TUYA. ¿Que a los demás les chupa un pie? Pues mira, tienen todo el derecho, toda la razón del mundo, si les chupa un pie. Si además te dicen "qué bonito" igual hasta están intentando hacer el esfuerzo de mostrarte que les importas aunque lo que hayas escrito les chupe un pie.
Tenemos una fantasía muy clara (y perniciosa) de dedicarle tiempo algo, dar lo mejor de nosotros, compartirlo con el mundo, y recibir una recompensa a cambio. Ya hablé de las dichosas recompensas que nos imaginamos. Y mira, no. Vuelvo a la pregunta del principio:

¿Tú para qué haces lo que sea que hagas?

1. Yo lo hago por el reconocimiento y la admiración. Bueno, pues entonces cambia el chip e investiga lo que le gusta a la gente y dáselo. No puedes obligar a nadie a que le guste el macramé. Si sólo lo haces por el reconocimiento y la admiración, prueba a subir selfis o fotos de tu gato a redes sociales varias. Verás como suben los likes.
2. Yo es que quiero sacar dinero de esto. Bueno, pues entonces cambia el chip e investiga lo que le gusta a la gente y convéncela de que te paguen por dárselo. Si a la gente le gusta el ganchillo y no el macramé, no tienes derecho a cabrearte porque no te compren el macramé. Vuélvete empresario.
3. Yo lo hago porque me mola. Entonces, ¿qué tiene que ver la gente en esto?

A este último grupo es al que sigo hablando. El resto, ya os podéis ir a hacer estudios de mercado, gracias por venir.

Spitzweg, El poeta pobre.
Viene a representar el público objetivo de esta entrada.

Duele que pasen de tu culo

Duele que pasen de tu culo porque en nuestra cabeza significa cosas. Que no nos quiere nadie, que somos una basura en lo que hacemos, que nos convierte en insignificantes, que inserte aquí mierdas aprendidas probablemente en la infancia o etapa escolar a base de malinterpretar estímulo-recompensa. Mira, sí, la gente va a pasar de tu culo. No tiene por qué ilusionarle lo mismo que a ti. Tú quieres que te acepten con tus ilusiones, acéptalos a ellos con sus no-ilusiones. No te cabrees con tus seres queridos porque no les mole lo que haces, porque entonces lo que estás haciendo es esperar tener un club de fans y que se comporten como lo harían en tu fantasía, pero es que son personas. Independientes. No están ahí de bulto en tu historia para aplaudir cuando hagas tu entrada triunfal. No son atrezzo.

Es que es muy solitaria la vida del artista y nadie me comprende

Oh, no me importa que no me hagan caso, yo es que soy como un Van Gogh amargado anhelando una comprensión megacósmica entre iguales, un incomprendido, un alma singular. A ver. Otra vez: que no. Que nadie te debe nada. Guardarle rencor al mundo porque no entiende tus chistes está muy feo. Te has imaginado personas que no existen y quieres que tu prima Paqui y tu cuñá Loli encajen en esas personalidades ficticias que te gustaría, pero la Paqui está consagrada a la horticultura y le cabrea que le digas que sus azaleas "son bonitas" después del currazo que le ha puesto a que no se le mueran, y la Loli sólo lee thriller de terror y le enerva que no distingas que ha cambiado de harina en el bizcocho que te ha traído esta semana, porque el tiempo que le dedica a la repostería parece caer siempre en saco roto y todo el mundo pasa de su culo.

Y qué hago

Igual suena muy budista (o estoico, no me acuerdo, al final todos los rollos de responsabilizarte de las cosas que están dentro de tu control vienen a ser lo mismo) pero lo más sano es controlar las expectativas. Ser conscientes de todo lo anterior. Leer a Marco Aurelio. Reforzar tu autoestima, incluso terapia mediante, viene muy bien para la vida en general. Quejarte menos. Pretender que la gente te admire cuando estás haciendo algo sólo para ti no es realista.

Vaya, he vendido dos libros, pensaba que iba a gustar más, bueno, ha quedado muy bien, para la próxima voy a mejorar esto y esto. Ostras, Paqui, qué hermosotas tienes las azaleas; Loli, qué rico el bizcocho. Qué buena tarde se ha quedado.

miércoles, 23 de octubre de 2019

De censura, idiotización y libros chungos

Yo crecí en los 80 y sobreviví, como dice la canción. Según varias definiciones que he encontrado por la red, además, soy "millenial", que es otra etiqueta que pone la gente para defender Su Chozo indefinido y que mete en el mismo saco a nativos digitales y a gente a la que no nos dejaron tocar un ordenador sin supervisión hasta las quince años, pero que supongo que aglutina a un montón de peña a la que timaron con aquello de que sacarte una carrera te ayudaría a encontrar trabajo y utopías así.

Los niños, en mis tiempos, salían a la calle en bicicleta y se escalabraban en el parque, además de llevarse reprimendas si suspendían en el colegio y de leer cosas peligrosas. Sí, leíamos cosas chunguísimas, nos llenábamos los abazones mentales con incorrección política, la abrazábamos a manojos. Mortadelo y Filemón, Astérix y Obélix, Los Cinco, Torres de Malory. Droga dura, colegas. Bueno, a mí no me parecía droga dura en su momento, pero al parecer son demasiado para las nuevas generaciones. Las reediciones de estas obras de Enid Blyton han sido "editadas" para quitarles las partes polémicas, supongo que bajo esa mirada sobreprotectora que tiene la gente que opina que los niños tienen el criterio de una lechuga iceberg.

¡No, hijo mío, no leas eso, que es peligroso y políticamente incorrecto!
 ¡Vente mejor a ver Sálvame!

A ver, que yo me acuerdo de leerlos, y me acuerdo específicamente de Ana y de Jorge, y de pensar a mis tiernos años de primaria "claro, son libros viejos, de cuando pensaban que las niñas eran tontas y no les dejaban hacer cosas guays". FIN DEL TRAUMA. Había muchos "libros viejos" por mi casa, porque mi madre y mi tío habían leído mucho, y en ellos la gente hacía cosas raras de ese tipo, como comer galletas de gengibre, jugar al lacrosse y tener una mentalidad que iba atrasada 30 años.

Qué bien, pensaba yo, que ahora no es así y las niñas podemos hacer lo que queramos. Podíamos. Podíamos montar en bicicleta, ensuciarnos, gritar, hacer el cafre, lo que quisiéramos. Es lo que veía en mi casa y lo que vivía en mis carnes. Y, lo que es casi más importante, esos libros eran la prueba de que en cierto momento anterior no había sido así. Las cosas habían cambiado a mejor, lo cual significaba que las cosas injustas o estúpidas que se hacen tradicionalmente pueden cambiar a mejor.

Esconder y maquillar las obras que son hijas de su tiempo no es más que hacer un "nunca hemos estado en guerra con Eurasia". Qué va, aquí hemos sido siempre todos seres de luz. Para forjar el criterio no tienes que alterar datos, tienes que presentar lo que había y lo que hay y jugar al "busca las siete diferencias".

Los niños no son idiotas a menos que los idioticemos a base de mentirles. A las atrocidades hay que mirarlas a los ojos para que no te muerdan el culo: la literatura puede servir perfectamente como vacunación ante mierdas inadmisibles. Exponerte a una dosis segura de que hay gente que pensaba (y que igual todavía piensa) que las niñas son tontas y pensar sobre ello y considerarlo una chorrada supina te previene para reírte en la jeta de quien te encuentres en la vida real intentando convencerte de eso, en lugar de tomarlo en consideración como idea nueva.

No se protege a los niños del horror ocultándoselo, sino enseñándolos a reconocerlo y a enfrentarse a él. Claro, que esto segundo requiere dedicación y no se lo puedes dejar a la tablet. Requiere contestar preguntas, implicarse, hacer un ejercicio de criterio propio. No seáis vagos si estáis educando cachorros. No deleguéis en los colegios lo que deberíais hacer en casa. No le echéis la culpa a los demás de que no ejercen la labor que deberían ejercer los progenitores.

Ayudad a los niños a ser libres a la luz de los hechos en vez de hundirlos en la oscuridad de la sobreprotección.

jueves, 13 de junio de 2019

De niños, jóvenes y estupefacción

Llevo un tiempo preguntándome qué leches es la literatura juvenil.

Nunca me ha gustado la clasificación de libros por edades, ni siquiera cuando era pequeña. A estas alturas, ya escribiendo, me he dado cuenta de que cuando escribo "para niños" no estoy pensando en gente que lleva menos de x tiempo estando viva, sino en almas que combinan inocencia, capacidad de asombro y de fliparse y entrar en él sin reservas. Pienso en gente que quiere jugar y descubrir, tenga ocho años o cincuenta.



Así que me he dado cuenta de que no termino de entender bajo qué criterios se clasifica algo como literatura infantil o juvenil o qué. ¿Vocabulario, estructuras sintácticas? ¿Temática? ¿Proporción de ilustraciones? Asociar cualquiera de esas cosas con la edad del lector potencial me da cierta... Alergia. Repelús. Urg. Veo normal que los libros más sencillos en materia de sintaxis, vocabulario y tal sean más adecuados para gente que está aprendiendo a leer. Casualmente esa gente suele tener seis años (SUELE).

Haciendo una búsqueda así trapera en Google sobre definiciones, me encuentro profundamente insultada. Copio de la Wikipedia y ya cada uno que saque sus conclusiones.

Los temas tratados en la literatura juvenil no difieren en mucho de los de la literatura de adultos (amor, tragedia, guerra...) si bien se les da un tratamiento bastante más lineal tanto a estos como a los personajes, siendo estos últimos de poca variabilidad psicológica. Esta interiorización se minimiza dando mayor importancia a la acción que a la caracterización psicológica de los personajes. Asimismo, los personajes suelen ser creados para que el público lector pueda identificarse con ellos, especialmente los protagonistas. Sin embargo, algunos autores han señalado lo conveniente de que esta literatura, por su carácter de experiencia y la influencia que tiene en los lectores, ha de elegir cuidadosamente sus temas. En este sentido, se suele señalar como tema genérico la búsqueda de identidad del protagonista, a la vez que la identificación del lector con él.​

Vamos, "la literatura juvenil es p'a tontos". Mi yo de trece, de dieciséis años, me grita desde mi pasado que si esa gente se piensa que soy tonta. Así, en presente, sí. La idea de que por ser joven tienen que "masticarte" los temas, no sea que te atragantes, y te vamos a crear personajes molde, por si te falta un verano y no eres capaz de desarrollar un mínimo de empatía... IDOS A LA PORRA, QUE VAIS BIEN MANDADOS. Lo de que ha de elegir cuidadosamente sus temas... ¿Estamos hablando de censura, porque los niños y jóvenes no saben pensar y hay que "protegerlos"?

Sin embargo, me parece interesante lo de la búsqueda de identidad del protagonista. Eso sí puede tener algún sentido.

Cuidado, que me he dejado la mejor frase:

El objetivo de la literatura juvenil es el escapismo, la gratificación instantánea, la nostalgia y ser algo agradable y ameno para el lector.

Voy a respirar profundamente para no ponerme a estrangular gente de forma aleatoria y gratuita. ¿El de la literatura "adulta", entonces, cuál es? ¿Abonar el campo? ¿Calzar la pata de la silla? ¿De verdad buscan cosas diferentes adultos y jóvenes al leer? No confundamos tener o no núcleo con ser algo agradable y ameno para el lector.

Quizá lo que más me fastidia es que todo lo que es "para niños/jóvenes" se considera "menor" así en el subconsciente colectivo, porque también se considera a niños y jóvenes ciudadanos de segunda (que muchos derechos del menor, pero no los escucha ni dios). La gente crece y se le olvida lo que es ser niño o joven. Crean cosas para su idea de lo que es un niño o un joven, que suele coincidir con nociones de ausencia de criterio, de "pobrecitos que no saben" y de considerarlos, en general, imbéciles. Y lo que me da miedo es que esa condescendencia sobreprotectora haga efecto pigmalión y coarte el potencial que tiene la gente que lleva x tiempo viva, le cercene las oportunidades de ponerse a prueba, de que le gusten cosas que no son "para ellos".

¿Que hay truños publicados con la intención de que los lean los jóvenes? Sí. Pero la gran mayoría de lo que se escribe pensando en que lo lean jóvenes no es un truño. También hay toneladas de "literatura para adultos" con personajes planos, tramas simplonas, vocabulario sencillo y recursos literarios que se centran en el símil, la hipérbole y, con suerte, la metáfora. 

He decidido reflexionar sobre el asunto, porque estas definiciones no me convencen. Empiezo a sospechar que no existe la "literatura juvenil" como tal. O que, de existir, el término "juvenil" no quiere decir "dirigido a personas humanas que llevan x tiempo vivas". A lo mejor "iniciática", partiendo de lo de la búsqueda de identidad, me va pareciendo mejor. La literatura que ahonda, de forma primaria o secundaria, en ese descubrimiento del mundo o de uno mismo. Vamos, eso de la búsqueda de identidad un poco ampliado. A eso es a lo que pienso llamar literatura juvenil a partir de ahora.

Sospecho, de todas formas, que no deja de ser una de esas etiquetas que pone la gente para poder excluir a otra gente de Su Chozo y sentirse mejores que los demás. También pasa con la fantasía. Deben de sentir una inseguridad muy grande respecto a la invulnerabilidad de Su Chozo, ya sea como escritores o lectores. La pertenencia al grupo guay, una y otra vez. Como si el instituto no se acabase nunca. Qué ironía tan deliciosa que le pongan la connotación peyorativa, precisamente, la literatura juvenil.

sábado, 4 de agosto de 2018

Lo peor que le puede pasar a tu libro de ciencia ficción

Spoiler: lo peor que le puede pasar a tu libro de ciencia ficción es que alguien compre los derechos y lo convierta en una película de fantasía.

Imaginaos que dais con un libro de ciencia ficción infantil que está bien escrito, es coherente y además trasmite un mensaje agridulce (el mundo no está preparado para ciertos avances y reacciona con odio hacia lo que no entiende, principalmente, aunque toca otros palos al hilo de eso).

Queréis leerlo, lo sé. Os lo dejo aquí, recomendadísimo, tengáis ocho años o sesenta y tres.



Intentando no hacer muchos spoilers, va de ratas inteligentes y tecnología. Su mayor virtud para mi yo de diez años fue que los roedores no eran antropomórficos ni llevaban delantales ni camisetitas: eran roedores haciendo cosas de roedores, no imitando a los humanos ni reflejando un mundo humano en miniatura. Los problemas los resolvían con su cerebro y física elemental. Todo correcto.

Alguien tuvo la idea, supongo que al rebufo de las películas de ratones (Los Rescatadores, Fievel, Stuart Little y demás) de hacer una película con esto y convertirla en una película de ratones más, con delantales. Behold:



Antropomorfización y ropa humana: check
Cambiar el nombre just because: check
Enhorabuena, chavales, hemos dejado nuestra huella y satisfecho nuestro ego


En fin. De un libro genial salió un truño infumable. Adaptar a otro medio es traducir y traducir empieza por entender en medio (o idioma) original. Si lo que has entendido del libro es "ratones" en lugar de "reflexión profunda sobre qué nos hace persona y lo cabezones que podemos ser los humanos", pues es lo que pasa: te llevas a tu película los ratones y en el hueco de las cosas que no has entendido metes lo que te sale del níspero.

Magia, por ejemplo.

Y estoy hablando de magia usada de la peor forma posible en una narración: igualan magia a deus ex machina, sacándose de la manga un medallón mágico que no estaba en el libro que es lo que soluciona el asunto al final. No el cerebro ni la física elemental ni todas esas cosas que transmitían el mensaje del libro, no.

En fin. Es el tipo de soluciones que denigran la fantasía y crean la idea extendida de que no es un género serio porque todo lo hizo un mago. Es el tipo de reacción ante el público infantil "adaptando" algo como si los niños fueran idiotas o se les pudiera colar cualquier truño. Es un exponente de tantos "esto es lo que NO se hace" que deberían enterrar todas las copias en algún desierto despoblado, como hicieron con el videojuego de E.T.

Así que sí, lo peor que le pueden hacer a tu libro de ciencia ficción es echarlo en el cubo donde churras y merinas son la misma cosa, nadie ve necesario salir de sus ideas preconcebidas sobre los géneros que considera menores y actúa en consecuencia y tampoco les importa el resultado final.

En cualquier caso, La señora Frisby y las ratas de Nimh es un libraco. Leedlo. Entregaos a la magia de verdad.

lunes, 7 de septiembre de 2015

De fracaso, talento y ciencia infusa

Hola, higadillos míos.

Para que os vayáis haciendo una idea.


Hoy sale a la venta La Suerte del Dios Hambriento. No voy a extenderme en lo que se siente cuando llevas toda la vida escribiendo y llega el día en que sueltas una de tus criaturas al mundo, esa mezcla de ilusión y vulnerabilidad a la que pertenece el pensamiento "ay, madre mía, que me van a leer". No. Hoy voy a dejar que hablen por mí, ya que es tontería intentar decir cosas que ya se han dicho como debían decirse.

Empecemos con J. K. Rowling. Esta señora que ahora está montada en la libra fue, en su momento, una madre soltera sin un penny viviendo en Reino Unido, que es uno de los peores sitios de la tierra para ser pobre sin llegar a ser homeless. No lo he encontrado subtitulado, pero bueno: dio un discurso bien majo en Harvard sobre hincar los codos, trabajar y ser consicente de que, igual que hay gente a la que le regalan el éxito saben los dioses por qué, lo suyo es trabajárselo. Habla de cómo el fracaso te da unos puntos de experiencia especiales. Ahí la lleváis.



Luego tenemos a Neil Gaiman, que sí lo he encontrado con subtítulos. Descubrid por vosotros mismos lo que hay que hacer si el gato explota.




Y, para terminar, una cita de Terry Pratchett:

You know what the greatest tragedy is in the whole world?... It's all the people who never find out what it is they really want to do or what it is they're really good at. It's all the sons who become blacksmiths because their fathers were blacksmiths. It's all the people who could be really fantastic flute players who grow old and die without ever seeing a musical instrument, so they become bad plowmen instead. It's all the people with talents who never even find out. Maybe they are never even born in a time when it's even possible to find out. It's all the people who never get to know what it is that they can really be. It's all the wasted chances.

"¿Sabes cuál es la mayor tragedia que hay en el mundo? Toda esa gente que nunca llega a saber lo que quiere hacer, aquello para lo que tienen auténtico talento. Todos esos hijos que se hacen herreros sólo porque sus padres eran herreros. Todas esas personas que podrían ser maravillosos flautistas, y crecen, se hacen viejos y mueren sin haber visto jamás un instrumento musical, así que en vez de eso trabajan como malos labradores. Toda esa gente que nunca llega a descubrir cuál es su talento. Quizá ni siquiera nacen en una época en que les sea posible averiguarlo. Es toda esa gente que nunca llega a saber que eso es lo que pueden ser. Son todas las oportunidades perdidas."

En todo eso es en lo que pienso hoy. En el día en que me di cuenta de que podía escribir mis propias historias. En el día en que las releí y me parecieron un horror. En el momento en que decidí que nadie nace sabiendo y que hay que currárselo para hacer las cosas bien. No te enchufan a una máquina y sales sabiendo kung-fu. No hay elegidos con superpoderes cósmicos gratis y las cosas no son fáciles. Currártelo e insistir. No rendirte. Nadie va a llamar a la puerta de tu casa en busca de tu talento. Si lo tienes, criatura, haz algo con él. Y, si la cagas, recuerda que cuando aprendiste a andar costó lo suyo.

Recuerda también que Sir Christopher Lee montó un grupo de metal con noventa años y un par bien puestos. Nunca es tarde.

Y ahora, si me disculpáis, tengo que ponerme a escribir.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Alfalfa, hierbajos y jardines

Hace tiempo hablé de cuánto que me tocaba las vísceras innombrables que viniera el primer advenedizo de turno a señalarme fallos sin tener ni puñetera idea de escribir por pura mala baba y la diferencia que había con que lo hiciera alguien que sabe de lo que habla. En este mar de cuñados ansiosos de alfalfa que se creen que por haberse sacado la ESO son capaces de opinar sobre calidad en materia de textos, como si eso fuera equiparable al que le haya gustado o parecido un horror, siempre está bien encontrarte con alguien que habla con conocimiento de causa. 

Encontré este blog después de haber intentado leerme un libro muy loado que tuve que dejar a las sesenta páginas porque me estaba muriendo del tedio. Era un libro que empezaba con un Empanao haciéndole preguntas a un pavo como excusa para explicarnos el sistema mágico de ese mundo. Durante treinta puñeteras páginas (más o menos, no me acuerdo, se me hicieron eternas). Aquello parecía un manual, le faltaba decir cuántos dados de cuánto tenía que tirar para ver cómo de recta le salía la raya. 

Busqué críticas y sólo encontré reseñas (hordas de reseñas) en plan "el libro es bueno porque me ha gustado". 

 Así me imagino a la gente que reseña cosas.

Ajá. Rezumando criterio por todas partes. Entonces, google me obsequió con una crítica que me daba la razón y, espoleada por el gustete que da que te digan lo que quieres oír, leí más críticas. Me tronché viva. Y aprendí cosas, que es algo que siempre mola (no sabía yo que el "received text" se llama "received text", yo lo identificaba como "expresión más vista que el tebeo"). Además las críticas van a mala leche, pero teniendo razón. Con ejemplos y argumentos y cosas de esas en vías de extinción. Como estoy muy hartita de la corrección política, me engancharon.

Llegó un momento en que, después de leer bastante vivibliosecciones*, pensé "pues no me importaría que esta gente me corrigiese cosas, ya que saben de lo que hablan". Mira por dónde, ahora es posible, porque han abierto un servicio de correcciones. Sale un gatete en la entrada. Eso ya mola. Parece que así va a doler menos que te destripen los párrafos hasta el último sintagma.

Que no sólo de ortotipografía vive el homínido, leches. Que está bien que te digan las cosas con gracia y te expliquen tus errores gloriosos. Te puedes ir luego al rincón de llorar o aprovechar y, ya que explota el gato, make good art

Como sé que hay quien se pierde con los enlaces metidos en el texto, lo pongo fácil:


*Me acabo de inventar esta palabra. Me divierte inventarme palabras**. Esta palabra ni existe ni es correcta. Si la usas, es bajo tu responsabilidad.

**No es la primera palabra que me invento y uso en el blog, siendo consciente de que me estoy inventando. Porque ME DIVIERTE.***

***¿Pasivo-agresiva, yo?


viernes, 10 de abril de 2015

De Re Añordicatoria

El título de esta entrada es una coña que, a riesgo de sólo entender yo, paso a explicar. De Re Aedificatoria es un tratado escrito por Alberti que lo petó en el Rencimiento y trataba, adivinad, sobre hacer edificios. En este texto yo quiero hablar del arte de hacer ñordos. Podría haber elegido otro tratado (De Ñordo libri decem también lo he barajado, así a la vitruviana) pero este molaba más. Incluye la palabra res-rei, que es una de mis favoritas de la quinta declinación, además.


Al tema.

Hacer ñordos es muy fácil en cualquier ámbito. Sólo tienes que buscar uno del cual no tengas ni idea y ponerte a ello. Por definición, la cagarás al primer intento. Por eso es un primer intento. El primer día que te sientas delante un piano o eres Mozart o da gracias si consigues hacer una escala.

El primer cuento que escribes será, probablemente, un truño épico.

El problema de la escritura es que, en los tiempos que corren, todos llevamos escribiendo desde los seis o siete años y parece que se nos da bien. Hacemos exámenes y listas de la compra y la cosa va más o menos funcionando. ¿Qué pasa cuando usamos esa habilidad para contar una historia? Que va la muy perra y se revela insuficiente. Y resulta que hay que trabajar sobre algo que das por sentado. Se remueven cosicas dentro.

Pasa igual cuando aprendes a cantar y resulta que tienes que dominar algo tan habitual como respirar. RESPIRAR. Toca reeducar los pulmones como si nunca los hubieras utilizado. Usar una cosa llamada diafragma en la que nunca antes habías reparado como músculo voluntario. Y, hasta que sale algo medianamente bonico, básicamente rebuznas.

Rebuznar sabiendo que estás rebuznando es bueno. Rebuznar es aprender.

Hay quien no quiere pasar por la "humillación" de la fase rebuzno, por vergüenza o miedo al ridículo o algo. No, hijitos, no tengáis miedo: hay que rebuznar. Hay que escribir truños épicos de los cuales los adjetivos quieran salir corriendo. Quiero reivindicar aquí ese paso, que parece olvidado, porque es fundamental. Hay que perpetrar ñordos para saber cómo evitarlos. Y hay que ser consciente de dónde está uno, o se corre el riesgo de rebuznar inconscientemente. Y eso sí es peligroso.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Lecturas obligatorias: secundaria


Volvemos a la carga.
En primero de ESO la de lengua era otra monja a la que cursos superiores conocían como La Terminator. También me dio clase en segundo, así que tengo los libros de esos cursos un poco confusos. Ese verano, entre sexto y primero, fue cuando me leí La Historia Interminable y El Señor de los Anillos. Durante primero, arrasé con la estantería de Lovecraft. El listón estaba muy alto, así que es normal que todo lo que mandasen en el colegio me pareciese una rechufla supina.
 Mastico libros juveniles para desayunar

Recuerdo Bibiana y su mundo, que era la transcripción de un dramón de sobremesa de Antena 3. Nunca olvidaré la frase final: Aquel perfume, que olía a fresa, no se podía soñar. Recuerdo cómo me tocó las narices tener que leerme eso teniendo empezado El Silmarillion. Luego estuvieron Los escarabajos vuelan al atardecer, de la dichosa María Gripe, con su ficha de lectura. 

"El bacín de Andreas". Me encanta el insulto manchego.

El gran acierto de esta mujer (de La Terminator) fue Noche de enigmas, libro que recomiendo desde ya (estaba en la serie marrón de Ala Delta). Terror, posguerra, venganza, la releche con patatas. 

La portada es una truñejo, sí.
 
En tercero cambiamos de profesora de lengua. Me caía bien, aunque nos diese los apuntes en Comic Sans y fuese un poco hippie-estricta. Por lo menos sabía de lo que hablaba, aunque se cubriese de gloria también con las lecturas obligatorias. 
En aquel tiempo (me encanta comenzar algo así, queda como bíblico) ya se me había abierto de par en par la puerta a la fantasía épica. No me interesaba nada que no tuviera espadas, elegidos o profecías chungas.  Y lo primero que nos mandaron fue Caperucita en Manhattan. Ay, madre. Empiezo a pensar que el fervor revisionista de los cuentos clásicos (otro día le dedicaré una entrada a esto) empezó aquí. Había tarta de fresa y un pastel de espinacas en mitad de un jamón. La niña era tonta y la vieja-leñador maja. Lo recuerdo tan anodino... También cayó El misterio del brujo leopardo, que tenía más gracia, con líneas temporales y eso, aunque me dejó bastante fría.
Mientras, una se leyó El Ocho, Un mundo feliz, El juego de Ender, Añoranzas y Pesares, La Canción de Albión, Olvidado rey Gudú, La Sombra Carmesí, El Señor del Tiempo, Serpiente del sueño, y podríamos seguir, que hay mucho "libro de una tarde" que no recuerdo.
En aquellos tiempos no tenía ni idea de si una historia estaba bien construida o no, de si las cosas estaban históricamente bien contextualizadas o de si ciertas palabras eran correctamente utilizadas. Lo que tenía claro era lo que me gustaba y lo que no. Dejad a las criaturas elegir. O, por lo menos, que puedan decir "me ha parecido un churro". Leer debería de hacernos libres, no esclavos de las elecciones ajenas.

martes, 17 de marzo de 2015

Lecturas obligatorias: primaria

He estado haciendo memoria y recolectando pruebas. Iba yo a hablar de las lecturas obligatorias y me ha salido tal tocho que he decidido hacerlo por etapas.
No sé cuándo le cogí el gustillo a lo de leer. Sé que en primero y segundo de EGB teníamos una biblioteca de aula y nos llevábamos cuentos para leer en casa, y que teníamos que leer en voz alta (el gran pain in the ass de las clases de lengua, caldo de cultivo para aburrirte en clase y desconectar mientras leían tus otros veintinueve compañeros, debería de estar prohibido por la Convención de Ginebra). 
En tercero de EGB, en un colegio y ciudad nuevos, casi todas las asignaturas nos las daba una monja, lengua incluida. Mi primera lectura obligatoria como tal fue La Rosa de los Hielos, de Carlos Puerto, que es un libro brutal con una niña que habla con los animales y que, además, es el tercero de una serie. Puede que me venga de ahí el placer morboso de empezar las sagas por la mitad.

Mi portada es distinta, pero esta también mola 
En cuarto de Primaria (mientras los de quinto seguían siendo quinto de EGB, soy de la generación cobaya de la LOGSE) la verdad es que no me acuerdo de si leímos o no. Sé que teníamos una hora de nosequé de la lectura a la semana que era una tortura mereenina, que consistía en leer la lectura del tema que tocase (había algunas bastante geniales, de hecho) y contestar a una serie de preguntas de "comprensión lectora" que hacían querer arrancarme la piel a tiras. No sé quién las redactó, pero me da miedo que siga suelto. 
Ejemplos gráficos:

 Cuidado, ¿eh? Es ORIGINAL y DIVERTIDO. No puedes elegir con qué divertirte, y si esto no te ha divertido ERES DEFECTUOSO. No tengas criterio. Ya te decimos nosotros lo que mola y lo que no.
 La pregunta número uno refleja muy bien el espíritu de todo el libro.
Desafío cero, señores.
Al "comenta con tus compañeros" también le tengo alergia. 
Debió de ser un día horrible.

En quinto... Dioses del Averno, qué curso. El libro que me hizo sangrar los ojos fue el sacrosanto Los hijos del vidriero, de Maria Gripe, que me dejó con cara de "ein?" y no disfruté en absoluto salvo por el cuervo. El cuervo molaba. La bruja tenía su punto, pero el resto era un quiero-ser-tétrico-y-no-me-sale. Gracias a los Poderes Innombrables, el otro libro que nos mandaron fue Con la cabeza a pájaros. Era un batiburrillo de aventuras con gente que buceaba en Las Meninas, ágil y ligerico y me lo leí en una tarde, sin que me estomagara. 
Entonces, a mi profe se le ocurrió la genial idea de que cada uno eligiésemos un libro para leerlo en clase. Y aparecí yo toda feliz con Juana de Arco, de Mark Twain. Todavía me acuerdo de la cara que me puso. No sé qué leerían los otros niños, pero yo me fui a las Guerra de los cien años y vi derramar sangre y quemar gente más feliz que las pesetas. Con diez años, maestros del mundo.
Sí, tengo un problema personal con la clasificación por edades.
En sexto tuvimos la misma profe de lengua, que molaba, pero tengo un trauma psicológico por culpa de Las palabras mágicas, una de las grandes decepciones de mi existencia. Empezaba bien, con un niño con mucha imaginación, pero luego se convertía en un pastel de moralina que, tachán, me trataba como si fuera idiota y no me fuese a dar cuenta de que intentaba meterme un "mensaje" con calzador. No me acuerdo del autor y no quiero buscarlo. Nunca. 

La respuesta pasivo-agresiva de la pregunta 9 
demuestra que ya iba a puntando maneras.

Os hacéis una idea del palo del que iba el libro.

Hubo más.
No tengo claro si fue también en quinto o ya en sexto cuando tuve que tragarme otro truño épico, Un monstruo en el armario. Tú lees esto y piensas en monstruos. Pues no, va de "cuánto quiero a mi abuelito". Y además lo contaban mal. Publicidad engañosa, señores. 

 Las preguntas son tremendas. 
Me sentía idiota contestándolas.
Tampoco coloco bien De profesión, fantasma, que estuvo bastante entretenido y cuyo trabajo de fin de lectura no fue un torniquete en el píloro. 

 Un trabajo más creativo: "haz un cómic de lo que has leído". 
Bastante mejor que contestar perogrulleces.

Empecé a pensar que El Barco de Vapor (todos los libros desde quinto eran de esa colección) era una especie de mafia chunga que tenía por objetivo quitar a los niños las ganas de leer para convertirlos en ignorantes y dominar el mundo en una generación. Pese al condicionamiento pauloviano que desarrollé, descubrí varios libros brutales en esa colección, aunque ninguno me lo mandaron en el colegio. No dejaré de recomendar Silvia y la máquina Qué, cuyo título es una piltrafa pero esconde una historia genial. Shhh, esos muertos, ¡que se callen! es una rayada que me hizo caerme de la silla de la risa. El dragón color frambuesa era de mis preferidos. No entendía por qué se empeñaban en mandarnos chorrigilimindreces habiendo tantos libros chulos por ahí. En la biblioteca, sin ir más lejos, podías coger lo que quisieras sin tener que contestar luego a preguntas absurdas como "¿Cómo se llama el protagonista?" 

Continuará...